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Las Meninas, un cuadro para la Historia

Uno de los mayores genios de la pintura universal, el pintor barroco español Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, pintor de cámara del rey Felipe IV, llevó a cabo en 1656 una de las grandes obras maestras de la Historia del Arte: “La familia de Felipe IV”, más conocida mundialmente por el sobrenombre de “Las meninas”, el cual se empezó a utilizar en 1734.

Llevada a cabo en el que se califica como su período de madurez, es una pintura elaborada al óleo sobre un enorme lienzo, y está considerada como uno de los hitos de la Historia del Arte universal. En este sentido, es una de las creaciones pictóricas más estudiadas y analizadas del mundo, habiendo sido imitada y representada posteriormente hasta la saciedad.

Pintado, como decimos en 1656, España ya había pasado por la caída del Conde Duque de Olivares y por la Guerra de los Treinta Años, cuya Paz de Westfalia tuvo como consecuencia para el reino y para el monarca Felipe IV una clara decadencia. A este respecto, en el momento en que Velázquez creó “Las meninas”, el rey estaba ya muy envejecido y cansado; además, fue en este momento cuando Inglaterra y Francia pactaron el reparto de las posesiones españolas en Flandes, comenzando un duro ataque contra la monarquía española.

El tema del cuadro puede parecer, a primera instancia, bastante trivial. En él, las figuras (la infanta Margarita de Austria y sus damas de compañía: “meninas”, en portugués) están representadas a tamaño natural y han entrado en el estudio del pintor, que permanece observando los modelos que va a proceder a pintar y que, por lo que vemos reflejado en el espejo del fondo, no son otros sino el propio monarca, Felipe IV, y su esposa, Mariana de Austria. Este espejo crea, además, una sensación ilusoria y de creación de espacios que demuestran, una vez más, la genialidad de Velázquez.

Otros personajes que aparecen en el cuadro son, a la derecha y en penumbra, la guarda menor de damas Marcela Ulloa, y un caballero que permanece sin identificar y que podría ser un sirviente de la corte. Al fondo, vemos en las escaleras a José Nieto, aposentador de la corte, enmarcado por una puerta de madera con cuarterones que se abre a una habitación muy iluminada.

Técnicamente, el cuadro es insuperable, demostrando una auténtica maestría en el dominio de la luz y de las perspectivas, que aportan al cuadro una verdadera atmósfera, como si el espectador pudiese palpar el aire que hay entre las figuras.

En este sentido, las diversas lecturas, leyendas y teorías que circulan en torno a él son innumerables, otorgándole aún más el calificativo de gran obra maestra de la pintura universal.