Espartaco contra Roma

Espartaco, de Denis Foyatier

Espartaco: el esclavo que desafió a la poderosa Roma. Durante más de dos años el ejército de esclavos comandado por Espartaco puso en jaque la autoridad de la República, derrotando uno tras otro a los cónsules y generales que le salieron al paso.

Pese a la derrota final, la muerte heroica que nos transmitieron las crónicas, el paralelismo que los propios historiadores quisieron percebir con la figura de Aníbal, o su capacidad para aglutinar una masa variopinta y heterogénea de gladiadores y esclavos y convertirla en un verdadero ejército hicieron que este nombre adquiriese la categoría de mito: Espartaco.

Todo comenzó la primavera del año 73 a.C. en una escuela de gladiadores situada en Capua, propiedad de un tal Léntulo Batiato. Los esclavos galos y tracios formaban el grueso de los gladiadores allí recluidos, que se entrenaban a la fuerza ante el inminente comienzo de una «gira», que en el 99’9 por ciento de los casos  significaba la muerte segura.

Un buen número de gladiadores (se habla de 200) idearon una fuga, descubierta en último momento. A pesar de ello, 78 consiguieron escapar. Entre ellos Espartaco, el cabecilla de la fuga junto con Crixo y Enomao. Parece ser que mientras se alejaban de Capua toparon en el camino con una caravana cargada con armas para la lucha de gladiadores en otra ciudad. Eso les permitió armarse.

A los gladiadores se les unieron también esclavos y posiblemente asalariados que trabajaban en el campo en condiciones terribles de existencia. El caso es que los fugitivos decidieron acampar momentáneamente en el monte Vesubio. Roma cargó contra lo que todavía consideraba como una alteración local del orden público protagonizada por chusma enviando al pretor Clodio Glabro al frente de tres mil hombres.

Las tropas romanas cercaron a los rebeldes en el Vesubio pero, inesperadamente, gladiadores y esclavos lograron romper el cerco e hicieron huir a sus sitiadores. Entonces otros muchos desheredados se unieron al grupo de Espartaco, que pudo llegar a reunir casi 70000 hombres. Roma decidió actuar con mayor decisión y los cónsules Lucio Gelio Publícola y Cneo Léntulo Clodiano acorralaron al griupo comandado por Crixo cerca del monte Gargano matando a veinte mil esclavos (entre ellos el propio Crixo).

Espartaco era más duro de pelar. Subió al norte por la costa adriática hasta llegar a Módena, donde derrotó al procónsul de la Galia Cisalpina. En este punto, los historiadores no se ponen de acuerdo sobre las intenciones de Espartaco. ¿Por qué, llegados al norte de Italia, Espartaco no se atrevió a cruzar los Alpes?

La cuestión es si realmente él había tenido ese propósito. Algunos cronistas romanos de la época señalan que sí, viendo en Espartaco al hombre libre que la (mala) fortuna había hecho esclavo. En otras palabras, no pensaría como un esclavo en rebeldía (deseo de vengarse cometiendo saqueos y dándose al pillaje), sino sus anhelos y su forma de pensar serían de más altas miras: atravesar los Alpes para que los esclavos galos y tracios retornasen a su patria.

Pero lo cierto es que al final Espartaco decide volver al sur a finales del año 72 a.C. Por su parte, Roma estaba ya más que harta. Su primera reacción había sido lenta, mal planeada y despreciando la amenaza de la rebelión (al cabo, para la mentalidad romana los esclavos eran chusma incapaz de enfrentarse al ejército romano). Los dos generales más prestigiosos de la época eran seguramente Cneo Pompeyo y Marco Terencio Lúculo, pero el primero se encontraba luchando en Hispania y el segundo hacía lo propio en oriente.

Así que el Senado otorgó a Licinio Craso, que pasaba por ser el hombre más rico de Italia, el mando único contra Espartaco. Sin embargo, el gran rebelde todavía estaba a punto de lograr una victoria más, cuando derrotó al lugarteniente de Craso, Mumio, quien desobedeciendo las órdenes de Craso no se limitó a vigilar los movimientos de los esclavos sino que osó atacarlos.

Espartaco llegó a Reggio. Parece que quería pasar a Sicilia y, de ahí, tal vez a África. Pero, como en todo gran drama, faltaba una traición: la que cometieron los piratas cilicios con los que se había negociado el alquiler de sus barcos, por así decir. Craso aprovechó su momento. Mandó levantar un foso de más de 50 kilómetros y cercó a Espartaco en el sur.

Incluso así, los rebeldes lograron romper el asedio. Pero Roma ya no estaba dispuesta a consentir que aquello se prolongase más tiempo. Ahora sí reunió todas sus fuerzas, ordenando a que Pompeyo y Lúculo se uniesen a la guerra.

En la batalla final, narrada por Plutarco, el historiador griego nos presenta a Espartaco con los perfiles de un héroe trágico, dirigiéndose sin miedo contra el mismo Craso, avanzando a pesar de las heridas de los contricantes y la huida de sus propios compañeros. Al final, dice Plutarco, «se defendió hasta que murió cubierto de heridas».  

Foto vía: tesco

Publicado en: Edad Antigua, Historia de Roma

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1 comentario

  1. Edgar dice:

    Saludos, ¿Cual fue el impacto o las consecuencias de la rebelion de esclavos liderados por Espartaco al imperio Romano?. Gracias

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