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¿A qué se llamó el Corralito en Argentina?

Cuando Fernando De la Rúa ocupó el cargo de presidente del Gobierno de Argentina en 1999, tras la desastrosa época de Carlos Medem, las administraciones públicas contaban con un déficit que superaba los 7.000 millones de pesos, una deuda externa asfixiante y una grave situación de corrupción gubernamental. La primera decisión de De la Rúa para paliar esta situación fue la de ajustar las cuentas públicas mediante el recorte de un 5% a las aportaciones para las universidades, con lo que pretendían ahorrar cerca de 2.000 millones de dólares.

A esta medida le siguió otra mucho más drástica, cuyas lamentables consecuencias han pasado a la historia, la de prohibir la libre circulación del crédito de los bancos, y sólo permitía a los ciudadanos sacar de sus cuentas bancarias 250 pesos a la semana. Medida tomada meses después de que el Congreso hubiese garantizado lo contrario mediante la «Ley de Intangibilidad de Depósitos«. Esta ley prohibía la intervención del Gobierno en el contrato pactado entre el banco y el depositante, así como cualquier cambio o alteración en las condiciones de dicho contrato.

La iniciativa del gobierno de De la Rúa hizo las veces de detonador de una situación de crisis económica ya muy deteriorada y tensa, lo cual llevó a que los ciudadanos se movilizasen en masa a la busca de los responsables y también de sus ahorros. La siguiente sorpresa que se llevaron los argentinos fue que sus ahorros se habían devaluado, sus ahorros valían 3 veces menos. Más tarde llegó una nueva vuelta de tuerca cuando se confiscaron y devaluaron los depósitos a plazo fijo. Una década después aun quedan muchas personas que no han logrado recuperar sus ahorros.

La palabra con la que se designó a estos encierros bancarios o limitaciones del capital fue «corralito», en referencia a los pequeños parques infantiles donde los niños están encerrados por barras acolchadas. Se trata de un término irónico usado por un periodista argentino llamado Antonio Laje para designar a los bancos, aunque con el tiempo se ha utilizado para definir al proceso en sí, a la limitación de la libre circulación del capital.