- Historia General - https://historiageneral.com -

Güelfos y gibelinos

¿Quién no escuchó alguna vez hablar acerca de las disputas tardomedievales entre güelfos y gibelinos? Pero ¿quiénes eran unos y otros?¿Por qué y dónde se enfrentaban? ¿Qué defendía cada grupo? Y lo más importante, ¿cómo es que tenían unos nombres tan sugerentes, casi diríamos que salidos de la soñadora y fértil pluma de un Tolkien?

El enfrentamiento entre güelfos y gibelinos

En efecto, güelfo, gibelino, parecen sonidos que nos acercan a un mundo mítico, imaginado, más propio de Las Tierras Altas o de Comarcas habitadas por hobbits a la búsqueda de anillos que no términos salidos de la gris Europa de los siglos XII y XIII.

Sólo que ¿gris Europa? Dependerá de cómo la enfoquemos. Pero ni siquiera la vida monacal tan pujante entonces estaba libre de intrigas, nacidas de las envidias y rencores que palpitan bajo la débil coraza de la carne de cada hombre, por mucho que se vista con los hábitos del fraile (¿recordáis El nombre de la rosa?) o aun del santo.

Pero, en fin, nos desviamos de nuestro tema. Lo primero: los nombres. Güelfos y gibelinos: se trata de una italianización de dos apellidos de las familias alemanas que rivalizaban por el poder en el contexto germano del XII, es decir, en el contexto del Sacro Imperio Germano, los Welf (de aquí güelfo) y los Hohenstaufen, señores de Weiblingen (de donde gibelino).

Tras el período carolingio el centro de gravedad de la Europa Occidental oscila ligeramente, desplazándose desde el norte franco al otro lado del Rhin. En efecto, Alemania (mejor diríamos Germania, para no pensar que nos referimos al estado alemán moderno, que nace solamente hace siglo y medio) se convierte en la gran potencia regional.

O más propiamente: son sus señores feudales los que adquieren un inmensa revelancia política. Entre ellos nombran un rey. Durante siglos, el empeño de estos reyes alemanes, a veces ni siquiera primus inter pares, será dual: afianzar su posición frente al resto de señores (por ejemplo creando una dinastía) y devolver a Europa la gloria imperial, intentando dominar la inestable Italia y haciéndose coronar como emperadores en Roma por el papa.

Las verdaderas luchas entre los Welf y los Hohenstaufen dan comienzo en 1125, cuando Lotario II de Supplinburg sube al trono de Germania. Lotario era el suegro de Enrique el Soberbio, un Welf, quien entonces recibió Sajonia. Pese a ello fue Conrado III, un miembro de la familia rival, quien llegó a emperador en 1137.

Más tarde, después de una alianza entre ambos fracasada, Federico I Barbarroja (sobrino de Conrado y por tanto un Hohenstaufen) desterró a Enrique el León (hijo de Enrique el Soberbio). Sin embargo, las querellas renacerían con fuerza en 1198, año en el que la rama Welf se haría con el trono germano cuando Otón de Brunswick, Otón el Welfo, se impuso tanto al hijo (Felipe de Suabia) como al nieto (Federico de Sicilia) de Barbarroja. Hasta que 16 años después fue a su vez destronado por Federico II de Silicia.

Como se ve, un buen lío que no se circunscribía a Alemania, sino que también afectaba a Italia, entonces como casi siempre muy fragmentada aunque bajo la constante aspiración de los reyes alemanes (y del papa). Así, en 1215, en Florencia, la familia patricia de los Arrighi asesinó a un Buondelmonte (otro linaje noble), que al parecer había ultrajado a Oddo Arrighi. Los Arrighi reclamaron la protección del rey Federico II a pesar de que (o quizá por eso) entonces Florencia en su conjunto seguía siendo partidaria del recién derrocado Otón el Welfo.

Fue en esa época cuando empezaron a circular los nombres de güelfos y gibelinos, para referirse a los dos bandos, a los dos partidos enfrentados de la nobleza local, florentina. Pronto, esas denominaciones y la propia querella se extendió por toda Italia, azuzada por Federico II y los sucesivos papas (o sea, por el combate entre el papado y el Imperio): así el litigio adquirió tintes ideológicos.

¿Qué defendían güelfos y gibelinos?

En efecto, los güelfos se declaraban partidarios del poder terrenal de la Iglesia, los gibelinos se decían defensores de la empresa imperial. Esto era así porque históricamente los reyes Hohenstaufen, como Federico II, habían mostrado mayor entusiasmo a la hora de recoger el sueño unitario del Imperio Romano y del propio Carlomagno y de acotar las pretensiones del Vaticano.

Federico II (emperador entre 1215 y 1250) fue de hecho el último emperador con pretensiones universales. Tras su desaparición no sólo Europa, sino la misma Germania, se disgregaría de manera irreversible (¡hasta 700 años más tarde!). En cambio, güelfos y gibelinos se siguieron enfrentando y su influencia internacional, como partidos capaces de influir en reinos y ducados de todo el Occidente, creció al menos durante casi un siglo.