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Los Judíos y el origen de la Inquisición en España

Los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, crearon la Inquisición para poner fin a la dominación económica y espiritual que los judíos tenían sobre España. Y es que durante siglos, antes de la Inquisición española, los judíos se sentían en España mejor que en cualquier otro país europeo. De hecho, durante la Reconquista, los judíos gozaban de muchos privilegios y ocupaban altos cargos en los tribunales de Castilla y Aragón. En el siglo XIII los judíos formaban una quinta parte de la población de España, habiendo formado una nación dentro de otra nación, sin amenaza de persecuciones ni destrucciones.

Los judíos tenían su propia lengua, practicaban su propia religión y un sistema penal diferente, pero no por ello no vivían en paz con las comunidades cristianas. La población judía era parte integrante de la economía española en el siglo XV. Los judíos trabajaban como administradores, recaudadores de impuestos o diplomáticos al servicio de un gran señor cristiano.

Sus habilidades y experiencias les hicieron controlar los comercios de las telas, muebles, ropas y joyas. También se beneficiaron enormemente de lo que se conocía como la usura, el préstamo de dinero a cambio de un precio, una práctica que a los católicos se les prohibía realizar.

La inmensa riqueza y el éxito económico que iban adquiriendo los judíos empezó a convertirse en una preocupación creciente para los reyes Isabel y Fernando en el siglo XV. El gran número de judíos y el poder económico que tenían en España constituía una amenaza para el poder de los Reyes Católicos. Estos factores, junto con el deseo de los monarcas de unificar España bajo su imperio, es lo que motivó a establecer la Inquisición en la década de 1480.

Los reyes no vieron la dominación económica de los judiós como la única amenaza para el cristianismo. El judaísmo, la religión que practicaban, se planteaba como la principal amenaza hacia el catolicismo. Los conversos, judíos que se habían convertido al cristianismo, planteaban serios problemas a los cristianos, ya que éstos los consideraban como judaistas.

Durante miles de años los cristianos han odiado a los judíos, ya que los creían responsables de la crucifixión de Cristo. En consecuencia, los cristianos no confiaban en cualquier judío, por lo que las sospechas hacia los conversos eran evidentes. En la época se creía que la gran mayoría de los conversos practicaba el judaísmo en secreto, y mucho peor, que con ello, influenciaban en la comunidad cristiana. Es cierto que muchos conversos practicaban la religión judaica en secreto, aunque muchos de ellos siguieron fieles a la tradición cristiana.

La propuesta para la creación de la Inquisición vino por parte de Alonso de Ojeda, Prior de los Dominicos de Sevilla y asesor leal de la reina Isabel. Su ardiente deseo de purificar el país le instó a hacer algo al respecto, ante el temor del crecimiento del judaismo entre la población. Ojeda hizo hincapié en la hipocresía de los judíos, sobre todo en los conversos, y los acusó de mentirosos ante la Santa Madre Iglesia, manchando los preceptos sagrados del cristianismo.

Ojeda pidió que no sólamente fueran castigados, sino que se estableciera, en 1478, el Santo Oficio de la Inquisición. Los Reyes Católicos nombraron a Tomás de Torquemada, un monje rico, como Gran Inquisidor. Su tarea consistía en liberar a España de todas las herejías. La Inquisición en España perseveró incluso mucho tiempo después de la expulsión de los judíos en 1492. El Santo Oficio de la Inquisición no fue abolido hasta 1834.