El asesinato de Abraham Lincoln

Asesinato de Lincoln

Tras la rendición del líder de la Confederación Robert E. Lee a manos de su par de la Unión, Ulysses Grant, en los últimos estertores de la desgarradora guerra de Secesión estadounidense, sólo restaba que Carolina del Norte, acaudillada por Joseph E. Johnston, depusiera sus armas para concretar la histórica victoria del Presidente Abraham Lincoln.

Aquella mañana, como claro guiño de la buena marcha en el proyecto de unión nacional, los periódicos anunciaban que un relajado Lincoln asistiría junto a su esposa al teatro Ford para presenciar la comedia musical «Nuestro Primo Americano«, junto a su mano derecha, el General Grant y su mujer.

A las 11 de aquel 15 de abril de 1865, Lincoln se encontró con Grant en su gabinete, quien presentó sus disculpas por no poder acompañarlo en la velada. Por su parte, el Secretario de Guerra, Edwin Stanton, le urgió al Presidente a no hacer una aparición pública, temeroso que algún rebelde (simpatizante confederado) intentara algo en su contra.

Quizás reticente a alterar sus planes por temor a proyectar una imagen de debilidad, Lincoln mantuvo su agenda, invitando al Mayor Henry Rathbone y su prometida, Clara Harris, en reemplazo del matrimonio Grant.

Tras un paseo en coche por la tarde, y una breve visita al Departamento de Guerra, donde no había novedades, Lincoln concurrió al teatro, sin la compañía de guardaespaldas, a pesar del insistente pedido de su habitual custodio, Crook, de acompañarlo.

Teatro Ford

Lincoln sabía que fuera de su palco en el teatro habría un policía custodiándolo, y consideraba suficiente esta medida.

Tras arribar al teatro, ambas parejas se ubicaron en su palco, con la puerta cerrada pero no con cerrojo.

Tras unos momentos, el policía, John Parker, un conocido bebedor, abandonó su puesto para ir por un trago, dejando desguarnecido el palco.

Durante el tercer acto, el Presidente y la Sra. Lincoln se mantuvieron cercanos, con sus manos entrelazadas, mientras disfrutaban la obra.

Detrás de ellos, la puerta comenzó a abrirse lentamente, y en silencio un hombre se introdujo dentro del palco. Apuntando una pistola a la nuca de Lincoln, tiró del gatillo, Mary alcanzó a sujetar a su marido y gritó.

Ahora con una daga en le mano, el hombre exclamó, «Sic semper tyrannis!» («Así siempre a los tiranos «), desgarró el brazo de Rathbone de una cuchillada hasta el hueso, y luego saltó del palco, enganchado su espuela en una pieza del telón, y quebrándose su tobillo izquierdo en la caída. Rathbone y Harris gritaron pidiendo que alguien lo detuviera, pero logró escapar por la puerta trasera.

Inconciente, Lincoln fue llevado en andas a través de la calle, improvisándose un pequeño hospital en la casa de la familia Petersen. La bala había ingresado por detrás de la oreja izquierda y destrozado su cerebro, hiriéndolo de muerte. Tras una larga agonía, acompañado por su hijo, parte de su gabinete, y más de siete cirujanos, murió la mañana siguiente.

La conspiración:

Originalmente, el plan no era tan cruento, simplemente se trataba de secuestrar a Lincoln, llevarlo al Sur y establecer una posición de poder para exigir reformas a las duras políticas de no intercambio de prisioneros aplicadas por el General Grant (un fuerte golpe para la Confederación, con duras limitaciones para conseguir nuevos reclutas).

El actor John Wilkes Booth, de cierto reconocimiento popular por aquel entonces, y ardoroso adherente a la causa sureña (ya vencida irremediablemente), lideró el complot, que tras verse frustrado en sus pasos iniciales cambió su objetivo por el asesinato del Presidente y algunos integrantes destacados de su gabinete, como el Vicepresidente Andrew Johnson y el Secretario de Estado William Seward, todo ello con el fin de sembrar el caos.

Recompensa por Wilkes Booth

Tras el asesinato, John Wilkes Booth escapó de la ciudad junto a George Powell, a quien había asignado la misión de acabar con la vida del Secretario de Estado William Seward (quien sobrevivió al ataque reponiéndose de sus heridas).

Ambos fueron rastreados días después hasta una granja vecina. Mientras Powell se entregó inmediatamente, Wilkes Booth se resistió a hacerlo, los soldados de la Unión rodearon el establo en el cual se ocultaba y le prendieron fuego.

Alcanzado por un disparo en el cuello, el conspirador murió dos horas después, murmurando «Fue inútil, inútil…»

Publicado en: Personajes históricos

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1 comentario

  1. Ana dice:

    Interesante Web.
    Saludos!

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