
Uno de los grandes logros de la humanidad fue la Antigua Biblioteca de Alejandría. Considerada en su época como la más grande del mundo conocido, estaba situada como su propio nombre indica en la ciudad egipcia de Alejandría.
Se cree que su fundación se realizó en torno a los primeros años del siglo III a.d.C. y que corrió a cargo de Ptolomeo I Sóter, para ser más tarde ampliada por su hijo Ptolomeo II Filadelfo. En su interior, llegó a cobijar más de 900.000 volúmenes y su destrucción es, aún en nuestros días, motivo de agrias disputas.
En este sentido, tal acción es atribuida (y según a qué investigadores y corrientes hagamos caso) por igual a romanos, cristianos o musulmanes. La razón quizá estribe en que no se han encontrado pruebas fehacientes ni testimonios fiables acerca de qué ocurrió realmente; además de esto, las ruinas que han permanecido hasta nuestros días son, también, muy escasas habiendo tan sólo aparecido algunos vestigios pertenecientes al Serapeo, pero ninguna del Museo.

Seguro que hay muchas preguntas sobre Historia que siempre te has hecho, pero para las que nunca has encontrado respuesta, con este artículo vamos a tratar de resolver algunas de las más curiosas:
¿Quién inventó la pasta?
Según la Organización Internacional de la Pasta, son muchas las teorías que se han elaborado en torno al origen de este alimento. Algunos investigadores adjudican el descubrimiento a Marco Polo en el siglo III, cuando la introdujo en Italia de vuelta de uno de sus viajes a China.
Pero hay quien remonta más atrás, a las antiguas civilizaciones etruscas que la elaboraban mediante la trituración de diversos cereales mezclados con agua, que luego cocían, resultando un plato sabroso y nutritivo.

Muchos son los logros que se le atribuyen al rey Guillermo I de Inglaterra, llamado el Conquistador. Sin embargo, uno de los más curiosos e importantes para la historiografía de los que consiguió, poco tiene que ver con las escaramuzas que tienen lugar en el campo de batalla.
Nos estamos refiriendo al conocido como Domesday Book (la palabra “Domesday” proviene del vocablo inglés antiguo “dom”, que en español quiere decir “cuenta” o “reconocimiento”), aunque en algunas fuentes también se le menciona simplemente como el Domesday, Doomsday o el Libro de Winchester y que fue el más importante registro de Inglaterra. Escrito en latín fue completado bajo el mandato de Guillermo, en el año 1086, posee ya similitudes con nuestros censos actuales.
Una de las razones por las que el rey decidió emprender esta empresa fue el hecho de que necesitaba conocer mejor el país que acababa de conquistar, en orden de saber administrarlo. A tales efectos, el monarca necesitaba saber quién tenía propiedades y a cuánto ascendían las mismas; en este sentido, y según una crónica anglosajona, Guillermo “(…) envió hombres por toda Inglaterra, a cada comarca… para averiguar… qué y cuánto tenía cada terrateniente en términos de propiedades y ganado, y cuánto era su valor”.

Pilum es el nombre de un arma arrojadiza pesada, diseñada para ser lanzada con la mano a corta distancia, justo antes del combate cuerpo a cuerpo.
Los Íberos utilizaron dos tipos de lanzas arrojadizas pesadas funcionalmente muy similares al pilum romano: el soliferreum, una jabalina pesada de 2 metros de largo, toda ella forjada en una sola varilla de hierro y terminada en una punta corta, a veces con aletas barbadas, y la falarica que era un arma casi idéntica al pilum, que podía además ser empleada como arma incendiaria.
Los romanos refinaron su tipología y la convirtieron en el arma ofensiva característica de sus legiones, desde la República hasta muy avanzado el Imperio.

En la actual Formello, provincia de Roma, se emplazaba la antigua ciudad de Veyes, un importante enclave etrusco que llegó a ser incluso la urbe más importante de las que conformaban la célebre Liga Etrusca.
Esto fue así, debido prácticamente a su magnífica situación estratégica, ya que estaba enclavada justo en la frontera meridional con Etruria. Además de esto, era la localidad etrusca más cercana a la imponente Roma, por lo que casi de forma continua ambos pueblos estuvieron en guerra: los enfrentamientos llegaron a dilatarse en el tiempo más de 300 años.
Tras este largo período, en el siglo IV a.d.C. cayó en manos finalmente del ejercito romano, comandado por el general Marco Furio Camilo durante la conocida como Guerra de Veyes, que se extendió durante 10 años. A partir de entonces, la ciudad pasó a ser parte de la República Romana.

