Terremotos: por qué se producen y los grandes seísmos de la historia

Los terremotos han vuelto a ocupar la actualidad durante las últimas semanas. Mientras diferentes zonas del planeta han registrado importantes movimientos sísmicos, en España todas las miradas se han dirigido hacia Granada, donde durante agosto de 2026 se está produciendo una intensa secuencia de seísmos que ha llevado a muchas personas a preguntarse por qué tiembla tanto esta zona y, sobre todo, por qué se producen los terremotos.
Durante estos últimos días, los habitantes de Granada han vuelto a experimentar una sensación que resulta difícil de olvidar cuando se vive en primera persona: notar cómo el suelo comienza a moverse bajo nuestros pies. La provincia atraviesa en agosto de 2026 una importante secuencia sísmica, especialmente concentrada en el área metropolitana de Granada. El 15 de agosto se produjo uno de los principales terremotos de la serie en las proximidades de Alhendín y Gójar y, apenas tres días después, otro seísmo de magnitud 4,8 volvió a sacudir la zona. Este último fue seguido además por varias réplicas, algunas de magnitud 4 y 4,2. Desde entonces se han sucedido centenares de movimientos menores alrededor de localidades como Gójar, Armilla, Ogíjares, La Zubia, Dílar o Alhendín.
Granada no es, además, un caso aislado. Agosto de 2026 está dejando imágenes de terremotos en diferentes lugares del planeta. El día 10, un potente seísmo de magnitud 7,4 golpeó el oeste de Colombia causando centenares de víctimas y graves daños. El 15 de agosto, otro terremoto de magnitud 7,7 sacudió el este de Indonesia y provocó decenas de muertos, deslizamientos y miles de evacuados. Y el 20 de agosto, Perú registró un terremoto de magnitud 6,7 que, afortunadamente, tuvo consecuencias mucho menores debido, entre otros factores, a que su foco se encontraba a unos 99 kilómetros de profundidad. Si miramos un poco más atrás, también Venezuela los sufrió en junio, de algo más de 7º; o México de magnitud 7,4º, Japón (7,1º) o incluso Filipinas, de una menor magnitud, 5,8º pero igualmente destructivo.
Cuando coinciden varios acontecimientos como estos en poco tiempo es fácil tener la impresión de que la Tierra está temblando más de lo habitual. Sin embargo, los terremotos han acompañado al planeta desde mucho antes de que existiera el ser humano. Lo que ocurre es que hoy disponemos de instrumentos capaces de detectar movimientos prácticamente imperceptibles y, sobre todo, vivimos en un mundo en el que sabemos casi inmediatamente que la tierra ha temblado a miles de kilómetros de nuestra casa.
A lo largo de la historia, algunos terremotos han destruido ciudades enteras, provocado tsunamis, causado cientos de miles de muertos e incluso cambiado nuestra manera de construir y entender el planeta.
Pero ¿por qué se producen los terremotos? ¿Cuáles son las zonas más peligrosas del mundo? ¿Puede llegar a predecirse cuándo ocurrirá el próximo? ¿Qué es ese famoso Big One que California lleva décadas esperando? ¿Y qué riesgo tenemos realmente de sufrir un gran terremoto en España?
¿Qué es exactamente un terremoto?
Aunque normalmente pensamos en un terremoto como el movimiento del suelo que sentimos bajo nuestros pies, lo que percibimos es en realidad la consecuencia de un proceso que ha comenzado bajo la superficie terrestre.
La corteza de nuestro planeta está atravesada por numerosas fallas, fracturas en las rocas a cuyos lados existen bloques que pueden desplazarse. Las placas tectónicas se encuentran además en movimiento constante, aunque lo hacen tan lentamente que nosotros no podemos apreciarlo.
El problema aparece cuando dos bloques que intentan moverse quedan temporalmente bloqueados por la fricción. La tensión continúa acumulándose hasta que las rocas dejan de soportarla y se produce un desplazamiento repentino. En ese momento se libera una enorme cantidad de energía en forma de ondas sísmicas, que se propagan a través de la Tierra y hacen vibrar el terreno.
