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El apartheid en Sudáfrica, Mandela e Invictus

Hoy se me viene a la cabeza el problema, quizás demasiado reciente, del apartheid en Sudáfrica motivado por el próximo estreno de la película Invictus en España el 29 de enero. Una película histórica más, diréis, pero de una historia que a más de uno puede resultar sorprendente y muy significativa de una cruenta y tensa época que se vivió en aquel país no hace demasiados años, en el 1995.

Pero remontemos un poco en la reciente Historia. El apartheid fue un sistema político utilizado en Sudafrica para jerarquizar su sociedad, dividiéndola y separándola por razas, de tal modo que la preponderancia siempre la tenían los blancos. Mediante aquella política, sobre todo los negros, quedaron marginados a vivir en pequeñas zonas de las que apenas podían salir, restringiendo al mínimo todos sus derechos humanos y sociales.

Desde sus comienzos oficiales, en el año 1944, aquel estadio político fue reforzándose año tras año al mismo tiempo que iba sufriendo el rechazo de la comunidad internacional, quien incluso llegó a sancionar y embargar a Sudáfrica en el año 1977 y a sufrir sanciones económicas de la ONU en 1985. Sin embargo, la presidencia de De Klerk, en el año 1991 fue importante para las negociaciones entre las diferentes etnias del país con el claro objetivo de finalizar con aquellas diferencias raciales.

En junio de 1991 se dio oficialmente por finalizado el apartheid mientras la raza negra recuperaba sus privilegios. Sin embargo, los resquicios de tantos años de desavenencias entre unos y otros no se olvidan tan fácilmente, y aunque ne menor medida, lo cierto es que a pie de calle seguían existiendo tensiones y luchas que mantenían aun viva la llama que separaba y dividía a todo un país.

Fue en ese contexto cuando apareció la enorme figura de Nelson Mandela, uno de los grandes personajes históricos del siglo XX. Su historia consagrada en años anteriores que le había costado años de cárcel en el país por su lucha en la defensa de la igualdad y los derechos humanos bien le valen ese galardón que además se vio simbolizado en el Premio Nobel de la Paz.

Era normal que Mandela consiguiera al fin llegar a ser presidente de aquel convulso país. Y con él llegó la esperanza.

Llegamos así al año 1995, el año en que Sudáfrica se encargó de organizar el Mundial de Rugby. Y es ahí donde se fija la historia de esta Invictus, la última película dirigida por Clint Eastwood y protagonizada por Morgan Freeman y Matt Damon.

Mandela, al que interpreta Freeman, vio en aquella selección la sudafricana, el factor clave para unir a todo un país. El deporte como símbolo de la unión. Siempre se ha dicho eso del espíritu olímpico. Tenía que conseguirlo, hacer aflorar el sentimiento patrio en la lucha por una victoria internacional que fuera algo más que una simple victoria deportiva.

Y de tal modo consiguió insuflar ese espíritu en aquellos jugadores, que una selección que no era ni mucho menos favorita, consiguió llegar a la gran final del Mundial. Y aquella gran final, histórica para ellos, se convirtió en el momento clave, en el instante en que todo cambió para Sudáfrica.

Os aconsejo ver la película. Ya no es sólo por su historia ( un pedacito de la historia reciente de este mundo que nos ha tocado vivir) sino por sus geniales actores y por la maestría de su director, un Eastwood capaz de arrancar los más profundos sentimientos de los espectadores de sus películas.