Roger de Flor y los Almogávares

Almogavares

Los almogávares (almogàvers en catalán) fueron un bravo contingente de guerreros de infantería originarios del Reino de Aragón que nacieron como simples saqueadores, y terminaron por convertirse en lo más temidos y admirados mercenarios en la Europa de los siglos XIII y XIV. Reclutados en las poblaciones de los Pirineos y de la sierra de Albacarrín eran principalmente gentes dedicadas a la agricultura que combatían por el botín que arrebataban a los sarracenos, ganándose pronto la fama de despiadados. Con el paso del tiempo los criterios de reclutamiento se ampliaron, llegando a incluir hombres provenientes de toda la Península Ibérica y también de Sicilia, Calabria, Grecia o Turquía.

Su nombre proviene de la palabra árabe “Al-mugawir“, que se puede traducir como “incursor”, y en principio sólo hacían presa en los árabes (quienes les bautizaron), utilizando armas y armaduras ligeras, luciendo pobladas barbas y melenas sabían moverse como nadie en la guerra de guerrillas, haciendo gala también de una gran capacidad para cambiar de táctica en función del combate al que se enfrentasen. Utilizaban el coltell, una suerte de espada larga, azconas (lanzas cortas de madera) y ocasionalmente se protegían con rodelas, unos escudos redondeados de madera.

Siempre llevaban la misma indumentaria, tanto en verano como en invierno y tenían una peculiar forma de infundir temor en el enemigo, hacer chocar rocas de pedernal contra las hojas de sus espadas para producir chispas al grito de “desperta ferro” (despierta hierro) o también “Per Sant Jordi i Aragó, matem, matem!” (por San Jorge y Aragón, matemos, matemos). Esta fuerza de combate compuesta por unos 15.000 hombres pasó de la rapiña y el saqueo a ser mercenarios debido a la creciente escasez de botín, siendo Pedro III de Aragón el primero en contratar sus servicios y pasando a ser conocidos como la Gran Compañía Catalana.

Por otra parte, Roger de Flor nació en la ciudad italiana de Brindisi en el año 1266, caballero  y miembro destacado de la Orden del Temple de la que fue expulsado bajo acusación de apropiación indebida de los tesoros de la orden al caer finalmente San Juan de Acre en 1291. Como contrapunto se hizo famoso por la entrega y el valor demostrados en la fallida última defensa de la ciudad. Tras su expulsión solicitó asilo como mercenario al rey Federico II de Sicilia, hijo de Pedro III de Aragón, quien le acogió en su corte y le nombró caudillo de la Gran Compañía Catalana de los temidos almogávares. La primera prueba de su pericia y arrojo como comandante fue la exitosa defensa de la ciudad de Mesina en el año 1302.

En el año 1303 y después de firmarse el Tratado de Caltabellota por el cual se ponía fin al conflicto entre Federico II de Sicilia y Carlos II de Anjou, y Roger de Flor es reclutado por el emperador del Imperio Bizantino Andrónico II para luchar contra los avances turcos. La Gran Compañía Catalana contaba con 4.000 soldados de infantería ligera, 1.500 de caballería y 39 barcos y lograron hacer retroceder a los turcos hasta el Monte Tauro y Cilicia y conquistar Filadelfia, Éfeso, Constantinopla y Magnesia durante el año 1304.

La mayor parte de las batallas que ganaron fue en inferioridad numérica, algo que alimentó su leyenda de invencibles en la guerra, siendo especialmente notable una de las batallas en las que 8.000 almogávares vencieron a un ejército de 30.000 genízaros turcos, que perdieron casi dos tercios de sus tropas antes de retirarse. También lograron una gran victoria sobre los alanos provenientes del Mar Negro y estas victorias le valieron el título nobiliario de megaduque, el cuarto en importancia dentro de la jerarquía bizantina, y la mano de la hija del zar de Bulgaria. Gracias a que frenó las ambiciones turcas de invasión por varios años Roger de Flor fue coronado como César del Imperio Bizantino y se le otorgaron tierras en Asia Menor.

Pero la fama de los almogávares se extendía también en otras direcciones siendo interpretados sus excesos con los vencidos y con la población griega como serias amenazas, mientras que la figura de Roger de Flor era vista también como la de un hombre cuya ambición no conocía límites y pronto comenzó a ganarse enemigos, entre ellos Miguel IX, hijo de Andrónico II. En uno de los episodios más miserables de la historia, Andrónico II asesinó durante un banquete a cerca de un centenar de jefes almogávares, entre ellos el propio Roger de Flor el 5 de Abril de 1305.

Pero los planes no salieron como Andrónico esperaba y cuando se disponía a terminar con el ejército almogávar no sólo recibió una severísima derrota sino que éstos, bajo el mando de Berenguer de Entenza destruyeron todo a su paso por Tracia y Macedonia, en lo que se denominó la Venganza Catalana.

Publicado en: Edad Media Baja, Historia de España

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1 comentario

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  1. GERMAN RICARDO ORTIZ GONZALEZ dice:

    Hay una semblanza de autor español que identifica a los Almogávares como unos guerrilleros, dándoles la connotación despectiva que hoy le damos como terroristas, ello me deja sin aliento toda vez que la gesta de los Almogávares descrita por Ramón Montaner si lograse ser llevada al cine, sería indudablemente la Ilíada española. Estos Guerreros, son asombrosos. No soy amante a lo español desde la óptica de su idiosincrasia, no profeso su apología, pero el arresto de sus soldados lo respeto y los Almogávares son paradigma que acopio en mi patrimonio belicista. No extremista, ya derecha ora izquierda, ontológicamente: La grandeza de su enseñanzas.

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