El hombre de Piltdown, el mayor fraude sobre la evolución humana

Charles Dawson

El hallazgo de un cráneo a principios del siglo XX, con rasgos humanos y homínidos, hizo pensar en que el eslabón perdido había sido encontrado en Inglaterra, pero 40 años después la comunidad científica demostró que se trató de uno de los mayores fraudes de la Historia.

En los primeros años del siglo XX, se estaban descubriendo ancestros humanos por toda Europa continental y en África, pero ninguno había aparecido en el Reino Unido; los británicos buscaban encontrar un fósil que les diera el honor de tener también uno de los hombres más antiguos en su territorio y eso pronto ocurrió.

En 1912, Charles Dawson, abogado y arqueólogo aficionado, le mostró a Arthur Smith Woodward, encargado del Departamento de Geología del Natural History Museum de Londres, unos fragmentos de cráneo, según él encontrados por unos obreros en una cantera de Piltdown, Sussex.

Dawson, Woodward y el célebre paleontólogo, el Padre Teihard de Chardin, siguieron buscando en dicha cantera y en fechas posteriores llegaron a encontrar una mandíbula y un canino atribuido a la mandíbula anterior.

Se dedujo que los obreros que se encontraban extrayendo piedra de la cantera para la construcción de un camino, habían roto un cráneo humano y los fragmentos se hallaban dispersos.

Junto a los restos del presunto ancestro humano también se hallaron varios pedernales y huesos tallados.

Los restos fueron presentados por Woodward y Dawson en la Sociedad Geológica de Londres, los cuales admiraron el descubrimiento aunque apuntaron a la mezcla de un cráneo humano y una mandíbula de simio. Pero esas dudas iban a quedar calladas con otros oportunos hallazgos de nuevos fragmentos de cráneo humano y dientes simiescos.

La sociedad científica en general aceptó los hallazgos y lo denominaron el Hombre de Piltdown o Eoantrhropus dawnonii. La prensa enseguida lo anunció como el “eslabón perdido”.

El cráneo fue depositado en el Museo de Historia Natural de Londres y Dawson aclamado como un héroe nacional.

En 1936 el dentista Alvan Marston decidió estudiar la mandíbula y llegó a la conclusión de que el canino pertenecía a un simio, no a un humano y que el color oscuro que presentaba el hueso era debido a un tratamiento con dicromato potásico y no a un envejecimiento natural, pero sus trabajos no llegaron a más, ya que el museo cerró la puerta al resto de investigadores y no pudieron probar las teorías de Marston.

En 1949 y tras el cambio del director del Museo de Historia Natural, Kenneth P. Oakley, se decidió hacer una prueba de flúor. Los huesos absorben el flúor del contenido de las rocas y tierra que les rodean donde estén depositados, de modo que contra más tiempo hayan estado allí, más flúor tendrán.

Pero los resultados fueron sorprendentes, tanto el cráneo como la mandíbula de Piltdown, contenían niveles bajísimos de flúor, lo que determinaba que su antigüedad no era la atribuida en un principio; a partir de ahí se hicieron más estudios y en 1953 se determinó que la mandíbula estaba teñida para aparentar mayor envejecimiento, que los molares habían sido limados y que el conjunto de huesos estaba compuesto, entre otros, por restos pertenecientes a dos cráneos humanos, una quijada de orangután, una muela de elefante, un diente de hipopótamo y un colmillo de chimpacé.

El escándalo fue enorme y aunque nunca quedó claro quién cometió el fraude, sí sirvió para que a partir de ese momento ningún hallazgo se diera por válido antes de someterle a las pruebas científicas pertinentes.

Imagen: ABC

Publicado en: Curiosidades de la Historia, Edad Contemporanea

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2 comentarios

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  1. Excelente articulo, había leído un articulo parecido de charlatanes en la revista muy interesante, muy interesante tu blog y con muchisima información.

  2. mario h dice:

    aqui es donde quiero ver a los que no creen en un DIOS supermo creador de todas lo que existe… menos de los fraudes y mentirosos cientificos que juegan con la humanidad

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