Napoleón en Rusia: la invasión

Napoleon

Una mañana de otoño de 1806 el filósofo alemán F.W.Hegel dictaba a sus alumnos en la universidad de Jena cuando a través de la ventana vio aparecer, montado a caballo, el «espíritu objetivado»: Napoleón.

Las tropas francesas acababan de humillar al ejército prusiano, tras lo cual se entregaron a un saqueo parcial de la ciudad. Hegel mismo había sido cuidadoso: en una manga de su abrigo había cosido los papeles de lo que representaría su triunfal entrada en la gran filosofía: La Fenomenología del Espíritu.

Que el gran filósofo alemán llegase a identificar ese Espíritu con el indómito corso, pese a las incomodidades que supuso para los habitantes de Jena las tropelías del ejército francés, muestra a las claras la fascinación que provocaba la figura de Napoleón Bonaparte.

Seis años después, su poder había crecido, pero su estrella menguaba. El antiguo general republicano había devenido dictador. Todavía enorme estratega, cada vez que miraba un mapa de Europa lo que se reflejaba era su propio rostro, tal era la magnitud de su imperio. Solamente España, en virtud de un pueblo que parecía querer ser esclavo de los suyos que libre en compañía extraña, molestaba, y de qué manera, los proyectos de Napoleón.

Había dos elementos perturbadores, amén del caso español. Inglaterra, sometida a bloqueo comercial tras el fracaso de invasión (paralelismos de la historia: Felipe II y la Armada Española), y Rusia. Rusia, en teoría aliada de Francia contra Inglaterra, se mostraba cada vez menos dispuesta a seguir a Napoleón. Éste, vacilante, decidió invadirla.

Esa decisión resultó crucial para el futuro de Europa. Napoleón reunió un poderosísimo ejército, la Grande Armée, con reclutas provenientes de todos los estados vasallos. Las cifras bailan según los distintos historiadores, pero, en todo caso, serían más de 600000 hombres. Respecto al contingente propiamente galo tampoco hay unanimidad, aunque los soldados franceses podrían representar, aproximadamente, unos 300000. El resto eran alemanes, austríacos, italianos, polacos…hasta españoles había en la Grande Armée.

El 24 de junio de 1812 el grueso del ejército, con Napoleón al frente, cruzó el río Niemen, en Lituania, y se internó en Rusia. El avance, rápido y desorganizado, no fue fácil. Los tropas rusas, divididas entonces en dos ejércitos que no superarían los 250000 hombres (se estaba formando un tercero, más numeroso), rehuían el combate, lo que desesperaba a los soldados de la Grande Armée.

El general ruso defensor de semejante táctica era Barclay de Tolly. Pero el zar se cansó de esta actitud ‘cobarde’. Otro general, Kutusov, asumió el mando ruso, decidiendo plantar batalla. Ésta se produjo al fin en Borodino, a las puertas de Moscú, colosal enfrentamiento entre 300000 soldados a lo largo de un día entero.

La Grande Armée venció a un coste enorme de vidas humanas. Con el camino despejado, el ejército imperial (reducido ya a una quinta parte de sus efectivos tras 900 kilómetros de marcha) entró en Moscú, ciudad fantasma y humeante: sus habitantes la habían abandonado y las autoridades habían incendiado almacenes y graneros. Como predominaba la madera, el fuego se propagó rápidamente por toda la urbe.

Napoleón, instalado en el Kremlin, esperaba la capitulación del zar, que nunca llegó. Así estuvo un mes hasta que, tal vez, el Gran Corso comprendió la necedad de su empresa. ¿Cómo vencer a una nación cuyo territorio era tan extenso que no podía ser ocupado nunca por completo?

Si invadía Moscú, el zar, la cabeza visible del poder ruso, podía retirarse a San Petersburgo. Si atacaba San Petersburgo, las autoridades podían desplazarse hasta Siberia. Y, en definitiva, si los seguía hasta Siberia, los rusos siempre tenían la opción de instalar la corte en el extremo asiático de la inmensa Rusia. El cuento de nunca acabar.

El 19 de octubre, la Grande Armée se retiró de Moscú. Lo que no podía saber Napoleón es que estaba comenzando uno de los otoños más duros de todo el siglo. La odisea de la retirada francesa, diezmada por el frío y las enfermedades, y azotada por los ataques que los cosacos efectuaban sobre la retaguardia merece, sin embargo, una segunda parte de este artículo.

Publicado en: Edad Contemporanea

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3 comentarios

  1. ¿Porque? dice:

    ¿Porque no me dejan darle copy? aggg :@ Solo necesitaba un pedacito para unirlo a la info. que ya tenia :@ :@ :@

  2. Nooo dice:

    Porque lo ponen como imagen?? PORQUE?ª!?!?!?!?!

  3. Belieber dice:

    y do0nde sta la segunda parte del articulo0???

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