Oliver Cromwell, Lord Protector de Inglaterra, Irlanda y Escocia

retrato de oliver cromwell
Retrato de Oliver Cromwell, pintado por Robert Walker

De cómo un labrador noble consiguió llegar a ser, durante muchos años, el personaje más relevante de un gran país como Inglaterra, es una historia complicada y cuando menos controvertida. Tanto que su persona, la de Oliver Cromwell, una de las más importantes de la Historia de Inglaterra, es tan admirada como vilipendiada, tan ensalzada como gran estandarte de la libertad como denigrada por dictador y regicida.

Es curioso, en términos simples, que alguien que luchó por la libertad de su país con unos principios tan rectos y fieles, llegara a convertirse en asesino de su rey, en conspirador y finalmente se autoencumbrara como Lord Protector para perpetuar su vida.

Los primeros años de Oliver Cromwell

Oliver Cromwell nació en Huntingdon, en Inglaterra, el 27 de abril del año 1599. Durante los primeros años de su vida pocos registros se conservan de él, salvo que llegó a estar inscrito en el Sidney Sussex College de Cambridge, un centro puritanista en el que ni siquiera llegó a graduarse.

Poco podría destacarse, por tanto, de sus primeros cuarenta años de vida, salvo su matrimonio con Elizabeth Bourchier en 1620 y el nacimiento de sus siete hijos.

Fue precisamente este enlace el que le dio el apoyo necesario para que poco a poco se introdujera en la comunidad comercial de Londres, dado que su suegro era un importante comerciante muy apreciado en la city. De él provinieron los contactos con los condes de Warwick y Holanda, que le valdrían para ascender en su naciente carrera política y militar.

También en este periodo comenzó a profundizar en su fe puritana, que marcaría cada una de sus decisiones futuras, impregnando tanto su vida pública como privada con un sentido casi mesiánico de misión divina.

Cromwell, diputado y parlamentario

Como diputado por Huntingdon, su ciudad natal, Cromwell accedió al Parlamento en el año 1628. Sin embargo, apenas un año después, el rey Carlos I disolvió la Cámara de los Comunes, por lo que la figura de Cromwell volvió a perderse en los anales históricos, aunque se sabe que fue aquel decenio de los años 30, una etapa de crisis personal que lo llevó a vender sus tierras natales para trasladarse a una granja en St. Ives, en Cambridgeshire.

Durante estos años también sufrió episodios de melancolía y angustia religiosa que él mismo describió como una conversión espiritual, viéndose a sí mismo como instrumento de la voluntad de Dios.

Con la nueva convocatoria del Parlamento, en el año 1640, Cromwell volvió a contar con patrocinio para presentarse, en esta ocasión como representante de Cambridge.

Fue en esta época cuando poco a poco comenzó a labrarse la confianza de los aristócratas de la Cámara de los Lores y cuando, con motivo del enfrentamiento entre parlamentarios y realistas, se unió al ejército del Parlamento, con el que consiguió bastantes victorias al frente de un escuadrón primero, y un regimiento después a partir del año 1642.

Pese a carecer de formación militar formal, Cromwell demostró un innato talento para la organización y la disciplina, especialmente entre sus tropas de caballería, conocidas como “Ironsides”, por su férrea moral y su eficacia en el combate.

Tensiones monárquicas en Inglaterra

Las tensiones en Inglaterra llegaban hasta la misma monarquía, diametralmente opuesta a los intereses del Parlamento. El rey Carlos I fue acusado de ineptitud tras producirse una sublevación católica en Irlanda, y esta acusación instó al rey a mandar detener a los principales miembros de la Cámara que se le habían opuesto. La mecha quedó encendida y la sublevación de los parlamentarios no tardó en presentarse.

La guerra civil de 1642 enfrentó por un lado a los parlamentarios, formados por las clases más llanas, pequeños propietarios agrícolas, burgueses y los más puritanos, de los que Cromwell era miembro destacado, con los realistas, formados por la Iglesia Anglicana y la aristocracia inglesa.

Desde aquel año de 1642, Cromwell con su recién formado ejército revolucionario, el New Model Army, del que era segundo como teniente general de caballería, cosechó victoria tras victoria hasta su gran triunfo en la batalla de Naseby.

