El ejército y los soldados romanos

Soldados romanos

Cuentan que el éxito del imperio romano estuvo en su capacidad política y organizativa, aunque la repercusión del ejército fue lo que dictaminó su poderío sobre otras naciones. No en vano todos los varones que tuvieran entre 17 y 45 años estaban llamados a alistarse en el ejército siempre que fuera necesario. Pero todo eso cambió, hasta el punto de que ser soldado en Roma era una profesión como otra cualquiera.

Evidentemente tenía sus riesgos, claro está, pero los soldados cobraban por ello, lo que los convertía en mucho más profesionales que cualquier otro ejército en el que a sus hombres se les alistara sencillamente por el rango de ser hombre. Además, ni que decir tiene que la preparación y el entrenamiento que tenía un soldado romano era muy superior al resto.

Una legión romana estaba dividida en diez cohortes o batallones, treinta manípulos y sesenta centurias, que hacían un total de unos cinco o seis mil hombres por cada legión. Fijaros que todos y cada uno de ellos, antes de emprender un arma, debían aprender a marchar y mantener la formación y la disciplina en el campo de batalla. ¿Porqué?.

Los romanos pensaban que una legión disciplinada y bien dispuesta sobre el campo de batalla era casi imposible de derrotar, por muy numeroso que fuera el ejército contrario. A partir de ahí se ejercitaban en la preparación física, con pruebas de todo tipo, y en la caballería, aunque ninguno de ellos fuera a montar un caballo en la batalla.

Una vez que tenían perfectamente estudiada la disciplina y la formación, pasaban a la práctica de la lucha con espadas de madera. Pero no con espadas cualquiera, sino espadas que pesaran mucho más que las habituales, para así fortalecer el brazo y provocar que con un arma de menor peso durante la batalla tuvieran mucha mayor rapidez.

Tras el uso de las espadas llegaba el turno a la defensa con el escudo, para así poder usar las dos herramientas a la vez, algo que a simple vista parece sencillo pero que no lo es tanto. Más tarde llegaba el aprendizaje del tiro con arco, la honda y las jabalinas, aunque luego quizás jamás usasen nunca un arco, pero en una batalla había que estar preparado para todo.

Tras superar estos ejercicios se pasaba ya a la marcha en formación con todo el aparejo de guerra. Solemos ver en las películas que entre la armadura, el casco, el escudo y las armas, el peso que debía llevar un soldado tenía que ser considerable. Sin embargo, con este entrenamiento tan riguroso e intensivo, un soldado romano apenas notaba dicho peso.

Así no nos extraña que el imperio romano dependiera en buena medida de su ejército, ¿verdad?.

Foto Vía Sojourney

Publicado en: Edad Antigua, Historia de Roma

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1 comentario

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  1. Nancy Oblitas dice:

    A los soldados romanos les pagaban un “salario”, aparte de ésto obtenian los beneficios de poder quedarse en los sitios conquistados con las mejores tierras, y pasados 20 años de servicios, los extranjeros eran considerados “ciudadanos romanos”

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