Historia del Imperio Bizantino

Imperio Bizantino

Una vez que fallece el emperador Teodosio el Grande en el año 395, el otrora Imperio Romano queda partido en dos mitades. Mientras que el Imperio Romano de Occidente cae ante las constantes agresiones de los visigodos, el Imperio de Oriente logra conservar su integridad y poder a costa de mantener a raya a los ostrogodos durante un siglo más.

El Imperio Romano logra repuntar durante mandato del Emperador Justiniano (entre los años 527 y 565), consiguiendo mantener a raya a los ostrogodos y recuperar su poder en el norte de África, en la península Itálica y en el sur de Hispania, pero a cambio sufrió un importante desgaste económico debido a las campañas militares y al enorme gasto público emprendido por el emperador. Tanto es así que al fallecer Justiniano, las arcas del imperio estaban bajo mínimos, algo que impidió a la ciudad de Bizancio conservar su dominio sobre las provincias reconquistadas en Occidente y defenderse de persas, búlgaros y eslavos.

A pesar de que los gobernantes de Constantinopla continuaron considerándose como Emperadores (Basileus), en la práctica su poder real se limitaba al Imperio oriental, mientras que la cultura griega calaba cada vez más hondo entre sus instituciones de gobierno, así como en el lenguaje de sus súbditos, y el latín fue reemplazado por el griego como lengua del imperio durante el siglo VII y abrazó el Cristianismo como religión oficial, aunque con algunas diferencias respecto a la práctica en Occidente. Durante el año 620 se instaura el griego como la lengua oficial, en detrimento del latín oficial del Imperio de Occidente.

La denominación de Imperio Bizantino hace alusión al Imperio Romano de Oriente durante la Edad Media, periodo en que su capital se encontraba en Bizancio (posteriormente llamada Constantinopla y actualmente Estambul). Su religión oficial fue el Cristianismo y su cultura estaba profundamente marcada pos las corrientes helenísticas, que llegó a abarcar prácticamente la totalidad del Mediterráneo oriental en su época de mayor esplendor.

Si bien no se puede fechar con exactitud el comienzo del Imperio Bizantino, muchos historiadores coinciden en datarlo junto con la fundación de Constantinopla en el año 330, aunque otros tantos prefieren marcar la muerte de Teodosio (en el 395) como punto de partida.

La decadencia llegó con el continuo desgaste provocado por las luchas internas entre los Iconódulos y los Iconoclastas, conflicto provocado por la decisión del emperador León III (680-741) de prohibir cualquier imagen o representación de Cristo, así como de los apóstoles o de cualquier santo. A este conflicto se pondría punto y final durante el Concilio de Nicea, celebrado en el año 787, cuarenta años tras el fallecimiento de León III.

Las frecuentes incursiones de los búlgaros, eslavos desde el Este, de los Persas en Siria, Egipto y Asia Menor y la expansión musulmana desde la Península Arábiga supusieron un importante desgaste para a un imperio cada vez más debilitado. Desde la derrota en la batalla de Mazinkert (en el año 1024), que enfrentó a las tropas bizantinas de Romano IV y a los turcos de Arslán, el Imperio Bizantino entró en su última etapa de decadencia.

El punto y final lo encontramos en el año 1453, cuando Constantinopla cae bajo el yugo de los turcos otomanos bajo el mando de Mehmet II y es derrocado el último de sus emperadores, Constantino XI. A partir de entonces pasaría a ser denominado como el Imperio Turco Otomano, y aunque el imperio terminó por desintegrarse el sentimiento de unidad del pueblo tardó muchos años en diluirse.

Publicado en: Edad Media Alta

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