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Olimpiadas Berlín 1936, Jesse Owens se lleva el oro nazi

La superioridad de la raza aria era, sin dudas, uno de los puntos distintivos del esquema nacionalsocialista hitleriano. Naturalmente, no se trataba de un concepto nuevo, pero sí adaptado al discurso propagandístico nazi.

Precisamente, la maquinaria de propaganda encabezada por el eficaz Joseph Goebbels, tendría en los Juegos Olímpicos de Berlín, en 1936, la oportunidad de mostrar al mundo la aceitada y precisa organización nazi, plasmando en el medallero su discurso racista.

Los deportistas alemanes habían encarado una preparación física de tiempo completo, alejada del espíritu amateur olímpico. Entre sus estrellas se destacaba el as de salto en largo Lutz Lang, un superatleta que encajaba perfectamente en la imagen del ario superior, cuerpo musculoso, cabello rubio y ojos azules.

En contrapartida, Estados Unidos tenía a Jesse Owens como figura, un afro-americano y, por lo tanto, de acuerdo con la ideología nazi, inferior en todos los aspectos a los atletas del equipo alemán.

Berlín acogió los Juegos olímpicos con un estadio olímpico a estrenar, con una capacidad de 100.000 espectadores. Se erigieron, también, 150 edificios nuevos que completaban la villa olímpica. Los afiches anti-semitas que desbordaban las calles alemanas desaparecieron días antes de los juegos. Los terribles carteles que rezaban: «Los judíos no son bienvenidos aquí», fueron retirados de los comercios. En pocas palabras, se hizo todo lo posible para garantizar un tranquilo desarrollo de los juegos, minimizando los puntos de conflicto.

De hecho, el único “incidente” de las olimpíadas de 1936, tuvo lugar en el propio estadio, y no fue causado por los alienados seguidores nazis, sino por un elemento de la llamada “raza inferior”.

La estrella estadounidense, Jesse Owens, obtuvo cuatro medallas de oro, en los 100m, 200m, salto de longitud y 100 metros de relevo. Durante los juegos, rompió 11 récords olímpicos y derrotó a Lutz Lang en una disputada final de salto en largo. Lang fue el primero en felicitar a Owens tras la conclusión de la final. El equipo estadounidense contaba con 10 integrantes afroamericanos. Sólo ellos, obtuvieron conquistaron 7 medallas de oro, 3 de plata y 3 de bronce.

Un furioso Hitler se negó a colocar la medalla de oro en el cuello de Owen.

A pesar de la gran expectativa y preparación, los nazis sólo descollaron en la cobertura radial. Veinte camionetas de transmisión fueron puestas a disposición de los medios de comunicación extranjeros, junto a 300 micrófonos. Los juegos se transmitieron en 28 idiomas diferentes. El director de la NBC, de Estados Unidos, felicitó a los nazis por este servicio, un triunfo personal de Joseph Goebbels.

Siegfried Eifrig llevó la antorcha que encendió la llama en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936. Se trataba de otro clásico exponente ario, alto, rubio, de ojos azules y atlético. Si bien Eifrig no logró entrar en el equipo olímpico alemán, su destacado paso por el Club Atlético de Charlottenburg le dio la oportunidad de llevar la antorcha olímpica al estadio.

«Fue un gran honor llevar la antorcha. No estaba tan nervioso sino concentrado. Tenía que asegurarme de que nada saliera mal. Había tanta gente allí. 300.000 personas me veían correr. »

Eifrig posteriormente fue reclutado, luchó en el norte de África y concluyó la guerra en un campo de prisioneros británico. Sobre la apabullante supremacía de los Estados unidos en los Juegos Olímpicos de 1936, señaló con escaso tacto:

«Los estadounidenses deberían estar avergonzados de sí mismos, dejando que los negros ganen sus medallas por ellos. No se dan la mano con ese negro… ¿Creen que voy a dejarme fotografiar estrechando la mano a un negro? «