El punto situado en el interior de la Tierra donde comienza la ruptura recibe el nombre de hipocentro o foco, mientras que el punto de la superficie situado directamente sobre él es el epicentro.

Esta diferencia resulta importante porque la profundidad puede cambiar mucho las consecuencias de un terremoto. Un movimiento relativamente moderado pero muy superficial y cercano a una población puede resultar mucho más destructivo que otro de mayor magnitud producido a cientos de kilómetros de profundidad.
¿Por qué se producen los terremotos?
La inmensa mayoría de los grandes terremotos están relacionados con la tectónica de placas.
Podemos imaginar la parte exterior de nuestro planeta como un gigantesco puzzle formado por grandes placas que se desplazan unos pocos centímetros cada año. En algunos lugares se separan, en otros chocan y en otros se deslizan lateralmente unas respecto a otras.
Cuando ese movimiento no puede realizarse libremente, comienza a acumularse tensión. Las rocas pueden deformarse durante años, décadas o incluso siglos hasta alcanzar un punto en el que terminan rompiéndose o desplazándose bruscamente. Es entonces cuando se produce el terremoto.
Existen, sin embargo, diferentes causas:
- Terremotos tectónicos. Son los más habituales y también los responsables de la mayoría de los grandes desastres sísmicos. Se producen por el movimiento y la ruptura de las rocas asociados a las placas tectónicas y las fallas.
- Terremotos volcánicos. El desplazamiento del magma y los cambios de presión en el interior de un volcán también pueden generar actividad sísmica. Precisamente por eso los sismógrafos son una herramienta fundamental para vigilar volcanes activos.
- Terremotos por colapso. Pueden producirse por el hundimiento de cavidades subterráneas naturales o artificiales. Generalmente son pequeños y muy localizados.
- Terremotos inducidos por la actividad humana. Algunas actividades como la minería, la construcción de grandes embalses, determinadas explotaciones geotérmicas o la inyección de fluidos en el subsuelo pueden modificar las tensiones existentes y provocar sismicidad.
En cualquier caso, cuando hablamos de los grandes terremotos que han marcado la historia estamos hablando, fundamentalmente, de fenómenos tectónicos.
Las grandes zonas sísmicas del planeta
Los terremotos no se distribuyen de manera uniforme. Existen regiones donde son relativamente escasos y otras en las que forman parte habitual de la historia y de la vida cotidiana.
El Cinturón de Fuego del Pacífico
Es probablemente la zona sísmica más conocida del mundo. Rodea buena parte del océano Pacífico y afecta, entre otros lugares, a las costas occidentales de América, Alaska, Japón, Filipinas, Indonesia y Nueva Zelanda.
Aquí encontramos numerosas zonas de subducción, lugares donde una placa tectónica se introduce bajo otra. Estos procesos pueden producir algunos de los terremotos más potentes que existen.
No resulta casual que países como Chile, Perú, México, Japón o Indonesia aparezcan constantemente cuando repasamos los mayores terremotos de la historia.
El cinturón Mediterráneo-Himalayo
Otra gran franja sísmica se extiende desde el Mediterráneo hacia Turquía, Irán, Afganistán y la cordillera del Himalaya.
Aquí intervienen principalmente los movimientos relacionados con las placas africana, euroasiática, arábiga e india. La colisión de la placa india con Eurasia, por ejemplo, no solamente levantó el Himalaya a lo largo de millones de años, sino que continúa generando una importante actividad sísmica.
Las dorsales oceánicas
En el fondo de los océanos existen enormes cordilleras submarinas donde las placas tectónicas se separan y se forma nueva corteza. En ellas se producen continuamente terremotos, aunque muchos pasan completamente inadvertidos para nosotros por encontrarse lejos de zonas habitadas.
Las grandes fallas continentales
También existen enormes sistemas de fallas donde dos bloques se desplazan lateralmente. El ejemplo más famoso probablemente sea la falla de San Andrés, en California, de la que hablaremos más adelante.
