Singer y las agujas letales

Singer

Poco podían sospechar los operarios de la fábrica de máquinas de coser Singer, ubicada en la inglesa ciudad de Bristol, que el 23 de Diciembre del año 1941 y durante la Segunda Guerra Mundial recibirían quizá el más extraño de los encargos de material de su historia.

La carta recibida llevaba como remitente al Centro de Investigación del Ministerio de la Guerra (en Porton down), y en ella se pedía a la fábrica de máquinas de coser y recambios que se les suministrase una importante cantidad de agujas, pero con algunos cambios en su forma que implicaban motivos que nada tenían que ver con la moda o el buen vestir. La idea del Ministerio de la Guerra era convertir las agujas en armas mortales pero no destructivas, al dotarlas en su punta de una dosis letal de antrax.

La respuesta de la fábrica de Singer sólo se hizo esperar un día, y su contestación a las autoridades militares fue que no estaba seguros de la finalidad de tal petición, pero que podían intuir que no se trataba de nada bueno. Pese a ello, accedieron a fabricar las agujas de punta hueca para el proyecto, en el que estaban implicados tanto británicos como estadounidenses y canadienses.

Estas agujas poseían una pequeña pero letal cantidad de antrax protegida por un tapón de cera y algodón, y un sistema para que el veneno fuese inyectado al clavarse en la carne. Se realizaron diversas pruebas con bombas que al estallar desprendían miles de estas agujas envenenadas, tanto con animales como en combate real, mostrando que si una persona recibía una de estas inyecciones y no se la quitaba en menos de 30 segundos, moriría al cabo de poco más de media hora en medio de terribles espasmos y convulsiones. Y aun en el caso de quitarla a tiempo, en unos 5 minutos el soldado quedaría incapacitado para seguir combatiendo debido a un colapso general.

Finalmente y pese al éxito de las pruebas, las agujas letales fueron descartadas como arma debido a lo fácil que resultaba protegerse de ellas simplemente con ponerse a cubierto, así que la carrera continuó por los derroteros clásicos, las bombas y los explosivos de los que no hay forma de protegerse.

Foto vía: silkmothsewing

Publicado en: Curiosidades de la Historia, Edad Contemporanea

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