Charles Chaplin, Charlot en la Historia del Cine

Charles Chaplin

«Hoy día decimos Chaplin como decimos Vinci, o por mejor decir Charlot como decimos Leonardo» (Jean-Luc Godard).

Apenas se piensa en Chaplin nos entran ganas de soltar fáciles frases del estilo Chaplin es el cine o al séptimo día Dios descansó…y Chaplin créo el cine. Claro que sabemos que el cinematógrafo no lo inventó nuestro protagonista de hoy. Claro que sabemos que hay quienes le niegan el pan, que no la sal, y discuten su posición artística frente a algunos de sus contemporáneos (como Buster Keaton).

Pero es que Chaplin, más concretamente su alter ego Charlot, es más que todo eso: es un icono universal, patrimonio de la humanidad no menos que las pirámides de Egipto o la torre de Hércules. Si todavía podemos amar al hombre será por cosas como las películas de Chaplin.

Se ha dicho con razón que su juventud fue dickensiana, y que le servirá de ulterior inspiración a la hora de crear su mágico personaje de Charlot. Charles Spencer Chaplin nace en abril de 1889, en un Londres al que le costaba sacarse el manto victoriano. Sus progenitores eran artistas en cabarets de segunda. El padre abandonó el domicilio a los dos años de nacer Charles y la madre iría deslizándose muy lentamente por la pendiente del desequilibrio mental.

Tras iniciarse en los escenarios, ya como miembro de una compañía de niños cómico y bailarines, ya como actor secundario en varios papeles, descreyendo de aquel teatro monótono y periclitado, su intuición y sus gustos se inclinan por las posibilidades creativas de la pantomima.

Así consigue entrar en la célebre compañía de Fred Karno. La compañía cruza el océano en un par de ocasiones. El choque con la realidad americana será vital. En 1913 la compañía actúa en Nueva York. Los colaboradores de Marck Sennet, director de la productora de comedias Keystone, asisten a uno de los espectáculos y descubren el talento del joven Charles.

Aquí comienza todo, aunque no será un camino de rosas. La Keystone era un caos. Muchas películas rodadas ni siquiera disponían de guión, sino que mezclaban elementos circenses y de music hall y agitaban el cóctel para ver lo que salía. Además Chaplin desconocía el mundo del cine. Y entonces, en su camerino, antes de salir al plato para rodar su segunda película, Chaplin crea Charlot.

Pantalones holgados, bombín abollado, bigotito, zapatones, chaqueta estrecha…en palabras del mismo Chaplin: «es al mismo tiempo un vagabundo, un caballero, un poeta, un soñador, un tipo solitario que espera siempre el idilio o la aventura…sin embargo, lo más que hace es coger colillas o quitarle su caramelo a un bebé».

La imagen creada iba a tener un éxito sin precedentes. Chaplin era un perfeccionista y se esforzó por dotar a su personaje de una serie de gestos y gags característicos, una idiosincrasia cómica única e intransferible. Solamente hay que visionar alguna de sus maravillosas películas para comprobar de qué manera tan exquisita lo consiguió. En el oscuro mundo que estaba a punto de establecerse, no fueron pocos los que dulcificaron las lágrimas del sufrimiento con las mucho más beneficiosas que provocaban los films de aquel poeta de la cámara. ¡Muchas gracias, señor Charlot!.

Charles Chaplin murió el 25 de diciembre del año 1977, (Charlot nunca lo hará) a los 88 años. Como legado nos dejó casi 80 películas en las que, como director o como actor, invirtió más de 50 años de su vida.

Publicado en: Personajes históricos

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