De las invasiones vikingas en Sevilla

Barco Vikingo

Durante la etapa vikinga, media Europa comenzaba a temblar cuando existía algún atisbo de penetración de estos bárbaros en sus dominios. Unos ataques feroces que comenzaron con el saqueo del monasterio de Lindisfarne, en el 793. Tras darse cuenta de lo fácil que era dejar sin alimentos y recursos a estos monjes, llenando por tanto sus despensas, se convirtieron en verdaderos expertos del saqueo de estos edificios sacros. Durante estos primeros años azotaron duramente las cosas de Inglaterra e Irlanda, no obstante, en poco tiempo decidieron seguir explorando mundo para conseguir nuevos botines.

En el siglo IX ya dominaban gran parte de Inglaterra, Irlanda, Escocia y Francia. Aunque cabe destacar que los franceses fueron más listos, se les cedió Normandía para que así se calmaran un poco y miraran para otro lado.

El caso es que nada parecía saciar la sed de victorias de éstos, que ya en el año 844 llegarían a las costas de una Lisboa musulmana. 54 barcos se dispusieron a atacar sin piedad a los musulmanes, que por otro lado miraban atónitos a estos hombres de los cuales sólo sabían por medio de historias y leyendas.

La lucha fue de lo más violenta. El entonces gobernador de Lisboa, Ibn Hazm supo estar a la altura de las circunstancias y consiguió resistir ante estas “bestias del norte”, evidentemente con muchas bajas y destrozos. Así pues, los vikingos se retiraron dirigiéndose al sur.

Ibn Hazm no dudó entonces en mandar una carta al emir de Córdoba para poder advertirle del peligro inminente que corría el sur de la península. Advertencia que no se quedó en meras palabras, pues estos bárbaros, poco tiempo después, ya se habían hecho con la Isla Menor, en Cádiz. Se dirigían imparables por el Guadalquivir para llegar a la ansiada ciudad de Sevilla, destino al que pretendían dejar temblando.

Una vez desembarcaron comenzaron atacando Sevilla de una forma brutal. Sus habitantes intentaban defenderse, no obstante, el gobernador decidió escapar dejando la ciudad a su suerte.

La masacre que vivió en ese año Sevilla fue inmensa. Una gran matanza y grandes saqueos que duraron aproximadamente siete días. Después de esa semana decidieron volver a Isla Menor para dejar el botín y los esclavos capturados.

Pasaron varios meses en los que los vikingos pasearon a su antojo por la zona, saqueando, matando a los hombres y violando y matando a las mujeres. Dos meses que terminaron con la llegada de Abderramán II que movilizando el ejército del Norte decidió plantar cara a este huésped tan molesto.

En la estrategia que siguieron los musulmanes un grupo pequeño de hombres intentaba provocar a los vikingos. Provocaciones que pretendían que las “bestias del norte” llegaran a Tablada, lugar en el que se escondía todo el grueso del ejército musulmán.

Al parecer funcionó, y los vejados musulmanes consiguieron vengarse de todos los crímenes contra su pueblo.

Una de las peores derrotas vividas por los vikingos. La mayoría murieron, muchos otros escaparon. De los que quedaron como prisioneros unos fueron ejecutados y otros convertidos al islam y relegados a una parte del Guadalquivir, donde se especializarían en la cría de ganado y fabricación de quesos.

Años después llegaron a Sevilla noticias de que querían nuevamente saquear la ciudad, pero la respuesta de los musulmanes fue contundente. El Emir construyó naves y fortalezas que hacían casi imposible acceder a la ciudad. Además, se encargó de hacer llegar un mensaje a los vikingos en el que aseguraba que si no paraban con sus insistentes ataques se encargaría de llegar a sus tierras del norte y acabar con todo lo suyo, algo que al parecer pareció funcionar pues estos fieros vikingos dejaron de atacar a nivel general durante largos años.

Más información sobre los vikingos:

Foto vía: paseandohistoria

Publicado en: Edad Media Alta, Historia de España

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