Algunos de los terremotos más importantes de la historia
Intentar realizar una lista con los terremotos más importantes de la historia siempre resulta complicado. ¿Debemos elegir los de mayor magnitud? ¿Los que provocaron más muertos? ¿Los que tuvieron mayores consecuencias históricas?
Estos son algunos que, por diferentes razones, merece la pena recordar.
Shaanxi, China, 1556
El terremoto ocurrido en la provincia china de Shaanxi el 23 de enero de 1556 suele citarse como el terremoto más mortífero conocido de la historia. Las crónicas hablan de alrededor de 830.000 muertos, aunque evidentemente las cifras de una catástrofe del siglo XVI deben manejarse con prudencia.
Lisboa, 1755
El 1 de noviembre de 1755 un enorme terremoto frente a la península ibérica fue seguido por un tsunami y grandes incendios que devastaron Lisboa. Sus consecuencias trascendieron la propia catástrofe y provocaron debates científicos, filosóficos y religiosos por toda Europa.
San Francisco, 1906
El 18 de abril de 1906 la ruptura de la falla de San Andrés provocó uno de los terremotos más famosos de la historia estadounidense. Buena parte de la destrucción de San Francisco llegó después, debido a los enormes incendios que siguieron al movimiento sísmico.
Valdivia, Chile, 1960
El 22 de mayo de 1960 se produjo en Chile el mayor terremoto registrado instrumentalmente hasta nuestros días: magnitud 9,5. El movimiento generó un enorme tsunami que atravesó el océano Pacífico y llegó a causar víctimas a miles de kilómetros de distancia, incluso en Hawái y Japón.
Alaska, 1964
El Viernes Santo de 1964, Alaska sufrió un terremoto de magnitud 9,2, el segundo mayor registrado instrumentalmente. El terreno permaneció en movimiento durante varios minutos y el terremoto generó tsunamis y enormes transformaciones del paisaje.
Tangshan, China, 1976
En la madrugada del 28 de julio de 1976, un terremoto destruyó gran parte de la ciudad industrial china de Tangshan. Las cifras oficiales situaron los fallecidos en más de 240.000, convirtiéndolo en una de las mayores catástrofes sísmicas del siglo XX.
Sumatra, 2004
El 26 de diciembre de 2004 un terremoto de magnitud 9,1 frente a Sumatra desplazó violentamente el fondo marino y provocó el gigantesco tsunami del océano Índico. Más de 200.000 personas murieron en numerosos países, desde Indonesia y Sri Lanka hasta India y Tailandia.
Japón, 2011
El terremoto de Tōhoku, de magnitud 9,1, ocurrido el 11 de marzo de 2011 frente a Japón, generó un devastador tsunami. A la tragedia humana y material se añadió el accidente nuclear de Fukushima, convirtiendo el acontecimiento en una de las mayores catástrofes contemporáneas.
¿Cuál ha sido el terremoto más fuerte de la historia?
Desde que existen instrumentos capaces de medirlos con precisión, el récord continúa perteneciendo al terremoto de Valdivia de 1960, en Chile, con magnitud 9,5.
Sin embargo, aquí debemos diferenciar dos conceptos que suelen confundirse: el terremoto más fuerte no tiene por qué ser el más destructivo.
La profundidad del hipocentro, la distancia hasta las ciudades, el tipo de suelo, la densidad de población, la calidad de las construcciones o la aparición posterior de tsunamis, incendios y deslizamientos pueden resultar tan importantes como la propia magnitud.
El reciente terremoto de Perú de agosto de 2026 es un buen ejemplo. Alcanzó una magnitud considerable, 6,7, pero se originó a unos 99 kilómetros de profundidad y no produjo daños importantes. En otros terremotos mucho menores pero extremadamente superficiales las consecuencias han sido devastadoras.
Magnitud e intensidad: no son lo mismo
Es habitual escuchar que un terremoto ha tenido tantos «grados Richter», pero actualmente los grandes terremotos suelen expresarse mediante la magnitud de momento (Mw).
