Ramsés I, origen de la Dinastía XIX

tumba de Ramses I

La civilización egipcia nos ha dejado un interesante legado proveniente de cada una de las Dinastías que reinaron en el Antiguo Egipto. Cada una de ellas nos descubrió algo de su grandeza pero fueron las dinastías XVIII y XIX las que supieron captar la atención a lo largo de los siglos, quizás no por su riqueza y aportación arquitectónica, sino porque una buena parte de sus leyendas e historias más sorprendentes y conocidas de Egipto están ligadas a grandes personajes como Akhenaton, Tuthankamon, Ramsés I o Seti I.

Hoy quiero hacer un viaje a Egipto en el espacio y en el tiempo, a Luxor, a ambas orillas del Nilo, su fuente de vida, al Valle de los Reyes y al templo de Luxor, donde se salvaguarda un poco de la historia del faraón que dio pie a la Dinastía de los Raménidas, la XIX, Ramsés I.

La dinastía XVIII tuvo un triste final. Envuelta en continuas conjuras, los últimos faraones habían ido muriendo sin herederos. Ya, entre el 1364 y el 1347 a.C. Akhenaton, el faraón hereje, había instaurado el culto a Atón y trasladado su capital a Tell-el-Amarna. Su hijo, Tutankhamon, que restauró el culto a Amón, murió joven y poco tiempo tuvo para demostrar sus cualidad de faraón, dejándonos la maldición más famosa conocida oculta en su propia tumba, y a su muerte, sin descendencia, serían Ay y Horemheb los siguientes reinantes.


Tampoco Horemheb tenía descendientes pero sus ojos se volvieron hacia un joven que había nacido en una pequeña ciudad llamada Avaris. Este joven, de nombre Paramessu, no era de sangre real pero su padre sí era Comandante de las Tropas y Jefe de los Arqueros reales. De ahí el carácter militar de su hijo. De carácter firme, Paramessu pronto comenzó a destacar y acaparar títulos civiles y militares hasta llegar al importante cargo de visir. Era normal que Horemheb se fijara en él, y, superada su confianza, lo nombrara corregente de Egipto.

Cuando éste murió, en el año 1305 a.C. Paramessu fue coronado rey del Alto y Bajo Egipto bajo el nombre de Menpehtire Ramsés, o Ramsés I. Con él comenzaba la dinastía XIX, el conocido como periodo Ramésida, que terminaría con hasta once faraones que se hicieron llamar Ramsés.

Con su nuevo nombre intentó conferir legalidad a su coronación y por eso hizo llamarse Menpehtire, que significa «Eterna es la fuerza de Ra», un nombre muy parecido al que tenía el primer faraón de la dinastía anterior, Nebpehtire, y que reinaría bajo el nombre de Amosis.

Ramsés tomó un Estado que seguía siendo toda una potencia mediterránea, quizás no tanto como en la época de Tutmosis III donde su dominio era abrumador, pero sí de una amplia extensión territorial. Socialmente, los egipcios en aquella época eran continuamente hostigados por los hicsos, pero el genio estratega del faraón conseguía mantenerlos controlados.

El nuevo faraón modificó la estructura militar creando tres cuerpos militares que defendieron el Norte, Centro y Sur de Egipto. La capital religiosa seguía siendo Tebas, pero la residencia se trasladó cerca de Avaris, su ciudad natal, desde donde organizaría las bases militares.

Sin embargo, Ramsés I no tuvo mucha oportunidad de mostrar su capacidad como reinante y apenas estuvo dos años al frente del trono. Falleció a los 54 años y cedió el testigo en el reino a su hijo Seti I, que acabaría siendo el mejor y más importante faraón de la Dinastía XIX. Desgraciadamente, de Ramsés I no nos ha quedado mucho, arquitectónicamente hablando. Lo más importante es probablemente la Sala Hipóstila del templo de Karnak. Su tumba, en el Valle de los Reyes, está cerca de la de Horemheb, pero es muy pequeña y está sin terminar, y como muchas otras fue desvalijada e incluso su momia vendida en varias ocasiones.

La momia de Ramsés I volvió a Egipto en el año 2003 y esque en su recorrido por el mundo, estuvo todo el último siglo en el Museo de Arte de las Cataratas del Niágara, adonde había sido llevada tras ser comprada en el siglo XIX.

Publicado en: Edad Antigua, Historia de Egipto

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