Del Estado Absolutista a las Revoluciones burguesas

Estado Absolutista

Se suele hablar de una “segunda etapa” de la Edad Moderna atribuyéndola a los años transcurridos en el siglo XVIII, en donde los monarcas absolutistas- que ya contaban con grandes ejércitos y burocracias- impulsaron importantes reformas políticas, sociales, económicas y jurídicas. Estas políticas también incluyeron la protección de sabios, hombres de letras y filósofos. Así, la orientación confesional de los primeros absolutistas contrastó con la “ilustración” de los segundos de la era del “despotismo ilustrado”. Entre estos últimos se puede nombrar a Federico II el Grande, rey de Prusia y Catalina II  la Grande, emperatriz de Rusia.

El Estado absolutista se caracteriza por el ejercicio pleno del poder en manos de un monarca, quien gobierna sin  restricciones legales o parlamentarias, sin dependencia o control de ningún tipo y solo limitado por las costumbres y tradiciones del reino y la moral cristiana. El rey exigía obediencia ciega de parte de sus súbditos, pretendía la unidad religiosa y rechazaba rotundamente el derecho a rebelión. La corona concentraba todas las funciones estatales: defensa de las fronteras territoriales, mantenimiento del orden interno, dictado y ejecución de las normas., fijación de los tributos, administración de justicia, designación de las funciones del reino, regulación de las actividades comerciales y financieras en las ciudades, entre otras. Es decir, el absolutismo implicaba un sometimiento de la comunidad entera a la gestión única del soberano. Sin embargo, reconocía ciertas prerrogativas de ciertos grupos sociales y garantizaba su ejercicio, puesto que, en la versión absolutista, el Estado era concebido como el reflejo de un orden social jerárquico, basado en privilegios, honores y lazos de sangre, proveniente de la Edad Media.


El absolutismo entró en decadencia cuando su orden basado en la arbitrariedad política, la intolerancia religiosa, el mantenimiento de privilegios y las restricciones económicas (barreras aduaneras, mercantilismo a favor de los monarcas, etc.) se volvió insoportable para grandes sectores de la población (sobre todo para la burguesía y el campesinado). Entonces, al tiempo que se difundían las ideas de la Ilustración que propiciaban la instauración de un orden social y político inspirado en la razón, fundado en la igualdad de las personas la libertad de culto y de comercio y la limitación del poder de los gobernantes, los reyes perdieron su prestigio de antaño. Comenzaron así a producirse levantamientos populares que finalmente derivaron en las llamadas “revoluciones burguesas” o “revoluciones liberales”, serie exitosa de movimientos políticos de gran envergadura, profundamente cuestionadores del régimen absolutista, liderados por la burguesía (deseosa tanto de quebrar las trabas al comercio que obstaculizaban su progreso como de asegurar el respeto por ciertos derechos individuales) pero también protagonizados por amplios grupos sociales igualmente oprimidos.

Así, la “Gloriosa Revolución” de Inglaterra en 1688, la Revolución Americana de 1776 y la Revolución francesa de 1789, promovieron el fin del Estado absolutista y la génesis del Estado Liberal-democrático.

Foto vía: cursosweb.

Publicado en: Edad Moderna

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1 comentario

  1. FunFun dice:

    Una pena que no se pueda copiar el texto para transmitirlo por foros.

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