Italia contra Abisinia: imperio soñado por Mussolini

Benito Mussolini

La economía mundial tocó fondo, tras el crash bursátil del 29, en 1933. Ese año tomó posesión de su cargo, en EEUU, un nuevo mandatario: Franklin Delano Roosevelt. Comenzaba la época del New Deal, de la mano de un presidente excepcional: Roosevelt murió cuando iniciaba su cuarto mandato en 1945, hecho único en la historia norteamericana.

Los años treinta fueron no menos terribles en Europa. Sin líderes carismáticos como Roosevelt o, en todo caso, sin una verdadera capacidad de reacción, la mayoría de las democracias se contentaban con resistir el auge de los totalitarismos. Mientras Hitler daba rienda suelta a sus flamígeros discursos que se regurgitaban desde altavoces situados por toda Alemania, Mussolini, más que en la crisis económica, se dejaba llevar por sueños de presunta grandeza.

Tenía ganas de revancha, il Duce. Con Abisinia. El ejército italiano había sufrido un rapapolvo en la batalla Adowa, en 1896. Mussolini quería justamente empezar por ahí la construcción de un imperio colonial. Todos los dictadores, y desgraciadamente no son los únicos, suelen tropezar en la misma piedra napoleónica. En ocasiones, la figura del fascismo italiano se nos presenta con rasgos más extravagantes que temibles y, aunque también deje a su paso una historia de sangre, el tratamiento dado a los judíos por Italia durante la Segunda Guerra Mundial merece una reseña propia que dejaremos para mejor ocasión.

Porque, en definitiva, Mussolini quería su propio imperio. Parece que a principios de 1935 el primer ministro de Francia, monsieur Laval, le prometió a no injerencia francesa si no se acercaba a Hitler. Poco después, en la Conferencia de Stresa, los británicos asimismo se mostraban indiferentes ante la eventual acción de Italia en África.

Mussolini creyó que las potencias europeas le dejaban el camino libre. El ataque sobre Abisinia se produjo en octubre de 1935, desde Eritrea, en manos italianas. El armamento del ejército italiano era muy superior al de los abisinios, liderados por un emperador de ideas relativamente avanzadas, Haile Selassie.

Pero la guerra sirvió para demostrar la poca cualificación de las tropas italianas, que necesitaron de medio año para vencer, además de acabar siendo un desastre diplomático. La Sociedad de Naciones impuso sanciones económicas a Italia, aunque entonces había estados tan importantes como los propios USA, amén del consabido caso de la Alemania nazi, que no pertenecían a ella y que no las cumplieron.

En cualquier caso, las relaciones tanto con Francia como con Gran Bretaña se resintieron. Se impuso una distancia que a la larga favoreció a Hitler. En una situación de apuro internacional, lo más cómodo para Italia y para il Duce fue ponerse detrás de la poderosa Alemania. Aunque al final, fue peor el remedio que la enfermedad.

Publicado en: Conflictos belicos, Edad Contemporanea

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