Breve historia de los resurreccionistas, ladrones de cuerpos

Los resurreccionistas, ladrones de cuerpos en cementerios

Los resurreccionistas surgieron mucho antes de que se promulgara la Ley de Anatomía en 1832; y es que antiguamente los únicos cadáveres que podían ser usados para los fines anatómicos eran los que pertenecían a condenados a muerte y disección por los tribunales.

Este tipo de “norma” era aplicada por diversas causas. Por ejemplo, debido a la gran cantidad de mujeres que ejercían la prostitución por aquel entonces, se intentaba controlar el contagio a través de los cadáveres de enfermedades sin tratamiento como la sífilis o la gonorrea.

Sea como sea, los médicos y estudiantes de la escuela de medicina y anatomía debían conformarse con pocos cuerpos para el estudio. En el siglo XIX tan sólo 55 personas eran condenadas a la horca al año, algo que reducía considerablemente las posibilidades de estudio del cuerpo humano.

Justo en este momento es cuando surge la necesidad de conseguir «material de estudio» sea como sea, así, el robo de cuerpos desenterrando cadáveres en el cementerio se comenzó a extender. Eran estas personas que se dedicaban a introducirse de noche en los cementerios los conocidos como resurreccionistas. Personas que no tenían miedo a las consecuencias, ya que robar un cuerpo no estaba penado con la muerte, tan sólo con multas, siempre y cuando no robaran pertenencias del difunto, algo que cuidaban mucho estos particulares ladrones de cuerpos.

Estos robos eran tan comunes que los familiares de los difuntos no se separaban de su cuerpo hasta que no había sido enterrado, además, tras este entierro se turnaban para hacer guardias vigilando la tumba del mismo.

En muchos puntos de Europa se crearon artilugios que intentaban evitar el robo de los cuerpos, jaulas de hierro llamadas mortsafe o el uso de mausoleos o lugares más privados de difícil acceso. Aun así, estos métodos eran bastante caros y no todo el mundo podía usarlos. Por tanto, comenzó poco a poco a surgir la figura del guarda de cementerios.

Y entre este caos de ladrones de cuerpos no podía faltar auténticos psicópatas. Cuando aumentaron las dificultades para robar los cadáveres algunos desalmados aprovecharon el momento para atacar y matar con sus propias manos a vagabundos y personas inocentes. Posteriormente estos cuerpos serían vendidos a reconocidos médicos para que pudieran seguir con sus investigaciones.

Así surge el personaje de William Burke, un asesino irlandés que se encargó de matar con la ayuda de William Hare a 16 personas para poder comercializar con sus cuerpos.

Tras la muerte de uno de sus inquilinos, Burke decidió vender el cuerpo a un reputado anatomista llamado Robert Knox. Así fue como comenzó esta extraña alianza entre el asesino y el médico que le pagaba religiosamente todos los cuerpos que éste le entregaba.

La policía consiguió hacerse con él y sacarle una declaración firmada de sus asesinatos. Burke fue condenado a la horca, mientras que Harse se libró de la misma y decidió salir del país.

El Dr Knox también se libró de un castigo ejemplar, no obstante, se vio obligado a huir de la ciudad pues su casa fue atacada por un gran número de gente enfurecida por sus prácticas.

El cuerpo de Burke fue sometido en 1829 a una disección pública, con el fin de disuadir a los resurreccionistas de ir por ese camino. Sus restos todavía son conservados en la Universidad de Edimburgo.

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Foto vía: Unacacharreria

Publicado en: Edad Contemporanea

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