La magnitud mide fundamentalmente el tamaño del terremoto y la energía liberada. Además, la escala es logarítmica: un pequeño aumento numérico representa una diferencia enorme en la energía liberada.
La intensidad, en cambio, describe cómo se ha sentido y qué efectos ha producido el terremoto en un lugar concreto.
Por eso un mismo terremoto tiene una magnitud determinada, pero puede presentar diferentes intensidades según el lugar desde donde lo observemos.
Una localidad próxima al epicentro y construida sobre sedimentos blandos puede sufrir una sacudida muy fuerte, mientras que otra situada mucho más lejos apenas llegue a percibirla.
¿Puede un terremoto provocar un tsunami?
Sí, aunque no todos los terremotos submarinos generan uno. Para provocar un gran tsunami normalmente es necesario que se produzca un desplazamiento importante y vertical del fondo marino. Cuando una enorme masa de agua es empujada repentinamente, la energía comienza a propagarse por el océano.
En alta mar las olas pueden pasar relativamente desapercibidas. Al aproximarse a costas menos profundas disminuye su velocidad, aumenta su altura y pueden convertirse en enormes masas de agua capaces de penetrar kilómetros tierra adentro. Así ocurrió, entre otros casos, en Lisboa en 1755, Chile en 1960, Sumatra en 2004 y Japón en 2011.
No todas las fallas tienen la misma capacidad para producirlos. La falla de San Andrés, por ejemplo, presenta principalmente un desplazamiento horizontal, por lo que un gran terremoto en ella no debería generar un tsunami oceánico comparable al de Sumatra o Japón.
El Big One: el gran terremoto que California espera
Pocos terremotos futuros han generado tanta literatura, documentales y películas como el llamado Big One.
El término se utiliza popularmente para referirse al gran terremoto que en algún momento volverá a producirse en California, especialmente asociado a la falla de San Andrés.
Esta enorme estructura tectónica marca buena parte del límite entre la placa del Pacífico y la placa Norteamericana. Ambas se desplazan lateralmente una respecto a otra: la placa del Pacífico avanza hacia el noroeste aproximadamente unos cinco centímetros al año.
El movimiento parece insignificante, pero no lo es cuando se mantiene durante décadas o siglos. En algunos sectores de la falla el desplazamiento se produce poco a poco. En otros, las rocas permanecen bloqueadas mientras la tensión continúa aumentando. Cuando finalmente la fricción deja de ser capaz de mantenerlas en su posición, la energía acumulada se libera bruscamente. Y se produce el terremoto.
Eso ya ocurrió en California en 1857 y, de manera especialmente famosa, en San Francisco en 1906.

Por eso los científicos saben que volverán a producirse grandes terremotos en el sistema de San Andrés. Lo que no saben es cuándo.
Un gran terremoto en el sur de California podría afectar seriamente a carreteras, puentes, conducciones de agua, líneas eléctricas, comunicaciones y edificios, además de provocar incendios y deslizamientos. En una región densamente poblada, las consecuencias económicas podrían ser enormes.
Sin embargo, conviene separar ciencia y espectáculo. California no va a «partirse en dos» ni caer al océano, como tantas veces hemos visto en el cine. Las placas se desplazan fundamentalmente de forma horizontal. De hecho, el USGS señala que terremotos superiores aproximadamente a magnitud 8,3 en la falla de San Andrés son extremadamente improbables por las propias dimensiones de la falla.
El Big One llegará algún día. Pero nadie puede decir si será mañana, dentro de veinte años o dentro de varias generaciones.
¿Se pueden predecir los terremotos?
Esta es probablemente una de las preguntas que más nos hacemos cada vez que comienza una secuencia sísmica como la que está viviendo Granada. La respuesta, por ahora, es no.
La ciencia puede identificar fallas activas, conocer qué regiones presentan mayor peligrosidad, estudiar terremotos anteriores y calcular probabilidades de que se produzcan determinados movimientos durante periodos largos. Lo que actualmente no podemos hacer es anunciar que «el próximo martes a las diez de la mañana habrá un terremoto de magnitud 7 en determinado lugar».
