Bismarck o la construcción de Alemania

Bismarck

Bismarck completó la unidad de Alemania en siete años. Una hazaña sorprendente y digna del más grande estadista. Ahora, recuérdese aquel certero dicho hindú: nadie puede saltar por encima de su sombra. Aplicado en este caso, lo que se quiere decir es que si Bismarck logró su objetivo fue porque se encontraba en el sitio adecuado en el momento justo. La fruta estaba madura y en medio de patrones y «jefes de obra» mediocres, arribistas o ambas cosas (Napoleón III), Bismarck resultó ser zorra y león al mismo tiempo, como ya Maquiavelo le había recomendado a su príncipe más de tres siglos antes.

Los escolásticos nos han dejado una serie de frases en latín y un estilo propio en el corte de pelo. Así, su ex nihilo, nihil fil, significa, en el terreno de la historia, que los acontecimientos presentes poseen unos «antecedentes» pasados que nos ayudan a comprenderlos. En este caso se trata de recordar la derrota napoleónica. Tras el congreso de Viena (1815) en Alemania se estableció una confederación de 39 estados, reunidos periódicamente en la Dieta de Frankfurt bajo la presidencia de Austria.

Prusia, toda vez que las ansias de libertad en forma de eco de la Revolución fueron reprimidas dentro de su propio territorio, decide fomentar con éxito una unión aduanera (entre 25 estados), Zollverein, que entró en vigor en 1834. Es el preludio de la unidad nacional. Por lo tanto, véase: mientras Austria poseía (o parecía poseer) la dirección política de la Confederación (creyendo que de esa manera torpedearía cualquier intento de unificación que no la tuviese a ella misma como cabeza de león), Prusia impulsaba y dirigía la integración económica. Y como se gritará mucho más tarde desde la otra ribera del gran charco: ¡es la economía, estúpido!

Pronto se hizo evidente que las cosas se encaminaban hacia un choque entre la potencia ascendente (Prusia) y la gran potencia aunque sólo nominalmente (el Imperio austriaco). Fue entonces cuando surgió la figura de Bismarck, nombrado  primer ministro de Prusia en 1862. Su primer objetivo: aislar a Austria e instaurar la hegemonía prusiana en Alemania. Lo consiguió mediante la diplomacia (artes de la zorra) no menos que con las armas (fuerza del león).

La guerra de los Ducados (contra Dinamarca, 1864) y la convención de Gastein (1865) preparan el escenario de la guerra contra los Habsburgo, que tampoco dio mucho juego y que se resume en la derrota austriaca de Sadowa, 1866). Tras la victoria sobre Austria, Bismarck organiza una confederación de Alemania del Norte. En sólo cuatro años, la mitad de su objetivo estaba conseguido. Para rematar exitosamente la empresa de reunificación se necesitaba un rival con pedegree: Francia.

Napoleón III era la víctima con la que soñaría todo guinista de política exterior decimonónica. Bismarck era el mejor autor de su época, así que estaba clarísimo. Con gran habilidad, forzó al emperador francés a declararle la guerra a Prusia (1870). Napoleón lo hizo encantado, necesitana un golpe de audacia con el que acallar malestares de política interna. Pero el ejército prusiano demostró su superioridad táctica, los franceses sufrieron un buen rapapolvo y Napoleón III tuvo que capitular .

Con la victoria Prusia adquirió suficiente autoridad y prestigio para que el rey Guillermo I fuera proclamado emperador de Alemania (Versalles, 1871). El II Reich había nacido. Para morir apenas medio siglo después con la primera derrota de la nueva potencia continental. Claro que para entonces el mundo ya había cambiado de tal manera (nuevas armas, nuevos miedos, nuevas esperanzas) que ni su propia madre lo reconocería.

Publicado en: Edad Contemporanea

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1 comentario

  1. quiri dice:

    un buen articulo se aprende mucho y facil y rapido gracias

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