Simon Wiesenthal, cazanazis de profesión

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Simon Wiesenthal fue un investigador judío que, tras ser arrestado y confinado a diferentes campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial, decidió dedicar su vida a localizar a criminales de guerra nazi para entregarlos a la justicia y asesinarlos.

Arquitecto, titulado por la Universidad Técnica de Praga allá por 1932, vivía con su esposa en Leópolis, que por aquel entonces pertenecía a Polonia. Tras la ocupación Alemana en 1941, tanto él como el resto de su familia serían arrestados. Aunque su esposa pudo eludir a los nazis ocultando su origen judío, él no correría la misma suerte y sería internado en aproximadamente doce campos de concentración durante los siguientes cuatro años.

Esos cuatro años fueron un auténtico infierno para Wiesenthal, que intentaría quitarse la vida en contadas ocasiones. Al no conseguir su objetivo, se dedicaría, en estos cuatro años, a la recopilación de los datos de aquellos nombres de los soldados alemanes que había conocido en esos doce campos de concentración.

Una vez liberado se dedicaría exclusivamente a buscarlos uno a uno, como cruzada personal, aludiendo que éstos eran criminales de guerra. Por tanto, dejaría a un lado la vida de comenzar nuevamente junto a su familia, apartados del dolor que esta época maldita les había causado. Wiesenthal tenía claro que su misión era cazar nazis.

Aunque el estado en el que sería encontrado, allá por 1945, era deplorable (pesaba alrededor de 45 kg), pronto recuperaría su salud y se encargaría de dar personalmente los nombres de los nazis al Ejército de los Estados Unidos. Así, su participación, en cierto modo, sería clave en juicios tan destacados como los de Núremberg.

El problema es que, como posteriormente expondría, pasado un tiempo tanto la Unión Soviética como los Estados Unidos perderían el interés en promover los procesos de crímenes de guerra. Así pues se vio en la obligación de continuar solo para luchar por su causa. Además, la mayoría de estos nazis habían escapado, muchos fuera de Europa, por lo que su misión se complicaba. No obstante, nada le haría flaquear.

Su ayuda sería inestimable para capturar a personajes tan destacados como el criminal nazi Adols Eichmann, localizado en Buenos Aires en 1954. Tras avisar e informar al Centro de Investigación del Holocausto, este asesino en masa sería capturado en 1960 trasladado clandestinamente a Israel y sentenciado a muerte en 1961.

Otro de los casos más famosos es el que le condujo al mismísimo nazi que llevaría a un campo de concentración a Ana Frank, Karl Silberbauer. Este hombre sería descubierto por Wiesenthal en 1963, mientras ejercía como inspector de policía en Viena.

Muchos serían los prófugos a los que Wiesenthal daría caza, como Franz Stangl o Josef Schwammberger. Serían un total de 1.100 criminales de guerra, siendo además el germen inspirador del Tribunal Penal Institucional.

En 1970 se introduciría en el mundo de la política austríaca, viéndose envuelto en polémicas como el momento en el que aseguró que muchos ministros habían sido nazis durante el tiempo en el que Austria formaba parte del Tercer Reich. Parece que su caza no había terminado aun.

No obstante, en 2003 sorprendió, a los 58 años, asegurando que ya había encontrado a todos los asesinos que estaba buscando, y que además, les había sobrevivido.

Aseguró también que si había alguno pendiente ya era demasiado viejo y débil para afrontar un juicio, por lo que su trabajo estaba hecho.

Publicado en: Edad Contemporanea

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