Expulsiones y supresión de la Compañía de Jesús

Fundación de la Compañía de Jesús

La Compañía de Jesús surgió en plena crisis católica, cuando la Reforma se había extendido por el Viejo Continente alterando la situación confesional del mapa europeo en el siglo XVI. En 1540, año de la creación de la Orden de los Jesuitas por Ignacio de Loyola, Lutero ya contaba con un amplio séquito de seguidores incluso fuera del Imperio. Calvino era conocido no solo en su país natal, Francia, sino sobre todo en una parte de los cantones suizos, y especialmente en Ginebra, su centro de operaciones, y además ya se especulaba con la puesta en marcha de un Concilio que estableciera las nuevas bases de la religión católica y pusiera orden en un siglo tan convulso como aquel.

Origenes de la Compañía de Jesús

Apenas cinco años antes del comienzo del Concilio de Trento que daría pie a la Contrarreforma, el 27 de septiembre de 1540, el papa Paulo III les reconoció como nueva orden religiosa, que nacería no solo con los votos de castidad, pobreza y peregrinación, sino con un cuarto, que los diferenciaba, de obediencia al Papa.

Con el tiempo, los jesuitas lograron un espacio específico dentro de la labor misional eclesiástica, destacando en la educación de las élites sociales, en el confesionario de reyes y nobles con poder y en las misiones del Nuevo Mundo.

Con tales labores, la considerable poder e influencia que la Compañía de Jesús logró en los dos siglos siguientes, le granjearon numerosos enemigos en la misma Iglesia pero también, a lo largo del siglo XVIII, entre los ilustrados, los jansenitas, e incluso los dominicos, que también aspiraban al confesionario real.

A sus labores confesionales y educativas de las élites, se uniría su patente permisividad en cuanto a la flexibilidad de la que gozaban en sus prácticas religiosas, tendentes, en las nuevas tierras conquistadas, a respetar y defender los ritos locales.

Sin embargo, a toda esta oposición se uniría la de las propias Monarquías por su marcada oposición a los regalismos y por su sumisión al Papado, en un siglo en el que precisamente las ideas políticas absolutistas aspiraban a engrandecer al monarca lejos de la antigua sumisión que se le debía a Roma.

En estas circunstancias, aquel cuarto voto de obediencia al Papa y a los Estados Pontificios hacía que creciera la aversión a una orden tan dependiente del papado, y con tanto poder acumulado.

Los jesuitas, expulsados por primera vez. Supresión.

La primera expulsión de miembros de la Compañía de Jesús fue en Portugal en el año 1759, al que seguiría Francia, en 1764, y Parma en 1768. España, por su parte, se apoyó en el Motín de Esquilache, de 1766, para acusarlos de participación en el mismo, y expulsarles, después de una investigación tras la que el Conde de Campomanes decretó su expulsión de España, en su «Dictamen Final».

Expulsión de los Jesuitas

Tal fue el odio que suscitaron en los Borbones, que consiguieron estos que se eligiera Papa a un franciscano, Clemente XIV, quien firmó en 1773 la «Dominus ac Redemptor», que decretaba la supresión de la Compañía de Jesús.

A cambio de ese decreto, Francia y Nápoles le devolvieron al Papa, Avignon, Venaissin, Benevento y Pontecorvo.

Evidentemente, estas expulsiones supusieron que se pusieran en marcha las desamortizaciones de todos sus bienes eclesiásticos, aunque luego se usaron para parroquias o instituciones educativas.

Pasado todo aquel odio contra ellos, la Compañía de Jesús, sin embargo, volvió a restablecerse en el año 1814.

Publicado en: Edad Moderna

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