El Papa Urbano II y la Primera Cruzada

El Papa Urbano II en el Concilio de Clermont, Francia

El Papa Urbano II proclamó la Primera Cruzada en el Concilio de Clermont, en Francia, el 27 de noviembre del año 1095. Se trataba en palabras textuales de un empeño santo de expulsar a un pueblo esclavizado por los demonios. Los turcos de Seljuk habían ocupado las tierras sagradas. Desde el pontificado de Gregorio VII y la fatídica Batalla de Manzikert, en la que fueron derrotadas las fuerzas bizantinas, los emperadores orientales habían enviado un llamamiento a Roma en busca de ayuda. Ahora le tocaba el turno al Papa de actuar.

Europa se había convertido en un campo de batalla incesante, con conflictos y guerras infinitas. La intención era unir a las facciones feudales contra el enemigo común para así mitigar el riesgo de nuevas guerras y reorganizar los recursos y las energías exclusivamente contra los musulmanes. Llevar la guerra a los infieles era una contienda digna de llevarse a cabo. Así lo proclamó el propio Papa Urbano II en una indulgencia plenaria, la primera de este tipo, en favor de todos aquellos que combatieran al pagano. Para el hombre medieval, muy temeroso de las llamas del infierno y el purgatorio, esta indulgencia fue un motivo muy poderoso para unirse a la Cruzada.

El éxito de la Cruzada aumentaría el prestigio del papado y tal vez acabó de una vez por todas con el cisma que se había desarrollado entre las religiones cristianas orientales y occidentales. El Papa Urbano II hizo un llamamiento a todos los cristianos, ya fuesen caballeros, lacayos, rico o pobres, e incluso a los saqueadores. A pesar de formarse un poderoso ejército, no podría ser dirigido por los grandes generales reyes de la época, ya que Felipe I y Enrique VII habían sido excomulgados.

Los terratenientes que formaron parte de la Cruzada se vieron recompensados ya que sus explotaciones quedaban protegidas y garantizadas por la Iglesia, no sea que sus tierras intentaran ser robadas en su ausencia. A los saqueadores que participaran en la Cruzada, se les perdonarían sus castigos y deudas.

Nicea sería liberada de los musulmanes en el 1097, y en el 1099 el ejército cruzado llegaría a las puertas de Jerusalén. La batalla originó un baño tremendo de sangre, y muchos de los prisioneros fueron decapitados. Muchas de las crónicas de la época relatan que los soldados que sobrevivieron a la batalla llegaban a Jerusalén con sangre hasta la altura de los tobillos.

En marzo del año 2000, el Papa Juan Pablo II se disculpó por los pecados cometidos por la Iglesia, incluyendo las Cruzadas. La primera Cruzada dio lugar a 150 años de intensa actividad y batallas. Aún así la Cruzada no terminó ni con el cisma ni con las guerras privadas que asolaban Europa. No obstante sí impulsó una nueva era del comercio, un beneficio significativo que allanó el camino hacia la gran prosperidad europea.

Publicado en: Edad Media Baja

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1 comentario

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  1. Eudes u Odón de Lagery dice:

    mi abuelo tenia mucha razon por algo reclamo eso

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