La Guerra de la Independencia: nombres para una guerrilla

agustina de aragon goya

Nuestra memoria colectiva nos sitúa como fieros e indomables, epítetos que nos ganamos durante la Guerra de la Independencia. Fue aquélla una época de luchas sin cuartel y de tensiones políticas en un siglo dominado por el genio estratégico de un pequeño hombre que atendía al nombre de Napoleón.

Sus ansias de poder, su inteligencia y su ambición lo situaron como un rival temible para cualquiera. La propia Francia pre-napoleónica, el imperio austro-húngaro, los rusos, y en Africa, Túnez o Egipto entre otros, no pudieron hacerle frente, y año tras año, el imperio de Napoleón se extendía por el mundo. Aliados con los regentes españoles bajo una supuesta colaboración que luego resultó ser más ficticia que real, sus ojos se fijaron en el reino de Portugal, pero para ello, las tropas de Napoleón habían de cruzar la Península Ibérica.

Un inteligente ardid, y la ingenuidad de la Corona española, con Carlos IV, que fue forzado a abdicar en su hijo Fernando VII, y posteriormente retenidos en Bayona, dejaron el caminoto expedito para que las tropas francesas, al mando del general Murat entraran en territorio español en marzo de 1808. El 23 de marzo de ese año, Madrid fue tomada por Murat, pero lejos de controlar el país, los sucesos que desencadenaron en el fatídico 2 de mayo, no hicieron sino unir a un país en una lucha común: echar a los franceses de España.

Guardamos de aquella Guerra de la Independencia un recuerdo de orgullo patrio, de admiración a quienes entregaron su vida por la liberación de su país, pero aquella lucha, que acabó en una imparable guerrilla fue por algo más que por la libertad. Se buscaba sobrevivir  y superar los saqueos a los que habitualmente Francia obligaba a sus sometidos. Había que defender los campos, las cosechas, los medios de vida de una España rural, y por eso, la guerrilla española se extendió desde el norte del país, desde el campo, desde los pequeños propietarios agrícolas.

Así había comenzado la lucha pero aquel 2 de mayo de 1808, tras la revuelta en Madrid, se encendió una mecha que caló en todos los estamentos de la sociedad española. La imparable fuerza napoleónica que había arrasado en Europa, se encontró de repente enfrentada a una fuerza contra la que no sabía cómo luchar. Eran asaltos rápidos, batallas cruentas en campos y montes, en lugares que muy bien conocían los españoles pero en los que no sabían manejarse las tropas napoelónicas.

guerra de independencia en España

Y cayeron las primeras derrotas, como la de Bailén o como la del Bruc. Hasta el propio Napoleón tuvo que venir a España para ponerse al frente, e incluso consiguieron llegar hasta la mismísima Cádiz.

Sin embargo, parecía como si por cada español que cayera se levantaran tres. Y si bien habían comenzado a controlar la situación en Madrid y Andalucía, fue después desde Galicia donde empezaron a llegar las siguientes derrotas. Francia no daba abasto. Casi 56.000 guerrilleros se levantaron en Galicia contra las tropas del mariscal Sault. Casi 18.000 bajas tuvieron los franceses sólo en aquella región en pocos meses.

A Galicia se unió Navarra después, y luego Cataluña. Javier Mina y Francisco Espoiz y Mina fueron los máximos referentes entre los navarros, pequeños propietarios agrarios que vieron como sus cosechas peligraban y que fueron capaces de reunir a un grupo de insurgentes que lucharan cuerpo a cuerpo contra los invasores.

Los catalanes, por su parte, atacaban a las tropas que de refresco entraban por los Pirineos, cortando así el abastecimiento. Allí destacó Joan Clarós, que luchó en el Ampurdán y cuyos logros llevaron a conseguir que se levantara el sitio de Girona. Allí mismo destacó también Joaquín Ibáñez, otro notable guerrillero catalán. Como también lo fue Francesc Milans del Bosch.

Dos de los nombres más destacado y que quizás más han perdurado en el imaginario popular son los de Jerónimo Merino, al que todos conocemos como “el cura Merino”, que luchó en Burgos y que fue el gran referente del clero español y del fanatismo, pues famosas fueron sus escaramuzas y su crueldad a la hora de enfrentarse a los franceses. Pero también muy conocido es el nombre de Juan Martín, el Empecinado, que luchó en la zona de Guadalajara y que llegó a dirigir a más de 2.000 guerrilleros.

Pero si hay un nombre y una imagen que destaque sobre todas, y que se convirtió (y es aún) un símbolo nacional de la fé en la libertad y en la lucha por los ideales, esa es Agustina Saragossa y Domenech, a la que siempre conoceremos como Agustina de Aragón. Ella, con sólo 22 años, se marchó desde su ciudad natal, Reus, a Zaragoza, atravesando el cerco de las tropas napoleónicas, y cuando todo parecía perdido allí, en las murallas de la ciudad, en la Puerta del Carmen y a punto de entrar los franceses, Agustina tomó un cañón y lo disparó contra los invasores.

Aquella imagen quedó inmortalizada para siempre de la mano de nuestra máxima figura pictórica del momento, Goya, y acabó por convertirla en la heroína que todo el país necesitaba.

Muchos de aquellos héroes, aunque fueran simples campesinos o pequeños propietarios, acabaron exiliados durante el reinado de Fernando VII, rey al que se negaban a reconocer por su reconocida afiliación con los franceses…

Publicado en: Edad Moderna, Historia de España

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2 comentarios

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  1. joseluis dice:

    los Catalanes y la guerra de Independencia, debemos tener muy presente la gran complicidad del pueblo y las mas altas autoridades que simpatizaban con los ideales franceses, y todo lo demas querer hacer patriotas, por medios politicos.

  2. priscila dice:

    muy util

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