Nube tóxica sobre Bhopal, la otra historia

Mapa de India, Bhopal

Hay otra historia paralela a la de los grandes hombres y las célebres batallas. Una historia que en realidad está constituida por infinitas pequeñas historias. Aquellas que forman un cuerpo subterráneo y uniforme alimentado con lo vivido y experimentado por millones y millones de personas anónimas. Es sobre esa corriente cotidiana que se destacarán las olas pretendidamente únicas de las hazañas inolvidables.

A esta otra historia, historia anónima, historia de los que no la escriben con letras de oro sino que la sufren en sus indefensas carnes, de vez en cuando también le prestan su atención los historiadores. Pero sólo cuando hay una catástrofe. No tenemos el gran héroe, sí la gran catástrofe, el clímax dramático de la colectividad. Lamentable.

Y, sin embargo, ahora nosotros vamos de alguna forma a seguir los pasos de esa escuela. Hablaremos de la historia anónima en tanto que haremos el relato de una casi catástrofe…casi no por las dimensiones de la tragedia, sino porque hubo y sigue habiendo responsabilidades humanas. No fue un desaire de la naturaleza.

Bhopal, capital de uno de los estados más pobres de la India, media hora después de la medianoche del 3 de diciembre de 1984. En la fábrica química de pesticidas se oye una explosión. Inmediatamente dos columnas de humo negro forman una negra nube tóxica en el cielo. Los 42 millones de toneladas de isocianato de metilo (MIC) sufren al entrar en contacto con la atmósfera diversas reacciones. El resultado: la guadaña de la muerte en forma de gases letales. ¿Pero cómo se había llegado hasta aquí?…

La fábrica de la fuga pertenecía a Union Carbide. Tristemente, otra vez una multinacional (de los USA) de por medio. A mediados del siglo XX, Union Carbide tenía más de un centenar de filiales en 40 países. La empresa había nacido como fabricante de componentes eléctricos, pero luego se había convertido a la industria químico-agrícola. En los años 50, los grandes grupos del sector intentaban sustituir al TDT por un pesticida con propiedades mágicas, es decir, que fuese bonito, bueno y barato (económico, eficaz e inocuo para la especie humana). La Union Caribde (cree que) lo consigue: el SEVIN.

Pero para obtener este nuevo pesticida se emplean sustancias venenosas. Algunas tóxicas, otras directamente letales para cualquier ser vivo. Este hecho no representaba ningún hándicap para la Union Caribde. En los 60 la multinacional desembarca en la India, golosa (¡400 millones!). En 1967 construye una pequeña fábrica en Bhopal. El SEVIN tiene una acogida excelente. Azuzada por el propio gobierno indio, la Unión le declara su perverso amor al subcontinente. Se incrementa la producción y aumenta exponencialmente el tamaño de las instalaciones.

Entre el 76 y el 82 en la planta hay serios avisos en forma de importantes accidentes. No sólo no se les da una respuesta adecuada sino que, en virtud de la crisis que azota a la filial de la Unión, se toman medidas infames que serán ulteriormente decisivas. Así, se reduce drásticamente el empleo, atacándose con fuerza los puestos más especializados. También se reducen los costes de mantenimiento (se estira la vida de los componentes al máximo) y, oh, oh, se decide parar periódicamente la producción (con lo que se desactivan e inutilizan las medidas de seguridad).

Al final esos intentos por salvar la empresa no valen para nada. En verano del 84 ya se había decidido cerrar la planta. Se intentaba, mientras, sacar algo de beneficio vendiendo equipamiento. Pues bien, la medianoche del 3 de diciembre de ese mismo año, Bhopal recibía visitantes de toda la región. Se habla de que cerca de un millón de personas estaban en la ciudad. En la fábrica, parada, unos obreros realizaban trabajos de limpieza.

Se supo después que no estaban cualificados para desempeñar dicha labor, para mayor gloria de quien los contrató. Precisamente ciertas negligencias o ignorancias de los operarios tuvieron trágicas consecuencias. Una cisterna con 42 toneladas de MIC estalló. Dos largas columnas negras escalaron veloces hasta el cielo. Los sistemas de seguridad, recordemos, se habían apagado. La suerte estaba echada.

La suerte, qué canalla…El MIC se descompone en gases muy tóxicos, algunos letales (como el ácido cianhídrico, esto es, cianuro) Todos poseen una densidad mayor a la del aire: se mantienen casi a ras de suelo. La nube tóxica avanza hacia la ciudad arrastrada por un suave viento. A su paso fallecen perros, gatos, vacas. Y ancianos. Y niños. Y mujeres. Y hombres. Se ha calculado que la toxicidad era…¡500 veces superior a lo que empleaban los alemanes en sus cámaras de gas! Muchos de los que no murieron a la primera quedaron ciegos, o sin olfato, o sin oído, o sin qué sé yo. Otros murieron lentamente víctima de implacables enfermedades.

Esta historia tiene un apéndice todavía más triste. No se trata de una segunda parte sino de un apéndice en el que se involucra una santísima mujer con un no del todo conocido lado sombrío. Pero esa verdad, que nos llevará a un nuevo relato, lo dejaremos para mañana.

Publicado en: Catástrofes, Edad Contemporanea

Tags: ,

Imprimir Imprimir




Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Top