En 4 años su nombre estaba al frente de las más insignes figuras como representante de la libertad en Inglaterra, y ya en 1646, con la detención del rey Carlos I, se alzó como el principal defensor de aplicar la pena capital al monarca.

En estas campañas, Cromwell fue implacable no sólo contra los enemigos en el campo de batalla, sino también contra la tolerancia religiosa hacia el catolicismo, al que consideraba una amenaza existencial para la nación inglesa.

Juicio al rey Carlos I de Inglaterra

Con el Parlamento, nuevamente dividido, esta vez entre los que abogaban por restituir al rey en el trono pero controlando su poder, y los más extremistas, los puritanos que pedían la cabeza del rey, Oliver Cromwell comenzó a mostrar su cara más enérgica al controlar la Cámara de los Comunes, depurar el Parlamento y, aprovechando el intento de huida del rey, juzgar a Carlos I en público y ejecutarlo el 30 de enero de 1649, momento en el que disolvió la monarquía y la Cámara de los Lores, para establecer una República en la que él estaba al frente.

traslado del rey carlos i antes de ser ejcutado
Traslado del rey Carlos I antes de ser ejecutado, obra de Eugène Lami

Fue la primera vez en la historia europea moderna en que un monarca era juzgado y ejecutado por un tribunal nacional, lo que convirtió el caso inglés en un referente revolucionario del poder parlamentario sobre el derecho divino de los reyes.

Irlandeses y escoceses sufrieron su ira en los años siguientes, cuando literalmente los aplastó tras una sangrienta carnicería para someter a los católicos irlandeses y a los realistas escoceses que habían nombrado rey a Carlos II.

Las matanzas en Drogheda y Wexford, en particular, pasaron a la historia como episodios de una brutalidad difícil de justificar incluso en el contexto de la guerra, y siguen siendo motivo de profundo resentimiento en la memoria irlandesa.

Oliver Cromwell, Lord Protector de Inglaterra, Irlanda y Escocia

Ante semejantes demostraciones de fuerza, la Cámara de los Comunes intentó controlar al ejército de Cromwell, pero éste, ahogado por su propia gloria, la disolvió en el año 1653, nombró a dedo a 139 cargos de su confianza y se nombró a sí mismo Lord Protector de Inglaterra, Irlanda y Escocia. Si bien rechazó el título de rey cuando se le ofreció, su gobierno fue en muchos aspectos una monarquía encubierta, apoyada en un fuerte aparato militar y un Consejo de Estado centralizado.

Curiosamente, aquéllo contra lo que luchó fue en lo que acabó convertido: un terrible y sanguinario déspota, que si bien hizo mucho por su país (favoreció el comercio marítimo en el país y con él Inglaterra se convirtió en una potencia internacional con posesiones incluso más allá del Atlántico), terminó con incluso más poderes reales de los que tenía el propio Carlos I.

Durante su mandato también promovió una tolerancia relativa hacia algunos grupos religiosos protestantes disidentes, como los cuáqueros o los anabaptistas, aunque siguió persiguiendo con dureza a los católicos.

Final de Cromwell

Semejante vida no podía tener un final agradable.

Oliver Cromwell murió el 3 de septiembre de 1658, se cree que por malaria y cálculos renales, sumiendo a la República en el caos. Aunque fue su hijo Richard quien lo sucedió como Lord Protector, ni su figura ni su inteligencia fue la suficiente como para mantenerse en el poder al que tuvo que renunciar en la primavera de 1659.

Un año después el Parlamento reinstauró la Monarquía poniendo en el trono a Carlos II, quien en 1661 exhumó el cuerpo de Cromwell de la Abadía de Westminster donde fue enterrado, para colgarlo primero a la vista de todos, decapitarlo después y finalmente arrojarlo a una fosa de la que no se sabe su paradero.

Este acto simbólico pretendía borrar de la historia la era republicana y restaurar el orden monárquico con una advertencia clara hacia futuros disidentes.

La cabeza de Oliver Cromwell se clavó en una pica a la entrada de la Abadía de Westminster y allí estuvo en ese estado durante 24 años, hasta 1685, tiempo desde el que, tras cambiar de manos en repetidas ocasiones, acabó por ser enterrada en el año 1960 en Cambridge, en terrenos del College donde estudió.

Publicado en: Edad Moderna, General, Personajes históricos

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