Ernst Hess, protegido del Führer

Ernst Hess

¿Incluso los monstruos pueden sentir compasión? Quizá en algunos momentos puntuales puedan dejar a un lado su personalidad psicópata y mostrar un ápice de humanidad. Esto es lo que debió pensar la periodista del Jewish Voice from Germany cuando ojeando los archivos de la Gestapo de Düsseldorf encontró una carta muy reveladora fechada en 1940. Esta carta estaba firmada por la mano derecha de Hitler, y en ella se otorgaba protección a Hess, un juez judío de Amstgerichtsrat, a petición del mismísimo Führer.

La periodista era conocedora de que Hitler ya había protegido en una ocasión a algún que otro judío de su propia masacre, por ejemplo Eduard Bloch, el médico de su madre. No obstante, esta carta suponía otro caso desconocido hasta el momento que bien merecía un poco de atención.

Tras un largo tiempo investigando el contenido de la carta así como el nombre de la persona allí escrito, se supo que Ernest Hess fue compañero de Hitler en las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Al parecer, Hitler no contaba con un gran aprecio entre los compañeros de trincheras. Ni aprecio ni desprecio; y es que el Führer pasaba totalmente desapercibido, recordado como una persona solitaria y silenciosa. Nadie parecía reparar en su persona, nadie excepto este judío, Ernst Hess.

Tras la guerra, Hess comenzó como juez en Düsseldorf. Su vida transcurriría tranquila hasta que en 1936 decidió abandonar su cargo y emigrar a Italia. Al parecer, el juez habría sido víctima de una paliza por un grupo de las SS nazi, algo que sin duda alguna alertó y alarmo a Hess que no dudó un solo momento en coger a su familia y salir del país.

Ya en el exilio, Hess decidió mandar una carta a su antiguo compañero de guerra. Fue así como envió un documento en el que se pedía al Führer una protección especial para él y su familia, teniendo en cuenta su servicio en la Primera Guerra Mundial, su visión política y su educación entre otras.

Hitler rechazaría la solicitud, sin embargo autorizaría una pensión a la familia. No obstante, en 1940 parece ser que cambió de opinión, pues fue cuando se expidió el documento en el que, firmado por Himmler, se ofrecía un trato de protección especial tanto a Hess como a su familia.

El antiguo juez decidió volver así a Alemania, confiando en la protección que su antiguo camarada le había brindado. Gran sorpresa se llevaría cuando un año más tarde, requerido en la Oficina de arianización de Munich, lw dirían que la orden había sido totalmente revocada, algo que lo convertiría en un judío como cualquier otro.

La suerte de Hess pasó por ser confinado a un campo de concentración cercano a Munich, lugar en el que salvó su vida sólo por estar casado con una mujer protestante.

No hubo más trato favorable por Hitler, que al parecer se había olvidado de su antiguo compañero. Lo que el Führer te daba el Führer te lo quitaba; y es que no tiene mucho sentido este brote de humanidad que poco duró en el canciller alemán.

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Foto vía: Lapatilla

Publicado en: Edad Contemporanea

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