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La URSS de Gorbachov: de la perestroika al derrumbe

Breznev y su ministro de Asuntos Exteriores, Andrei Gromyco, simbolizaban a principios de los años 80 el atraso del modelo soviético. La muerte del primero, en noviembre de 1982, mostró las carencias de un régimen anacrónico, de un modelo de Estado paralizado en el tiempo, de precariedad absoluta y mal administrado.

El antiguo régimen se descomponía en medio de una profunda crisis económica y social que movió los cimientos del propio partido comunista, cada vez más dividido entre los que deseaban continuar con el mismo sistema de Estado y los que pedían una profunda renovación. Esa tensión se reflejó en la elección de los dos siguientes secretarios generales, Andropov, ex-director del KGB, y Chernienko, que estuvo pocos meses en el poder antes de su muerte.

En 1985 había un importante vacío político surgido de una crisis del modelo soviético basado en la centralización del poder y de espaldas a una realidad económica y social que precisaba de una liberación del mercado como forma de distribución eficiente de los recursos.

Mijail Gorbachov, Secretario General

Las tesis reformistas se impusieron y con ellas Mijail Gorbachov, quien llegó a encabezar la Secretaría General del partido el 11 de marzo de 1985.

Sus reformas precisaban cambiar el pensamiento político y situar correctamente a la URSS en el juego de la economía y política global; se necesitaba restaurar el modelo productivo (perestroika) y además, ser más transparentes e informativos (glasnost).

Todo debía comenzar con el reconocimiento de que la URSS no estaba en igualdad de condiciones con EEUU, su principal rival internacional. La creciente carrera armamentística de EEUU, potenciada por Reagan con su Iniciativa Estratégica de Defensa, requería de la URSS un esfuerzo presupuestario que en aquellos momentos se escapaba a sus capacidades económicas. La diferencia en competitividad entre uno y otro país era cada vez más evidente y llegaba el momento de reconocerlo internamente renunciando a esa carrera militar cada vez más costoso sin admitir abiertamente, al exterior, de la debilidad estructural que padecían.

Gorbachov era un líder comunicativo y abierto, comparativamente más joven que sus antecesores, y en apariencia más dinámico, lo que jugó en su favor en las relaciones internacionales que se abrían ante él. En 1986, en el XXVVII Congreso del PCUS, anunció sus intenciones de renunciar a la carrera armamentística y modificar el concepto de relaciones internacionales que se tenía en la URSS, basándolas ahora en la colaboración y cooperación recíproca con todos, en lugar de en la vieja y desfasada “coexistencia pacífica” en la que se movían hasta entonces.

Para ello deberían replegarse militarmente a nivel internacional: eludir las ayudas militar a otros países como estaban haciendo con Cuba o Vietnam, por ejemplo, renunciar a la doctrina Breznev que legitimaba la intervención soviética en países de Europa del Este, y por último, retirarse de Afganistán.

Problemas estructurales de la URSS

Sin embargo Gorbachov habría de luchar contra la profunda dicotomía que suponía un país considerado como potencia militar (de hecho, era la segunda potencia industrial militar) pero al mismo tiempo con altísimos niveles de pobreza producto de la ineficaz política comercial seguida por el país que incluso no le permitía cubrir las necesidades más básicas de la sociedad nacional.

Con una sociedad profundamente desmoralizada e improductiva, el desastre nuclear de Chernobil en abril de 1986, no hizo sino destapar al mundo la incapacidad soviética para hacer frente a tantos problemas internos.

Los ajustes necesarios eran tantos que chocaban con la deficitaria estructura burocrática y administrativa del país: liberalización de la economía, reformas en empresas públicas, ley de cooperativas, mecanismos de mercados que favorecieran la competencia, adecuación y ajuste de precios a la oferta y la demanda incentivos que aumentaran la productividad, aceptación de la propiedad privada…

Glasnost

Además, para que estas reformas fueran creíbles, debía actuarse fuera del hermetismo que había caracterizado al régimen soviético hasta entonces. La “glasnost” supuso una mayor libertad individual, de expresión y religión que se concretó en libertad de prensa y en la liberación de presos políticos del régimen anterior.

La sociedad comenzó a vislumbrar el significado de la economía de mercado, de la iniciativa privada y de los beneficios de una democracia, pero al mismo tiempo deslegitimó, por comparación con el periodo anterior, la labor hecha hasta entonces por el partido comunista y por el ejército, los dos pilares que sustentaban y (habían sustentado) a la URSS en los últimos 70 años. Sin ellos, tal cual estaba montado el sistema político soviético, todas las medidas de reformas se hacían inviables Era tal el anquilosamiento institucional que el sistema productivo y comercial se colapsó y en aquella primera época todos los índices económicos y sociales se hundieron.

Críticas y caída de Gorbachov

Gorbachov fue el centro de las críticas del sector que siempre había defendido el mantener el sistema tal cual estaba. Sus reformas no solo habían demostrado el desfase del modelo anterior, sino la imposibilidad de continuar siquiera con un Estado centralizado.

La misma dinámica adquirida con la llegada de Gorbachov al poder fue la que lo alejó del mismo. Comenzaron a aparecer voces rupturistas que apuntaban hacia otras repúblicas que buscaban su independencia, como Lituania, la primera en declararse independiente en 1990, aunque no la consiguió de forma efectiva hasta 1991.

Golpe de Estado y desmembración de la URSS

La presión de los sectores más inmovilistas y prosoviéticos acabó en un Golpe de Estado el 19 de agosto de 1991 que llevó los tanques a las calles de Moscú. En esa revuelta fue donde apareció la figura de un nuevo líder, Boris Yeltsin, quien hizo frente al avance militar convirtiéndose así en el nuevo héroe nacional.

En diciembre de aquel año, Ucrania votaba su independencia, y junto con Bielorrusia creaban la Unión de Estados Independientes. El día 21 de diciembre de 1991, ocho repúblicas más se declaraban independientes y se unían a la UE, mientras Estonia, Letonia y Moldavia comenzaban su andadura como nuevos Estados totalmente independientes.

Tras la renuncia de Gorbachov aquella misma Navidad, la URSS, después de 69 años de existencia desde su creación, como tal, dejó de existir. En el Kremlin ondeaba ya la nueva bandera rusa.