Para hablar de una verdadera predicción sería necesario determinar previamente lugar, momento y magnitud, algo que actualmente no es posible.
Sí existen, en cambio, sistemas de alerta temprana. No predicen el terremoto antes de que comience, sino que detectan rápidamente sus primeras ondas y pueden proporcionar unos segundos de aviso a zonas situadas a cierta distancia. Puede parecer muy poco tiempo, pero puede servir para detener trenes, interrumpir determinados procesos industriales o permitir que una persona busque protección.
Terremotos en España: ¿tenemos realmente riesgo sísmico?
España no se encuentra en una situación comparable a Japón, Indonesia o Chile, pero tampoco es un territorio libre de terremotos.
La península ibérica se encuentra próxima a la zona de interacción entre las placas africana y euroasiática, y esa situación explica buena parte de nuestra actividad sísmica.
Las regiones con mayor peligrosidad se concentran principalmente en el sur y sureste peninsular, especialmente Andalucía oriental y Murcia, aunque también existe actividad importante en Alicante, el Golfo de Cádiz, el mar de Alborán y los Pirineos.
Las Cordilleras Béticas constituyen, de hecho, la región con mayor actividad sísmica de la península ibérica. Allí encontramos importantes sistemas de fallas como las de Alhama de Murcia, Carboneras, Palomares o diferentes fallas de la cuenca de Granada.
Granada, una de las zonas sísmicas más activas de España
Lo que está ocurriendo actualmente en Granada no es, por tanto, una anomalía geológica. La cuenca de Granada es una de las zonas con mayor actividad sísmica de toda la península. Está atravesada por numerosos sistemas de fallas activas y registra principalmente terremotos superficiales de magnitud baja o moderada.
En agosto de 2026 esa realidad se ha hecho especialmente evidente. Dos terremotos próximos a magnitud 4,8 registrados con pocos días de diferencia han sido seguidos por numerosas réplicas y movimientos menores. El IGN ha localizado durante esta secuencia terremotos alrededor de Gójar, La Zubia, Ogíjares, Armilla, Dílar y Alhendín, entre otras localidades. Y no es la primera vez.
Granada posee una larga historia sísmica. El terremoto de 1431 provocó daños importantes en la ciudad y en la Alhambra. En 1806 otro movimiento afectó gravemente a Pinos Puente y Santa Fe. En 1884, el terremoto de Arenas del Rey se convirtió en una de las mayores catástrofes sísmicas de la historia española.
Más recientemente, en 1956, un terremoto de magnitud 5,0 en Albolote causó once muertos y dejó numerosos edificios inhabitables.
Incluso aquí encontramos una curiosidad sorprendente: el terremoto de Dúrcal de 1954 alcanzó magnitud 7,8, una cifra extraordinariamente alta para España. Sin embargo, su foco se encontraba a unos 650 kilómetros de profundidad, por lo que sus efectos en superficie fueron mucho menores de lo que podríamos imaginar al conocer únicamente su magnitud.
Los grandes terremotos de la historia de España
Nuestro país también conserva el recuerdo de terremotos que llegaron a destruir poblaciones enteras.
Uno de los más conocidos es el llamado terremoto de Lisboa de 1755, aunque su epicentro se situó realmente en el Atlántico, al suroeste del cabo de San Vicente. El IGN estima para él una magnitud aproximada de 8,5. El terremoto y, sobre todo, el tsunami posterior afectaron gravemente a las costas españolas. El IGN recoge 61 fallecidos en España directamente por el terremoto y otros 1.214 como consecuencia del tsunami.
Otro de los grandes episodios ocurrió el 21 de marzo de 1829 en Torrevieja, con una magnitud estimada de 6,6. Murieron 389 personas y localidades como Torrevieja y Guardamar tuvieron que ser prácticamente reconstruidas.
Especialmente dramático fue el terremoto de Andalucía de 1884, ocurrido la noche de Navidad y con epicentro en Arenas del Rey, Granada. Alcanzó aproximadamente magnitud 6,5, provocó 839 muertos según el catálogo del IGN, destruyó unos 4.400 edificios y dañó otros 13.000.
