Wilhelm Gustloff, pánico en alta mar

Wilhelm Gustloff

Ah, el hombre. Interesante criatura. Entre la bestia y el ángel, lleno de claroscuros, capaz de realizar la noble hazaña con la aurora y el crimen indigno por la noche.

Esta historia pertenece a nuestro lado sombrío. Al mismo tiempo, es una de esas historias tristes de la mar, es decir, el relato de un naufragio. Poco importa que se trate de un hundimiento provocado o debido a causas naturales, nuestra imaginación se acelera cuando las escenas de un barco que se va a pique cruzan nuestra cabeza. Somos animales de tierra y el mar siempre fue esa región indómita, traicionera, guardián de lo desconocido. Todos los naufragios convergen en el pavor que provoca su narración a los oyentes que esperan en la costa. Lo mismo da que un iceberg tumbe un icono de lujo y poder, o que sea un submarino enemigo el responsable de la tragedia. Como las serpientes, los naufragios siguen causando pánico al mono que todavía hoy nos habita.

En la Segunda Guerra Mundial los alemanes, como se sabe, se internan por el oriente de Europa a la manera de los cosacos (y nos perdonen los cosacos). Si los oficiales prusianos, instruidos y de exquisita educación, tenían poco que ver, por ejemplo, con los oficiales españoles de la época (si no tuviera esa cantidad de muertos a sus espaldas, ¿no era acaso el señor aquel del bigote una especie de Chaplin mediterráneo?), el encanallamiento del régimen nazi implicaba la irreversible disolución moral del individuo. La excusa de la búsqueda del Lebensraum o espacio vital, ya deplorable en sí, no casaba con las maneras de los Einsatzgruppen, grupos de asesinos desequilibrados que cometieron las mayores atrocidades.

Pero todo flujo conoce su reflujo o, como diría Sancho, quien las da las toma. El Ejército Rojo aprendió a combatir. Sobre todo, empezó a disponer de armas en condiciones. La dinámica cambió. Los rusos avanzaban decididamente hacia Berlín. En ese avance, la costa alemana de Pomerania quedó aislada. A comienzos de 1945 los alemanes intentaban evacuar el mayor número de personas. Entre los barcos encargados de tal misión se encontraba nuestro protagonista, el Wilhelm Gustloff.

Pequeño salto en el tiempo: el Wilhelm Gustloff (así llamado en memoria de uno de los considerados mártires nacionalsocialistas) se construyó en 1937. Pertenecía al Kraft durch Freude (KdF) organismo a su vez dependiente del Deutsche Arbeitsfront (Frente de Trabajo). El KdF se encargaba de la organización del ocio para los trabajadores del partido. El pan y circo era aquí autopistas y cruceros.

El barco tenía más de 200 metros de eslora. Era una mole que superaba las 25000 Tn. En 1939 recogió en el puerto de Vigo a miembros de la Legión Cóndor tras haber descargado productos de primera necesidad. El 1 de septiembre los alemanes invaden Polonia: se cree que Hitler había estado escuchando a Wagner toda la noche del 31 de agosto. El Wilhelm Gustloff se reconvierte en barco hospital los primeros años de guerra. Luego sirve también de base flotante para las tripulaciones de submarinos del Báltico.

En enero de 1945 miles de personas esperan en el puerto de Gotenhafen ser evacuadas. Numerosos barcos alemanes participan en la enorme operación de traslado, entre ellos se encontraba nuestro Wilhelm. Podemos imaginar las condiciones meteorológicas adversas del Báltico en invierno. La temperatura del agua no era exactamente la de un balneario.

Era mediodía de un 30 de enero de 1945 cuando el barco salió de Gotenhafen. Además de la tripulación, en él viajaban enfermeras, heridos de guerra, y miles de mujeres y niños, que formaban el grueso de los refugiados. Cifras oficiosas hablan de más de diez mil personas. Para que se hagan una idea, la capacidad originaria del buque era de poco más de un millar de personas.

Un submarino soviético descubrió el pastel. Disparó tres torpedos contra el Gustloff que no tardó una hora en hundirse. Barcos alemanes próximos rescataron de las aguas bálticas a unos cientos de hombres y mujeres. Pero los supervivientes fueron apenas la décima parte del pasaje: más de nueve mil personas murieron en la mayor catástrofe náutica ocurrida jamás.

La gente se pregunta si era necesaria esta matanza. Hhmmm. La historiografía europea y norteamericana ha trazado unos curiosos meandros con los años. Primero era Alemania la encarnación del Mal. Pero pronto se mira con desconfianza a la URSS. Es así que las barbaridades rusas empiezan a salir a luz: el caso del Wilhelm Gustloff, sin ir más lejos.

Sin embargo, no se trata de establecer una jerarquía de malvados. En la guerra moderna no hay inocentes, aunque sí víctimas. Y víctimas fueron todos aquellos que sufrieron en sus propios cuerpos la barbarie. Nunca más, por favor.

Publicado en: Conflictos belicos, Edad Contemporanea

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1 comentario

  1. joseluis dice:

    La barbaridad mas grande de la Historia Universal, la cometieron los alidos lazando bombas atomicas sobre ciudades que no eran objetivo militar,con el unico odjetivo que la
    dominacion ECONOMICA del Mundo, espero que algun dia se depuren responsabilidades de esta barbadidad.

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