El soldado que vivió en guerra 28 años después

Soldado japones

Shoichi Yokoi era un sastre japonés que durante la II Guerra Mundial se vio obligado a dejar la aguja por el fusil. Tras ser llamado a filas su primer destino fue China desde donde posteriormente sería enviado a la isla de Guam.

La isla de Guam fue territorio español hasta 1898. Después de la guerra Hispano-Estadounidense los americanos la utilizaron como base militar, y en la II Guerra Mundial los japoneses la invadieron tomando completamente el control. En 1944 los estadounidenses volvieron a hacerse con el territorio de Guam; por este motivo muchos japoneses se entregaron, y tantos otros murieron. No obstante, hubo un grupo de soldados que permaneció escondido, defendiendo su territorio y cumpliendo su juramento de no entregarse al enemigo y resistir.

Entre esos pocos soldados se encontraba Shoichi Yokoi. Fiel a sus creencias y a su condición de soldado del emperador, permaneció escondido junto a otros dos soldados en la selva de la isla. En un principio vivieron en un agujero que él mismo había cavado en la tierra y recubierto con bambú. Posteriormente y ante la escasez de alimentos, sus 2 compañeros decidieron irse en busca de comida. Shoichi comenzó a vivir solo, una experiencia que duraría 28 años.

Convencido de que el fin de sus compañeros había sido la muerte, se trasladó a una cueva de la isla. Vivió alimentándose de cualquier animal que encontraba, cangrejos, anguilas, caracoles, incluso ratas y pájaros muertos de la zona. Su uniforme poco a poco se fue deteriorando, y ante la imagen de un atuendo descompuesto por el paso del tiempo, el sastre no dudó en crearse ropa con la ayuda de las cortezas de los árboles.

Atuendo Soichi

Shoichi tenía claro que cumpliría su promesa de no entregarse al enemigo y resistir, y así fue hasta 1972. Tras 28 años oculto, unos cazadores que estaban por la zona lo divisaron pescando en el río. Ante la imagen de un hombre con apariencia salvaje, intentaron hablar con él, pero este salió corriendo hacia su cueva. Los dos cazadores siguieron a este Robinson Crusoe con el fin de descubrir quién era y qué hacía ahí. Shoichi no se amedrantó, intentó luchar hasta el final. Por un momento cuando ya se vio completamente acorralado fingió tener miedo y se arrodilló, cuando los cazadores se acercaron se abalanzó sobre ellos como último esfuerzo por sobrevivir. Estos últimos resquicios de resistencia fueron inútiles y finalmente fue enviado a Japón.

El mundo había cambiado mucho durante la estancia de Shoichi en Guam, un autentico boom tecnológico que al parecer el soldado no llegaba a comprender. En el mismo reconocimiento médico, cuando fue expuesto a una simple máquina de rayos x, el japonés se alarmó diciendo “si quieren matarme, háganlo rápidamente”. Poco a poco fue comprendiendo que había estado pasando durante estos años, y que la guerra, esa que un día le cambió la vida, había terminado hace mucho tiempo.

La llegada de Shoichi a su pueblo fue retransmitida por televisión. Lo recibieron como a un autentico héroe de guerra, con desfiles, discursos y un gran ambiente de fiesta. Durante este impresionante recibimiento, el soldado declaró no ser merecedor de tantos honores añadiendo que se sentía totalmente avergonzado por no haber cumplido su única misión.

El antiguo sastre intentó adaptarse a la sociedad del momento, se casó, escribió un par de libros e incluso participó en un programa de televisión de técnicas de supervivencia. A pesar de todo ello no terminó de encajar, no entendía como el mundo había cambiado tanto, y mucho menos como lo había hecho su cultura japonesa. Ya no se inculcaban los mismos valores y la gente no tenía el mismo respeto.

Quizá empujado por estas diferencias con su tiempo, Shoichi decidió presentarse en 1974 a las elecciones para conseguir un escaño en la Cámara Alta del Parlamento. Su campaña versaba sobre el lema “una perdurable vida crítica”, y su política estaba estrechamente ligada a la mentalidad puritana de los tiempos de la guerra “No comáis excesivamente, no gastéis mucho, no seáis vagos, utilizad vuestros cerebros”.

Tras una derrota total frente a las elecciones, el antiguo soldado decidió pasar sus últimos años alejado de la vida pública. Estaba cansado del Japón moderno, por tanto compró una granja y comenzó a vivir del campo. En su retiro declaraba que no estaba contento con el actual sistema educativo, ni con la política, ni mucho menos con la religión.

Finalmente en 1997 falleció de un ataque al corazón. Sin duda alguna un hombre que había vivido por y para luchar por su país, y que había muerto perdiendo totalmente la confianza en la evolución de su cultura, la cual había perdido todo respeto para él.

Foto 1 vía: Outgun.org
Foto 2 vía: wanpela.com

Publicado en: Curiosidades de la Historia

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