Los límites fronterizos que el Imperio Romano asentó a lo largo y ancho de su Imperio se conocen, en términos historiográficos, como “limes” (palabra latina que, en español, puede ser traducida bien como “límite” o bien como “frontera”, aunque en un principio servía para designar un camino que estuviese vigilado por patrullas desplegadas en la frontera).
Era habitual que se utilizaran recursos naturales a tales efectos, como pudiera ser el caso de los ríos Danubio y Rin, aunque también los romanos construyeron una buena batería de murallas, sobre todo a partir del último tercio del siglo I y, en especial, en aquellos determinados sitios donde la defensa del lugar no podría ser eficaz de otra manera frente a las cada vez más insistentes y enérgicas invasiones bárbaras. El siglo II sería ya testigo del levantamiento de murallas más estructuradas e importantes. En ellas, y cada cierta distancia, se colocaba una torre de vigilancia o cualquier otro tipo de construcción que se unía a la muralla.

Grandes galeones han cruzado los mares y han representado a las más importantes naciones en cruciales batallas, este es el caso del Soleil Royal, el buque insignia de la flota francesa construido en honor de Luis XIV, el Rey Sol.
Este magnífico barco fue diseñado por el ingeniero L. Hubac y construido en Brest entre 1669 y 1671. En su fabricación se invirtieron enormes cantidades de dinero para demostrar el poderío naval de Francia. El Soleil Royal era el orgullo de la flota francesa, dotado con 104 cañones y decorado en estilo barroco con tallas de madera y adornos bañados en oro.
El 10 de julio de 1690 se enfrentó a los barcos británicos en la batalla de Beachy Head y dos años más tarde libró su última lucha en el mar cuando en la batalla de Barfleur, frente a la flota formada por Inglaterra y los Países Bajos, fue gravemente dañado y tuvo que buscar refugio en la playa de Cherbourg, donde quedó indefenso ante las tropas holandesa y británica que lo destruyeron en la madrugada del 2 al 3 de junio de 1692.

El monarca Luis II de Baviera, quien ha pasado a los anales de la Historia bajo el apelativo de “el rey loco”, mandó sin embargo construir bajo su reinado uno de los castillos más fantásticos del mundo y que, con el paso de los años, se ha convertido en uno de los destinos turísticos más aclamados de toda Alemania.
Fue en el año 1866 cuando dio la orden de erigir el que sería conocido como el nuevo Hohenschwangau, nombrado así para rendir homenaje al lugar donde el monarca había pasado la mayor parte de su infancia; tras su muerte, la fortaleza pasó a denominarse Neuschwanstein, que en español quiere decir algo así como “la nueva piedra del cisne”.
Su historia se remonta al año 1884, momento en el que Luis II decide abandonar Munich, la capital alemana por aquel entonces, para instalarse de forma definitiva en el castillo para ir dirigiendo los trabajos de construcción ignorando, de este modo, todas las advertencias acerca de embargar sus propiedades que la banca extranjera le estaba haciendo. Poco después se declararía incapacitado y moriría ahogado, bajo extrañas circunstancias, en el lago de Stanberg, Múnich.

Cada vez que los conceptos de Guerra Civil española y fotoperiodismo, aparecen ligados a ella casi irremediablemente los nombres (mejor dicho, los pseudónimos) de Robert Capa y, desde hace unos años para acá, de Gerda Taro, gran compañera fotógrafa y amante del primero.
Ambos pioneros hicieron del fotoperiodismo un arte, y consagraron para la historia imágenes que se han vuelto verdaderos iconos de la contienda, como por ejemplo la tan célebre captura (que no ha escapado a la polémica) titulada “La muerte de un miliciano”.
Hoy en día, este capítulo de nuestra historia documentado en forma de fotografías, está más de actualidad que nunca gracias a la exposición que en nuestros días se muestra las salas del museo barcelonés MNAC (Museu Nacional d’Art de Catalunya) y que, posteriormente, lo hará en las ciudades de Madrid y Bilbao.

La muerte en el exilio de Niceto Alcalá-Zamora simboliza el fracaso de quienes creyeron en una República moderada y alejada de los radicalismos.
Niceto Alcalá-Zamora nació en Priego, Córdoba, el 6 de julio de 1877, en el seno de una acomodada familia. Al que fuera el primer Presidente de la Segunda República, lo podemos calificar de “señorito andaluz” que hizo la carrera de Derecho y fue oficial letrado del Consejo de Estado.
Entró en política de la mano del partido liberal de Moret, con el que no tardó en destacar en el Congreso de los Diputados gracias a sus elocuentes discursos.