La Larga Marcha de Mao Zedong

Mao Zedong

La historia no sólo está llena de sangrientas batallas y guerras en la que se amanece degustando el embriagador olor a napalm que contamina las fosas nasales. La conquista del poder puede ser menos cruenta cuando se recurre a la peregrinación, a la marcha. Romerías relevantes, en la historia, las ha habido de toda clase, condición, cantidad, color y sabor. Ningún continente se ha visto privado de ella en alguna ocasión: marcha fascista de Mussolini sobre Roma, marcha verde en el Sáhara…Pero no nos olvidemos de que ni mucho menos han sido siempre, por el mero hecho de ser marchas, ni inocentes, ni pacíficas, ni inspiradas en el credo de Gandhi.

Una de las más sonadas marchas de la historia universal del siglo XX va a marcar el destino del continente asiático durante muchos años. Se trata de una marcha intermedia, entre lo civil y militar, y que además no lograría beneficios inmediatos, pero sí unos réditos en términos de prestigio y fortaleza moral que sentarían las bases de la ulterior conquista del poder. Nos referimos a la Larga Marcha del Ejército Rojo de China en los años treinta del pasado siglo.

Recordemos que los comunistas habían conseguido hacerse con las riendas de pequeñas zonas del descomunal país asiático. Así, en el sur de China, provincia de Jiangxi, habían constituido la República Soviética de China, presidida por uno de los personajes fundamentales tanto de esta historia como de los subsiguientes años en el conjunto de Asia: Mao Zedong.

El partido nacionalista, liderado por Chiang Kaishek, con el control, a veces sólo nominal, de la República, había decidido acabar con el Ejército Rojo. Una serie de ofensivas llevan a los comunistas a tener que replantearse el conjunto de su estrategia. Concretamente, desde finales de 1933, el ejército nacionalista penetraba cada día un poco más en el bastión comunista de Jiangxi. En octubre de 1934, se hace evidente la necesidad de evacuar a los comunistas que todavía quedaban en la provincia (sólo los que estuviesen en condiciones de afrontar una marcha que se presuponía de extrema dureza).

Cerca de 90000 personas aprovecharon la noche para, casi sin víveres ni municiones, dar comienzo a una caminata hacia el norte, con continuas desviaciones a occidente, a lo largo de la cual recorrerían más de 10 mil kilómetros y en la que las peripecias bélicas, distensiones internas, muertes por frío o hambruna serían constantes. Cuando un año después arribaron a Shanxi, otro bastión comunista en el norte de China, el número de supervivientes no sobrepasaba los 150000.

Pero aquella durísima experiencia iba a convertir a los comunistas en héroes a ojos de buena parte del campesinado, a reforzar el liderazgo de quien a partir de entonces se convertiría en el gran referente del partido (Mao), y a fortalecer el alimento ideológico de todos cuantos habían participado en la extraordinaria hazaña. Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma va a la montaña…por muy distante, inhóspita e inaccesible que ésta sea.

Publicado en: Edad Contemporanea

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