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Los orígenes del título de Príncipe de Asturias

En España es de sobra conocido que el heredero de la corona española ostenta, entre otros títulos, el de Príncipe de Asturias. Sin embargo, pocas personas conocen el origen de tal distinción.

Sus orígenes hay que rastrearlos en el primer tercio del siglo XIV, momento en el cual don Rodrigo Álvarez comenzó a ostentar el primer gran señorío nobiliario en las conocidas como Asturias de Oviedo. En este sentido, don Rodrigo comenzó a utilizar el sobrenombre de don Rodrigo Álvarez de las Asturias, siendo sustituido este en algunas ocasiones por el de Álvarez-Nava en referencia a su villa natal.

Tras su muerte, y sin descendencia, el título pasó a don Enrique de Trastámara quien se lo cedió a su hijo bastardo: Alonso Enríquez. Sin embargo, durante el reinado de Juan I tuvieron lugar una serie de revueltas, encabezadas por el conde de Noreña, que hicieron que el monarca confiscase el señorío y lo acabase incorporando a la Corona.

En 1388, con el acuerdo de Bayona según el cual don Enrique de Castilla (futuro rey Enrique III) y doña Catalina de Láncaster deberían de contraer matrimonio para poner fin a las aspiraciones de estos últimos a la Corona de Castilla; del mismo modo, en él establecía que, al igual que en Inglaterra el heredero al trono era nombrado Príncipe de Gales y en Francia era titulado como Delfín, en Castilla ostentaría el título de Príncipe de Asturias.

Así, desde el mismo instante en que contrajeron matrimonio Enrique y Catalina llevaron el título de Príncipes de Asturias y, posteriormente, se ampliaría a los herederos de la corona de España.

Es preciso resaltar que en estos primeros tiempos el título implicaba la soberanía de poder nombrar jueces, alcaldes, etc en el territorio, que dirigirían el territorio en nombre de su Señor. Sería con los Reyes Católicos cuando pasaría a ser un mero título honorífico, carácter que sigue manteniéndose en nuestros días.