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El Nacionalismo: Europa de 1848 a 1870

El nacionalismo pasó a ser un factor dinámico de la vida política del siglo XIX, sumándose al liberalismo. Sus defensores proclamaban el derecho a constituir estados que se identificaran con las nacionalidades, es decir, con aquellas colectividades que tenían en común elementos tales como idioma, religión, costumbres, sentimientos e intereses.

El nacionalismo ya había tomado forma durante la dominación napoleónica y se fortaleció tras el Congreso de Viena, dada la forma en que las grandes potencias habían rehecho el mapa europeo.

Ante el problema de las nacionalidades aparecían situaciones diferentes: nacionalidades fragmentadas en múltiples estados, como el caso de Alemania y de Italia; estados multinacionales, como el Imperio Austríaco ( que englobaba a checos, eslovacos, polacos, eslovenos, croatas, húngaros e italianos) y el Imperio Turco ( formado por los búlgaros, servios, albaneses y rumanos); y, por último, nacionalidades sometidas, como los casos de Irlanda en el Reino Unido, de los alemanes de Schleswig-Holstein en Dinamarca, de los noruegos en Suecia, de los finlandeses y parte de los polacos en Rusia y de otra parte de Polonia en Prusia.

La oleada revolucionaria de la etapa anterior había conseguido algunos éxitos (Grecia y Bélgica), pero será después de 1850 cuando el sentimiento nacionalista consiga grandes victorias.

El movimiento nacional más poderoso, culturalmente, se dio en Alemania. Allí, coincidiendo con el romanticismo, surgió una generación de intelectuales cuya influencia se extenderá por Europa en el siglo XIX, como había hecho los franceses en el siglo anterior.

Suele considerarse que el primer teórico del nacionalismo fue J.G.Herder (1744-1803), inspirador de la tendencia literaria del “Sturm un Drag”. Para Herder, toda verdadera cultura debe brotar de raíces propias. Una civilización debe expresar un carácter nacional. Partiendo de la idea de Herder, el filósofo alemán Fichte (1796-1879) va más allá; para él, el carácter nacional alemán es noble que otros. En definitiva, para los intelectuales alemanes, el nacionalismo se convirtió casi en una obsesión, la misma que años más tarde se dispersaría por otras naciones de Europa.

Foto vía:40.brisnter