Erwin Rommel, el zorro del desierto

Erwin Rommel, el zorro del desierto

Admirado por sus rivales, pero desprestigiado y envidiado por los suyos, Erwin Rommel, mariscal de campo alemán, supo imponer en sus batallas una ética poco habitual en aquella época.

Amigo de la lealtad, incluso entre los enemigos, contrario a las tramas y a las ruindades, admirador de los héroes y del trabajo, capaz de detalles como haber enterrado con honores a los británicos que murieron mientras intentaban asesinarlo, su alto honor y sus valores y principios le granjearon las simpatías y el respeto de sus enemigos que incluso, le evitaron ser expedientado en el Tribunal de Nuremberg.

Biografía y vida de Erwin Rommel

Erwin Rommel nació en Heidenheim, en 1881. Hijo de una familia de clase media luterana, tenía otros cuatro hermanos. Curiosamente, de pequeño su carácter era apocado e introvertido, e incluso, mal estudiante. Sin embargo, destacaba por su físico y su apego a los temas militares. Cuando ingresó en el Ejército, Rommel pareció madurar y en poco tiempo, aquel joven apocado se transformó en un líder nato.

Rommel participó en la Primera Guerra Mundial en la zona del Argonne, donde destacó, siendo ascendido a teniente. Su valor le valió ganar la Cruz de Hierro en 1915, con 34 años, después de varias acciones heroicas, una de las cuales le llevó a atacar en solitario, bayoneta en mano y sin balas, a tres soldados franceses.

En 1916 y tras su boda, volvió al frente italiano ya al mando de un regimiento donde las muestras de audacia y sus proezas estratégicas empezaron a ser sonadas. Tras capturar a 150 oficiales aliados, a 9000 soldados y 81 cañones lo ascendieron a capitán y poco después condecorado con una de las máximas distinciones alemanas, la Pour la Merite.

Tras la Guerra le encomendaron trabajos políticos en la Alemania de la posguerra, hasta que en 1932 lo ascendieron a general. Hitler se fijó en él por primera vez cuando vio la preparación de los soldados a los que adiestraba en la Escuela Militar de Dresde, y en 1937 lo reclutó para adiestrar a las Juventudes Hitlerianas.

De ahí pasó a dirigir la Academia Militar de Wiener-Neudstad, tiempo en el que escribió su único libro, «Infanterie greift an» (Ataque de Infantería) obra en la que relataba sus experiencias en la 1ª Guerra Mundial. Tanto gustó a Hitler que le ascendió a comandante en jefe de su escolta. Ascendió a general y siguió en su costumbre de aprender, tan defensor como era del adiestramiento continuo.

Erwin Rommel

Rommel en la Segunda Guerra Mundial

Aprendió las estrategias de la guerra relámpago, la Blitzkrieg, y eso le valió comandar la 7ª División Panzer con la que, en poco tiempo, tomó, entre otros, a Cherburgo. Sus movimientos eran tan rápidos y certeros que al poco comenzaron a conocer a su regimiento como la «división fantasma«.

Aún en plena guerra, él siempre marchaba al frente de su tropa demostrando su valor y su capacidad mental para adelantarse a los movimientos del enemigo.

1941 fue el año que lo marcó para toda la Historia. En aquel año, Rommel, ya con el cargo de teniente general, consiguió el mando del Afrika Korps. Comenzaba así una leyenda, la del «Zorro del Desierto«.

El Afrika Korps

Italia, el aliado más débil de Adolf Hitler se estaba viendo desplazado de todas sus conquistas en África por los ejércitos de la Commonwealth. A aquel frente se dirigieron la 5ª y 15ª divisiones Panzer, las del Afrika Korps. Desembarcaron en Trípoli y allí, Erwin Rommel hubo de luchar no sólo contra el enemigo, sino contra la desmoralización de los italianos y contra la clara inferioridad numérica que tenían.

