La revolución de Epaminondas en Leuctra

Espartanos

No es mucho lo que sabemos de Epaminondas antes de la batalla de Leuctra. Antes al contrario, parece como si de la nada emergiese entonces la figura del gran estratega. En todo caso, las fuentes antiguas ponen el acento en la edución recibida, propia del perfecto caballero griego: atletismo, música, filosofía (escuela pitagórica).

Sabemos, eso sí, que cuando en 379 a.C los tebanos refugiados en Atenas expulsan a los ocupantes espartanos de su ciudad (ver antecedentes de la batalla de Leuctra), en la empresa liberadora descolla Pelópidas, amigo de Epaminondas. Tampoco será ocioso suponer que entre esa fecha y el año de la batalla de Leuctra, Epaminondas jugase un papel destacado en el fortalecimiento de Tebas. De no ser así apenas se entendería que en el 371 a.C. el tebano fuese designado beotarca, jefe político y guerrero de la Liga Beocia.

Como tal, a Epaminondas le cupo en suerte el dirigir las operaciones de la batalla que significó un giro en la manera de entender la estrategia militar a campo abierto. Es posible hablar de una revolución “epaminóndica” y que se resume en la disposición táctica denominada “orden obliquo”.

En resumen, las batallas de los griegos hasta ese momento se definían por una alineación frontal en la que la vanguardia correspondía siempre al ala derecha, desde donde partían las tropas de élite o los soldados considerados como mejor preparados y disciplinados.

La innovación de Epaminondas parece banal y sin embargo, tras más de siglo y medio de continuas guerras de los helenos (entre sí o con el enemigo persa), a nadie se le había ocurrido. En Leuctra, el sector más fuerte y armado del ejército tebano entró por el ala izquierda, mientras los cuerpos central y diestro demoraban estratégicamente la marcha antes de entrar en combate.

A decir verdad, nosotros no somos expertos en táctica militar. Nos sorprende que estas dos características aportadas por Epaminondas pudiesen resultar tan decisivas. No llegamos a hacernos una idea demasiado clara de cómo pudo haberse producido tal victoria. Sin embago, los manuales y enciclopedias que hemos consultado vienen a coincidir misteriosamente en esos dos puntos: el reforzamiento del ala izquierda y el combate escalonado explican la resonante victoria del ejército tebano sobre fuerzas que los superaban en número.

Las consecuencias geoestratégicas fueron ambiguas. Por una parte aceleraron el declinio de Esparta como potencia. Los lacedemonios ya nunca se levantarían del todo. Atenas había sufrido en 404 a.C una derrota similar a manos de la misma Esparta. Nunca pudo retomar sus sueños imperialistas de instaurar una talasocracia democrática universal, si bien paradójicamente su influencia se multiplicó en el ámbito del saber y de la cultura.

Esparta nunca había destacado por su fomento de las artes ni las letras. Su poder y su fama eran debidos a su capacidad guerrera y militar. Perdida ésta, lo que se perdió fue Esparta misma. Por eso hoy la gloria de Atenas es todavía visible en la acrópolis mientras que Esparta no es más que un anónimo desierto inexistente barrido por solitarios vientos espectrales.

¿Y que pasó con Epaminondas? Tebas dominó Grecia durante una década. Espartanos, atenienses y otros griegos se unieron contra ella en Mantinea, año de 362 a.C. Allí se produjo el canto de cisne del genio de Epaminondas. Tebas ganó la batalla pero su líder resultó herido de muerte. Fue el principio del fin.

Foto vía: miniaturasjm

Publicado en: Edad Antigua, Historia de Grecia, Personajes históricos

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