El 30 de marzo de 1983 los ciudadanos estadounidenses quedaban estupefactos ante la noticia del intento de asesinato del Presidente Ronald Reagan, en el que resultó herido tras los disparos de un agresor solitario en Washington. Ser Presidente en Estados Unidos es una profesión de riesgo, si no, bastan los casos de Abraham Lincoln, James Abram Garfield, William McKinley y John F. Kennedy como ejemplo, todos ellos asesinados durante el ejercicio de su cargo.
Particularmente el asesinato de Kennedy fue un fantasma que revivió con el atentado a Reagan, quien tras el incidente fue sometido a una cirugía de emergencia en el Hospital de la Universidad George Washington, según los rumores iniciales, había llegado al centro médico inanimado, alcanzado por una bala en su pulmón. Tras la conmoción inicial se pudo saber que sólo había sido herido por el rebote de una bala.
Concretamente, el 30 de marzo, tras abandonar el Hotel Hilton luego de una convención en Washington, la pequeña comitiva que acompañaba a pie hasta la limosina blindada a un sonriente y saludador Reagan, recibió entre 5 y 6 disparos, uno de ellos alcanzó al presidente.
Ejecutados por un sólo hombre a escasa distancia, los disparos impactaron también en la cabeza del Secretario de Prensa de la Casa Blanca, James Brady, un oficial del Servicio Secreto y un oficial de policía de Washington. Todo esto en los breves instantes que demandó a la guardia policial lanzar al suelo y desarmar al agresor, mientras el Servicio Secreto arrojaba sin muchas contemplaciones al Presidente dentro de la limusina, la cual partió raudamente.
Ronald Reagan contaba con sólo 69 días en función y la presidencia quedó vacía, desencadenando el caos general, hasta que el vice-presidente George Bush regresó de Texas. Con motivo del incidente la celebración de los Premios Oscar, programada para ese día, se trasladó al día siguiente.
El atacante fue posteriormente identificado como John Hinckley, de 25 años, hijo de un prominente ejecutivo de la industria aceitera. Fue acusado de intento de asesinato, sus motivos para hacerlo fueron, según confesó, una obsesión con la actriz Jodie Foster y el deseo de impresionarla. En junio siguiente, un jurado declaró a Hinckley inocente por demencia, y lo envió a un hospital psiquiátrico.
Ronald Reagan logró la reelección por un amplio margen casi cuatro años después. Murió en junio de 2004, a los 93 años de edad, tras sufrir la enfermedad de Alzheimer por diez años.