Aún así, sus victorias siguieron siendo tan rápidas, y su avance tan imparable, que se le comenzó a conocer entre los británicos como «El Zorro del Desierto«. Su nombre causaba tanto temor entre los soldados enemigos que los británicos firmaron una orden prohibiendo mencionarle para evitar la desmoralización de sus tropas. Además, los árabes, oprimidos durante años por los ingleses, empezaron a apoyarlo reconociéndolo, extraoficialmente, como el libertador de África.

En poco tiempo, Rommel había conseguido darle la vuelta a la situación, tomando las ciudades más importantes, poniendo de su lado a los lugareños y además atemorizando a sus enemigos.

Sus proezas, su valor, su sentido táctico y su capacidad estratégica lo podían equiparar con el mismo Napoleón. Aún así, batalla tras batalla, el mariscal demostraba su caballerosidad y su respeto al enemigo.

En junio de 1942, el sueño alemán llegó a su apogeo cuando tras tomar Tobruk llegó hasta las mismas puertas de El Alamein. La toma de esta ciudad le supondría el paso franco hasta el Canal de Suez, y, por ende, a todo el Oriente Próximo, fuente de grandes riquezas energéticas.

Rommel, genio estratega

La caída de Rommel frente a Montgomery

Sin embargo, el que fuera su momento cumbre acabó por convertirse en el principio de su caída. En Europa, Hitler, con una temeridad impropia, había decidido invadir Rusia. El frío invierno soviético acabaría por tragarse muchos de los recursos alemanes, y éstos cada vez eran menores en los restantes frentes. Allí, a las puertas de El Alamein, Rommel se quedó sin carros de combate y sin apenas carburante. Desde Berlín parecían ignorar la situación al estar centrados en Rusia, y Rommel quedó desamparado y con los escasos medios que le quedaban.

Montgomery, su más encarnizado rival, aprovechó la situación y le hizo un feroz ataque que obligó a Rommel a replegarse hasta Túnez. Mientras a Rommel no le llegaba ayuda alguna, los ingleses, por contra, se volcaban en el frente africano, llegando cada vez más refuerzos. Asfixiado por la superioridad logística militar aliada, Rommel hubo de volar a Berlín para hablar con Hitler, dejando al mando al general Von Armin.

Sin embargo, aquel encuentro fue infructuoso y poco después las tropas del Eje acabaron rindiéndose en África.

Sus últimos años los pasó en Grecia e Italia, hasta que en el conocido día D, el del desembarco de Normandía, Rommel volvió a mostrar su genio militar al comunicar al mando alemán su convicción de que presumiblemente el desembarco aliado se haría en Normandía. No obstante, una vez más, su capacidad estratégica fue menospreciada por el Führer y por Von Rundstedt que estimaron que se haría por el paso de Calais. Craso error que, probablemente, les valió la derrota, no sólo en aquel día de junio de 1944, sino en toda la guerra.

Cuando Rommel, tras el desembarco, hizo saber al Führer que la guerra estaba perdida, Hitler montó en cólera contra él. Los sucesos se precipitaron desde aquel día. El atentado fallido contra Hitler, la conjura con la que pensaban derrocarlo… todo parecía apuntar a Rommel como parte del complot, aún cuando él, leal como había sido toda su vida, seguía permaneciendo fiel al Führer.

Días después dos generales se presentaron en su casa. Tenía que decidir entre suicidarse y ser enterrado con honores de mariscal, o ser detenido, juzgado y deshonrado… él y toda su familia.

Aquel 14 de octubre de 1944, Rommel se despidió de su hijo y su esposa, subió al coche en el que habían venido a recogerle y allí mismo se tomó la cápsula de cianuro que acabó con su vida.

Rommel, el Zorro del Desierto, fue enterrado con todos los honores que se merecía un mariscal de campo, uno de los mayores genios estrategas del siglo XX.

Publicado en: Edad Contemporanea, Personajes históricos

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