Mucho más reciente permanece en nuestra memoria el terremoto de Lorca del 11 de mayo de 2011. Su magnitud fue solamente 5,1, pero su escasa profundidad y proximidad a la ciudad hicieron que sus consecuencias fueran importantes: nueve personas murieron y numerosos edificios sufrieron daños estructurales.
Es probablemente uno de los mejores ejemplos españoles de por qué nunca debemos fijarnos únicamente en la magnitud.
¿Y qué ocurre con los terremotos de Canarias?
El caso de las Islas Canarias es diferente al de la península. Aquí la sismicidad está estrechamente relacionada con el carácter volcánico del archipiélago. El movimiento de magma y fluidos bajo los edificios volcánicos puede generar enjambres de pequeños terremotos, algo especialmente conocido desde las crisis volcánicas de El Hierro y La Palma.
Esto no significa que cada enjambre sísmico anuncie necesariamente una erupción. Los vulcanólogos analizan conjuntamente muchos otros parámetros: deformación del terreno, gases, profundidad de los terremotos, evolución de su localización y otros indicadores.
El propio IGN mantiene un catálogo específico y mapas históricos de la sismicidad canaria que muestran que los terremotos forman parte de la dinámica natural del archipiélago.
¿Por qué unos terremotos causan miles de muertos y otros apenas daños?
Quizá esta sea una de las cuestiones más interesantes. Tendemos a pensar que la magnitud determina automáticamente la gravedad de una catástrofe, pero la realidad es mucho más compleja.
Un terremoto profundo bajo una región poco poblada puede alcanzar una enorme magnitud sin provocar víctimas. Otro bastante menor, superficial y situado bajo una ciudad con edificios vulnerables puede convertirse en una tragedia.
Influyen la profundidad, la distancia al epicentro, el tipo de terreno, la densidad de población, la calidad de las construcciones, la hora a la que ocurre, la preparación de los servicios de emergencia y los fenómenos secundarios que pueda provocar.
Los terremotos también han demostrado que la prevención funciona. Países que conviven habitualmente con ellos, como Japón o Chile, han desarrollado estrictas normativas de construcción sismorresistente precisamente porque saben que no pueden evitar que la tierra tiemble. Lo que sí pueden intentar evitar es que los edificios se derrumben cuando lo haga.
Una Tierra que nunca ha dejado de moverse
Cuando vivimos una sucesión de terremotos como la que actualmente afecta a Granada, resulta inevitable preguntarnos si está ocurriendo algo extraordinario. Pero nuestro planeta nunca ha estado quieto.
Los continentes que hoy vemos en un mapa no siempre estuvieron donde están. Se han separado y unido lentamente durante cientos de millones de años. Se han levantado cordilleras, abierto océanos y cerrado antiguos mares. Las mismas fuerzas capaces de elevar los Andes o el Himalaya son las que continúan acumulando tensión bajo nuestros pies.
- Para saber más: ¿Qué es Pangea?
Los terremotos son una manifestación brusca y, para nosotros, a veces terrible de esa dinámica. A lo largo de la historia han destruido ciudades como Lisboa, San Francisco o Tangshan; han generado tsunamis capaces de atravesar océanos y han obligado a sociedades enteras a cambiar su manera de construir.
Lo que ha cambiado no es que ahora haya terremotos y antes no. Lo que ha cambiado es nuestra capacidad para detectarlos, medirlos y comprenderlos.
Hoy sabemos dónde se encuentran muchas de las grandes fallas, conocemos las regiones donde existe mayor peligrosidad y somos capaces de diseñar edificios preparados para resistir movimientos que hace unos siglos habrían arrasado una ciudad.
Todavía no podemos saber cuándo llegará el próximo gran terremoto, pero sí sabemos algo que la historia nos ha enseñado una y otra vez: la Tierra seguirá moviéndose, independientemente de que nosotros podamos sentirlo o no.
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Publicado en: Catástrofes