La silla eléctrica como alternativa a la horca

Silla eléctrica

Muchas veces se suele asociar la creación de la silla eléctrica a Thomas A. Edison, pero lo cierto es que, a pesar de que efectivamente estuvo involucrado en el lanzamiento de este invento mortal, fue uno de sus empleados quien finalmente daría luz a la temida máquina.

Lo más curioso de todo es que esta silla eléctrica surgiría en 1886 como una alternativa a la horca. Parece ser que se intentaba encontrar un sistema de ejecución “más humano” que aquellos que se habían estado empleando hasta el momento. Fue justamente ahí cuando Harold P. Brown decidió crear la silla eléctrica.

El uso de la corriente continua en el desarrollo del invento podría ser negativo para la imagen de la compañía de Edison ¿Quién querría en casa un tipo de corriente que matar a personas? Por este motivo se intentó crear una máquina que funcionara a través de la corriente alterna, impulsada por Nikola Telsa, principal rival de la compañía Edison. De esa forma no dañaba la imagen de su compañía, sacaba partido del invento y además arrojaba una excelente campaña de desprestigio público sobre la corriente alterna, capaz de matar a una persona en menos de dos minutos.

Brown se metió a fondo en el proyecto. Estudió día y noche el funcionamiento perfecto de esta silla para matar. Evidentemente realizó numerosas pruebas con animales, los cuales también murieron a manos de esta letal arma de destrucción de vidas. Como es lógico el peso de estos animales tenía que ser diferente, además de considerable para equipararse al de un ser humano. Por este motivo, empleó diferentes especies llegando incluso a electrocutar a un elefante de circo llamado Topsy.

Finalmente, la silla fue aprobada en 1889, y un año después sería estrenada con la ejecución del reo Kemmler. Un estreno que auguraría una historia llena de sufrimiento; y es que al parecer durante esta ejecución se desarrollaron los primeros problemas en el invento. El primer intento falló, no mató al preso, por tanto la escena de su ejecución tomó tintes completamente drásticos. Se había pasado de ahorcar a alguien a freírlo literalmente, la diferencia era que Klemmler estaba vivo, gritando y no se podía volver a intentar usar la silla hasta que el generador volviera a funcionar (cuestión de minutos). Al parecer, el segundo intento duró más de un minuto y la gente que se encontraba en la sala lo describió como una de las escenas más espantosas que habían vivido.

Era evidente que este invento tenía taras. No obstante, se siguió usando a partir de ese día. En algunas ocasiones las muertes eran rápidas, como se había vendido que serían. En muchas otras la agonía de los presos era indescriptible.

Con el paso de los años la silla eléctrica ha sido sustituida por la inyección letal. Aun así, existen varios estados en la actualidad (como Alabama, Florida, Carolina del Sur, Tenessee o Virginia) que dan la opción al preso de elegir entre la silla eléctrica o la inyección letal.

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Foto vía: Alberkrip

Publicado en: Curiosidades de la Historia

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