El Panóptico, una prisión perfecta

El Panóptico

El pensador inglés Jeremy Bentham, destacó, entre muchas otras cosas, por ser el padre del utilitarismo, que defendía que todo lo bueno no es sino lo útil, siendo, en consecuencia, el principio de utilidad, el mismo principio fundamental por el cual se juzga la moralidad de los actos.

Lejos de meternos más a fondo en su filosofía, hoy queríamos hablar de otra de sus grandes aportaciones, que si bien refleja parte de su doctrina, resulta menos densa. Se trata de la conocida como prisión sin rincones, El panóptico. Un diseño completamente revolucionario, que sin lugar a dudas marcaría un antes y un después en el sistema penitenciario a nivel mundial.

Fue en 1791 cuando Bentham sorprendió al mundo con este extraño diseño. Se trataba de una cárcel en la que gracias a su distribución tan sólo haría falta un carcelero para vigilar a todos los prisioneros.

El diseño era tan perfecto, que creaba en los prisioneros la asfixiante sensación de estar vigilados constantemente, pero lo cierto es que simplemente era una sensación, ya que en ningún momento podían ver, por sus propios ojos, la figura del carcelero.

¿Cómo era este diseño tan revolucionario? Se trataba de una construcción circular hueca, en cuyo interior se colocaba una torre, justo en el centro. Así, el anillo exterior se dividida en celdas, dispuestas cada una con sus propias ventanas al exterior e interior.

La parte de las celdas que daba al interior, tan sólo estaba cubierta por una reja. Por tanto, el vigilante podría observar sin problema cual era la conducta del preso en cada momento.

En un inicio, la idea era que los reclusos se vieran aislados del resto del mundo por grandes y gruesos muros, algo que evitaría ver más allá de la reja, y dificultaría la audición.

La luz entraba por las ventanas de las celdas, y llegaba directamente hasta la torre, que contaba con ventanas y celosías. Por un lado, el vigilante podía observar a contraluz la figura de todos los presos. Por otro, las celosías no dejarían ver a esta figura representativa del orden y la disciplina. Por tanto, los prisioneros se sentirían completamente aislados, como meros individuos solitarios, mientras que el carcelero vería a los reclusos como una comunidad, una gran multitud perfectamente controlable.

Esta solución pretendía ahorrar gastos en el sistema penitenciario, y lo cierto es que teniendo en cuenta que tan sólo hacía falta una persona (que además era relevada por un complejo sistema de túneles en zigzag para que los presos no pudieran verlos) lo conseguía.

El problema es que en la Inglaterra de finales de 1700 no encajó. Muchos pensaban que se trataba de un sistema bastante totalitario, una ilusión óptica que buscaba el castigo más cruel, alejando al individuo de la sociedad, y por tanto, usando un método disciplinario opresivo (como bien defendería posteriormente Michel Foucault).

Ni tan siquiera el hecho de ampliar el número de presos en las celdas parecía convencer a parte de la opinión pública. Y eso que Bentham cambiaría radicalmente en su idea a partir de esa colectividad en las celdas, pensando y priorizando la reinserción y reeducación de los presos como algo fundamental en las prisiones.

Aun cuando pensaba que la soledad y la incomunicación conducían a la locura, Bentham no abandonó la idea de su prisión ideal. Defendía que era precisamente esta sensación de vigilancia permanente la que reduciría considerablemente el número de motines o fugas, algo que también abarataría costes en el sistema penitenciario.

A pesar de sus esfuerzos, la idea del Panóptico no sería comprada por los ingleses. No obstante, en el extranjero sí que tendría éxito, pues a lo largo de los siglos XIX y XX muchas cárceles probaron este modelo. Podemos poner el ejemplo de Edinburgh Bridegewelly, Santo Stefano de Sicilia o el Presidio Modelo en Cuba.

Además, cabe destacar que en España, la primera prisión construida con este paradigma sería la de Mataró, que fue diseñada por Elies Rogent en 1851 y que sería declarada Monumento Histórico en octubre de 2011.

Lejos de lo que pueda parecer, Bentham fue una pieza clave para conseguir un trato mejor hacia los delincuentes. Gracias a este personaje, se terminaría por ver a las prisiones como algo distinto, pasando de un lugar de castigo a un lugar de rehabilitación, aunque evidentemente la seguridad y vigilancia no podían caer en el olvido.

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Foto vía:  ustedtieneunmensajenuevo

Publicado en: Curiosidades de la Historia

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