La Armada Invencible, desastre de Felipe II

Armada Invencible

A finales del siglo XVI, la historia marítima dio un profundo vuelco. España perdía su hegemonía en favor de Inglaterra, quien pasaría a dominar los mares. Pero todo empezó algo antes, con la boda entre Felipe II y la reina inglesa María I, nieta de los Reyes Católicos. Esto convertía al bueno de Felipe en rey consorte de Inglaterra.

Sin embargo, a la muerte de María en 1558, Felipe le propuso matrimonio a la nueva reina, la hermana de María, Isabel I. Los protestantes ingleses recomendaron que Isabel no se casase con el católico Felipe, cosa que provocó las primeras rencillas entre ambos países, desavenencias que fueron aumentando con el paso de los años, motivadas por el hecho de que Isabel permitía y alentaba las revueltas protestantes en países como Francia u Holanda, y oprimía duramente a los católicos de Inglaterra.

Para colmo, su ejército participó activamente en la propia Holanda en favor de las protestas contra los españoles. Evidentemente, no estaban ya las cosas para una boda ni una posible reconciliación. Ante esto, Felipe no ve otra cosa que intentar frenar el avance protestante, llevando de nuevo la fe católica a Inglaterra. Con la bendición papal y las promesas del Vaticano, puso en marcha un plan para invadir Inglaterra, destronar a la reina Isabel I, y colocar en su lugar a su hija Isabel.

A simple vista, puede parecer que las razones de Felipe eran sólo religiosas. Pero nada más allá de la realidad. Mientras la flota española luchaba contra los turcos, los ingleses habían entrado en aguas españolas del Nuevo Mundo al mando de los piratas Francis Drake y John Hawkins. Estos piratas ingleses no paraban de saquear barcos españoles en aquellas aguas.

Es lógico que Felipe estuviera bastante cansado de estas incursiones. Tras vencer a los turcos, Felipe pudo ya por fin organizar su flota en 1584, colocándola al mando del Marqués de Santa Cruz, el marino más cualificado de la armada española. Sin embargo, Santa Cruz murió pronto, siendo relevado por el Duque de Medina Sidonia.

Las cosas no empezaron bien desde el principio, ya que el duque era un simple marinero, para nada cualificado para llevar tamaña empresa. Pidió a Felipe II que le relevara en el cargo, pero el rey se negó a ello. Fue el propio rey el que se encargó realmente de la situación, estableciendo su propia estrategia, sin contar con el asesoramiento de ninguno de sus generales militares, más curtidos en batallas.

Felipe II

Para rematar la faena, y enterado de los asuntos de Felipe II, el pirata Francis Drake apareció por sorpresa por el puerto de Cádiz en 1587, atacando los barcos que se encontraban en construcción para el asalto a Inglaterra, lo que provocó un enorme retroceso en los planes de Felipe II. La cosa, como véis, no auguraba nada bueno.

Por fin, el 20 de mayo de 1588, España ponía en marcha la flota más poderosa que jamás había montado, la Armada Invencible. Un total de 130 barcos, con más de 30.000 hombres a bordo, partieron del puerto de Lisboa a la conquista de Inglaterra. El Duque de Medina Sidonia tenía orden de acceder al Canal Inglés, para encontrarse con el Duque de Parma, que lo esperaría con sus tropas de tierra en Dover. El Duque de Parma comandaba las fuerzas españolas en los Países Bajos.

Los ingleses avistaron la flota española desde Cornualles el 19 de julio, casi dos meses después, y apagaron todos los faros de la costa. Al amparo de la oscuridad, la flota inglesa salió de Plymouth y se posicionó detrás de los españoles, en un avance estratégico milimétrico.

La batalla comenzó en serio cuando ambas escuadras se encontraron el 27 de julio en Calais. Los barcos ingleses aventajaban a los españoles en maniobrabilidad y velocidad. El primer asalto acabó con una mínima victoria inglesa, lo que provocó que el Duque de Medina Sidonia ordenara una primera retirada.

Sin embargo, con el Canal Inglés bloqueado, la única salida para los españoles era bordear la punta norte de Escocia y luego tomar la costa de Irlanda. Sin embargo, para ello los españoles no tenían mapas. Lo que no contaban tampoco era con los temibles elementos de estas costas. Una sucesión de tormentas fue destruyendo poco a poco y dispersando a los barcos españoles. Sólo la mitad de los barcos y la cuarta parte de las tropas regresaron a Portugal.

Los ingleses vieron en la mano de Dios la causa de aquellas tormentas que le dieron la victoria, por lo que se afianzaron aún más en su fe protestante. Parece como si Dios hubiera soplado con enfado sobre las aspiraciones de Felipe II.

Foto 1 Vía El Conde Jayán
Foto 2 Vía Aulastic

Publicado en: Conflictos belicos, Edad Moderna, Historia de España

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