Cuando el 27 de mayo de 1905 Alfonso XIII inició su viaje a Francia e Inglaterra, nada hacía presagiar que hubiera acontecimientos tan importantes como los sucedidos en los días siguientes. Apenas unos días después, el 31 de mayo, hubo un atentado contra su persona en las calles de París al paso de su carruaje, pero el hecho más importante sería el acaecido durante la cena oficial de su recepción en el Palacio de Buckingham en Londres el el día 5 de junio.
Alfonso conoce a Victoria Eugenia
Eduardo VII, rey de Inglaterra, ofreció una cena en su honor en uno de sus salones. Con toda la corte y el boato oficial, Alfonso XIII fue sentado entre la reina Alejandra y la princesa Elena, hermana del rey inglés. Dada la sordera de la reina inglesa, Alfonso se dedicó a hablar mayormente con la princesa Elena, y fue en una de esas conversaciones cuando, fijándose en una bella princesa rubia sentada al otro extremo de la mesa, tuvo a bien preguntarle a la princesa inglesa.
Ésta le respondío que la joven belleza era Ena de Battenberg, su sobrina, hija de Beatriz y Enrique de Battenberg. Cuando le volvió a preguntar, Elena le respondió que Ena era el apelativo cariñoso con el que la conocían familiarmente, pero que su verdadero nombre era Victoria Eugenia.
Curiosamente, la favorita de la corte española para acceder al trono como esposa de Alfonso XIII era otra joven también sobrina del soberano inglés, Victoria Patricia, hija de los duques de Connaught, pero pronto se vio que ésta apenas tenía interés y por otro lado, desde la noche de la cena, los ojos y probablemente el corazón del joven rey español, se quedaron fijados en aquella joven del fondo de la mesa.
Durante los siguientes días, continuaron las galas y actos diplomáticos en torno a la figura del Rey: exhibiciones de ejercicios militares, un gran banquete, e incluso una representación en la que actuó el mítico Caruso cantando la Boheme y el Rigoletto. Los jovenes apenas podían cruzar poco más que algunas miradas y escasas palabras. En torno a ellos, la aristocracia británica se arremolinaba, los fastuos, y el lujo en Palacio, y el cariño de los ingleses en las calles no daban tregua al monarca español.
Las visitas al Albert Memorial en Hyde Park, al Ranelagh Club para jugar al polo, a Aspely House, para un té en casa de los duques de Wellington, o a la Torre de Londres; la velada en el Covent Garden con la obra Romeo y Julieta… todo parecía impedir un encuentro entre Alfonso y Ena, y sin embargo, en apenas dos días, los rumores comenzaron a surgir entre los círculos aristocráticos. Quien más y quien menos se había dado cuenta de que siempre que era posible intentaban cruzarse en los pasillos y apenas, atosigados por sus respectivos labor diplomática, podían hablar, hasta que al fin, el último día de la estancia de Alfonso XIII en Londres, y en la última cena de gala celebrada en Buckingham, ambos jovenes consiguieron escaparse y charlar un buen rato en privado. Tenían apenas 18 y 19 años respectivamente.
La historia de un flechazo
Lo cierto es que desde aquel encuentro, ya jamás volvieron a perder contacto. A su vuelta a España, Alfonso XIII enviaba a Ena tarjetas postales, conocedor aquél de la afición de ésta a coleccionarlas.
Casi a diario Alfonso hacía llegar una a Londres. Fueron postales sinceras, y cada vez más afectuosas. Un cuento perfecto en el que se puede leer como poco a poco el añor fue creciendo entre ambos. El 8 de enero de 1906, Ena escribía a Alfonso:
«Antes disfrutaba de un sueño perfecto, pero ahora esa tranquilidad se ha acabado y te aseguro que este insomnio es debido a la felicidad que me proporcionan tus tarjetas. Es una gran dicha pensar que pronto nos veremos. Dios te bendiga, querido mío, y piensa en tu amante Ena»
Boda de Alfonso XIII
Poco después se formalizarían los votos matrimoniales. La boda de Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg se celebraría el 31 de mayo de 1906 en la Iglesia de los Jerónimos de Madrid.
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