Crímenes contra la humanidad de ayer y hoy

conquista de America

Nadie niega que los españoles en América hiciesen una escabechina. Vamos, que la armaron y gorda. Pero que su política propagandista (al menos sus réditos) ha sido nefasta durante lustros, eso tampoco habría de dudarse. Al fin y al cabo, y frivolizando un poco ¿qué esperar de quienes nombran no a un Goebbels, sino a un Fraga Iribarne, ministro de Propaganda y Desinformación del régimen? Esto requiere una explicación.

La inviolabilidad de los derechos humanos, el concepto mismo, es un invento contemporáneo. No se trata de que los hombres de los siglos XV o XVI fueran unos brutos gañanes dispuestos a atentar contra la dignidad del vecino no bien tenían la ocasión. Muy por el contrario, las relaciones jurídicas y sociales en su conjunto, la manera de entender la vida y, en este caso, el derecho, eran diferentes.

Lo eran en base a unas mediaciones que venían dadas por instancias que hoy ya no existen o que se encuentran muy disminuidas. La religión (no tanto la experiencia interior cuanto el dogma positivo), por ejemplo, era una de las más potentes…(¿en realidad hemos cambiado tanto?).

Lo curioso es que la falta de amabilidad española en América (qué tierno, el eufemismo) es legendaria. Manuales y libros de texto internacionales recogían, tiempo ha, esa bestialidad anómala, y lo hacían de la mano de una morbosa fruición ante los sangrientos detalles (el reverso no menos indignante sucedía en el interior de aquella España reconquistada y liberada del yugo judeomasón en la que ni una sola crítica se vertía sobre las consecuencias del llamado descubrimiento), pese a ubicarse en un contexto en el que a lo sumo el comportamiento de los conquistadores podría verse como un pecado pero no como actos criminales en stricto sensu.

Crimen y pecado no eran ya lo mismo: un matiz que hasta entonces no se había, digamos, “visualizado”. De facto sorprendió sobremanera, por inesperado y plástico, a algunos de los testigos más piadosos (misioneros) de la época. En realidad, tal bifurcación de destinos marca el comienzo de la época moderna y por cierto nos sirve para señalar el límite de la supuesta influencia de la Iglesia sobre el Estado (el Estado se dejaba influenciar cuando le convenía) así como para no dejarnos engatusar con ninguna abdicación de las responsabilidades de éste ante las manías neuróticas de aquélla (caso de la Inquisición).

Ora, resulta asaz paradójico que, en un tiempo en el que el Derecho, convirtiéndose en vector de la organización social, aparece además dominado por la retórica de los derechos del hombre (luego incluso de la mujer), pueblos y naciones abrazasen con tal ardor las concomitancias de la barbarie.

Y no estamos pensando en el nazismo, al que, por ser considerado de manera definitiva la apoteosis de estado canalla y encarnación satánica del mal, apenas le afecta lo que decimos. Ni siquiera venimos ahora a referirnos a los EEUU, cuya promesa de libertad y cordialidad entre los hombres qué pronto se transformó en rancio imperialismo.

La exquisita Inglaterra o la noble Francia han salido mejor paradas que la triste España, cuando su pasado reciente no es menos bochornoso. Ciñéndonos a Francia, nación en tantas cosas admirable, y a la Francia de ayer mismo, la de la posguerra, la de los años 50 y 60. ¿Cómo calificar su actuación en Argelia?

Que estirar el dedo acusador es una infamia perversa ya nos lo enseñó aquel santo varón al que llamaban Jesús. Por lo demás, es la máxima esencial de toda buena ética spinozista. Tampoco, conste, estamos exculpando las responsabilidades de las Españas en el exterminio y en el expolio indígenas.

Pero nunca está de más contextualizar las cosas y rescatar cierto asombro ante estados de opinión y creencias generalizadas que son todo menos ingenuas o espontáneas. Como fuera que fuese, mientras la destrucción y el asesinato del hombre por el hombre se globalizaban en el siglo XIX y, sobre todo, en el siglo XX, mientras USA y Europa se repartían el mundo a golpe ya no de machetazo sino de ametralladora primero, y misiles dirigidos después, los pueblos de España se entregaban, sin empacho, a reventar cabezas pero sólo dentro de sus difusas fronteras. Lo que no deja de ser, por cierto, el más alto grado de barbarie.

Publicado en: Curiosidades de la Historia

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1 comentario

  1. necesito k me den imagenes sobre la conquista de america0

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