Ataúlfo, rey de los visigodos

Ataulfo

Tras la muerte de Alarico I, el sucesor elegido por los visigodos fue su primo y cuñado Ataúlfo, hijo de Atanarico II y que reinó sobre los visigodos entre los años 410 y 415.

Poco o apenas nada es lo que se sabe a ciencia cierta de sus dos primeros años de su reinado, salvo que desde el principio de su reinado ya compartía con Alarico la idea de conquistar el Imperio Romano para su pueblo. Pero pese a que Roma se encontraba en una situación de extrema debilidad, las cosas tampoco eran favorables para Ataúlfo y su mermado ejército y se vio obligado a pactar con el emperador Honorio una retirada honrosa de la Península Itálica.

Honorio prometió tierras en el sur de las Galias y también suministros, así como el reconocimiento de los visigodos como pueblo federado de Roma a cambio de devolver a Gala Placidia (rehén de los visigodos y hermana de Honorio) y de su ayuda para luchar contra el britano Constantino y el galo Jovino, principales amenazas para la presencia romana en la región. Entre el 411 y el 412 Ataúlfo ayudó al general romano Constancio a mantener el dominio del Imperio sobre las Galias. Mientras Constancio logró vencer a Constantino, Ataúlfo hizo lo mismo con Jovino, restableciendo el dominio romano sobre las Galias.

Cumplida su parte del trato, salvo la de entregar a Gala Placidia a Roma, Ataúlfo exige a Honorio que le otorgue las tierras y los suministros prometidos, pero Honorio no pudo organizar el envío de víveres y Ataúlfo se negó a entregar a su rehén, entonces pretendida por el general Constancio. Lo más probable es que Ataúlfo se hubiese enamorado de Gala Placidia antes de abandonar la Península Itálica. Los que fueran compañeros de armas se enfrentaron por una mujer, y pronto Constancio pidió a Honorio recuperar a Gala por la fuerza ya que resultaba un descrédito para Roma que una princesa estuviese contra su voluntad en manos de bárbaros. Este fue el desencadenante de una nueva guerra entre romanos y visigodos.

El primer objetivo de Ataúlfo fue la ciudad de Marsella, lugar donde esperaba conseguir alimento para sus cada sus tropas, pero la férrea defensa de los marselleses bajo el mando de Bonifacio culminó con la derrota de las huestes visigodas, e incluso el propio Ataúlfo resultó herido. En lamentables condiciones partieron hacia el Oeste, conquistando a su paso las ciudades de Narbona, Burdeos y Tolosa entre otras. A finales del año 413 ya dominaban las regiones de Aquitania, Novempopulania y Narbonense. La balanza volvía a equilibrarse del lado de Ataúlfo.

El siguiente paso que dio el rey visigodo fue el de contraer matrimonio con Gala Placidia durante el año 414 en Narbona, uniendo a visigodos y romanos en un contrato de sangre, del que el principal beneficiario sería el propio Ataúlfo. Esta noticia encendió la cólera de Honorio y del celoso Constancio, y el emperador romano decidió prometer la mano de su hermana al general a cambio de que expulsara a los visigodos de las Galias. Constancio reunió a un número considerable de tropas, entre las que se encontraban algunas tribus procedentes de Rhin y se lanzó a la caza de los visigodos, quienes no tuvieron más salida que retroceder cruzando los Pirineos hasta Barcino (la actual Barcelona), ciudad que arrebataron a los vándalos. Este fue el germen de 300 años de presencia visigoda en Hispania.

La victoria militar de Constancio fue aplastante pese a lo cual no logró recuperar a Gala Placidia, entonces embarazada, pero sí que logró frenar los planes de Ataúlfo de erigirse como gobernante legítimo de Roma. No en vano el hijo de Gala Placidia con el rey visigodo era nieto del propio Teodosio, y por sus venas habría de correr sangre de reyes y emperadores. Este hijo nació a principios del año 415 y fue bautizado como Teodorico, pero desgraciadamente no llegó a cumplir el segundo mes de vida y falleció por causas desconocidas. El pequeño Teodorico fue enterrado en un féretro de plata en la catedral de Barcino.

Ataúlfo decidió cambiar el rumbo y empezó a plantearse la regencia sobre Hispania, lo que suponía expulsar a suevos, alanos y vándalos, pero ya no contaba con la confianza de su pueblo tras tantas derrotas y por considerar que su amor por la princesa romana le cegaba. En estas circunstancias se comenzó a gestar el asesinato del monarca y aunque no se sabe a ciencia cierta quien fue su responsable último, quien empuñó el fatídico puñal que terminó con su vida fue un esclavo de pequeña estatura llamado Dubius, acostumbrado a sufrir las burlas de Ataúlfo. Algunos apuntan hacia los nobles visigodos perjudicados por las políticas de Ataúlfo y Alarico, otros a un amante de Gala Placidia llamado Eberwulfo y otros a los seguidores del general Saro, ejecutado por Ataúlfo en persona y que habían pasado a formar parte de los ejércitos visigodos tras la muerte de su líder.

La última voluntad de Ataúlfo antes de morir fue el ser sucedido por Walia, su hermano, pero al poco tiempo los nobles pondrían a Sigerico como su candidato a ostentar la corona visigoda.

Publicado en: Edad Antigua, Historia de España

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