Alarico I, rey de los Visigodos

Alarico I

A mediados del siglo IV el poder de la otrora todopoderosa Roma presentaba una debilidad manifiesta y fue Alarico I, considerado como el primer gran rey de los visigodos, el encargado de asestar el golpe de gracia a la decadente potencia latina. Pese a que los visigodos pertenecían a las tribus germánicas que los romanos tachaban de salvajes y bárbaras, lo cierto es que fueron los más civilizados entre sus congéneres aunque sin renunciar a sus orígenes guerreros. Alarico nació en en el año 370 en la isla de Perice, situada en el Delta del Danubio, lugar en el que se asentaban los baltingos (llamados así en honor a Baltha, uno de sus grandes jefes tribales).

Para ponernos en antecedentes diremos que su expansión había comenzado sobre el año 50 aproximadamente, y que al llegar al continente se dividieron en tres grupos principales llamados greutungos (de las piedras), tervingos (de los bosques) y visos (de las praderas), que luego fueron absorbidos por los gauti o gautas (de donde proviene la palabra “godo”). Este gran grupo se dividió en dos: Ostrogodos (o godos orientales) y Visigodos (godos occidentales), y fueron los visigodos quienes primero se toparon con los romanos.

Durante el siglo IV fueron muchos los conflictos entre romanos y visigodos, llegando a firmar un pacto en el año 332 por el que Constantino otorgaba a estos bárbaros el título de “Federados” iniciando una amistad tan frágil como inestable, pero que de momento beneficiaba a ambos. Además, el contacto entre ambas culturas hizo que el cristianismo arriano fuese adoptado por los godos, gracias a la labor del obispo godo Ulfilas, quien tradujo la Biblia al lenguaje nórdico. El Cristianismo estaría presente entre los visigodos hasta el Segundo Concilio de Toledo, celebrado en el año 589.

Alarico fue coronado rey de los visgodos en el año 395, en un tiempo en que la mayoría de tribus habían abrazado el Cristianismo y en que el Imperio de Roma se había partido en dos. Curiosamente, en este año fatídico para Roma también nacía el futuro azote de las praderas, Atila el huno. Las otrora poderosas legiones romanas estaban tan diluidas por la presencia de mercenarios y civiles alistados con prisas que poco podían presumir ya de su esplendor guerrero de antaño, además muchos de sus generales y oficiales eran de origen godo.

El fallecimiento de Teodosio en el 395 y el reparto del Imperio entre sus hijos Arcadio y Honorio, quienes decidieron no pagar a Alarico I sus servicios por la guerra recientemente librada contra las tropas paganas de Eugenio, supuso el punto de inflexión para el pueblo visigodo. Alarico I fue proclamado rey de los visigodos al método tradicional, por aclamación popular, dando comienzo a la dinastía baltinga, y decidió buscar un nuevo sentido a la existencia de su pueblo y decidió marchar con su ejército en dirección a la mismísima Roma. Alarico I confesó en varias ocasiones que escuchaba voces en sueños decirle: “Intraris in urbem” (entrarás en la ciudad), y que aunque profesaba la fe cristiana se veía a sí mismo empujado por un demonio a entrar en Roma y destruirla.

Alarico I atravesó Macedonia, Tracia (por el célebre Paso de las Termópilas), Fócida, Beocia, Atenas, Corinto, Esparta, Argos y Megara y otras muchas ciudades a su paso, saqueando e incendiando algunas y cobrando ominosos “impuestos” a otros, encontrando la primera línea de resistencia romana a escasos kilómetros de Constantinopla.

Alarico tuvo que retroceder ante las tropas del general romano Estilicón, pero el emperador decidió ofrecer un pago en tierras a los visigodos con la esperanza de que abandonasen su plan de atacar Roma y Alarico aceptó ser el gobernador de Iliria, en los límites entre los imperios de Oriente y Occidente. Allí pasó un tiempo bajo la vigilancia del propio Estilicón, pero poco después y ante la ausencia de su vigilante decidió embarcarse en una nueva campaña militar.

En el año 400 Alarico I vuelve a entrar con sus tropas en la Península Itálica y avanza imparable en dirección a Roma, pero dos años más tarde Estilicón logra derrotarlo en la batalla de Polenza y Alarico escapa con una pequeña parte de su ejército vadeando el río Po, siendo perseguidos y alcanzados en las proximidades de Verona. Estilicón volvió a derrotar a Alarico pero en lugar de ejecutarle le permitió escapar de Italia tras cobrarle una importante cantidad de oro. La doble derrota de los visigodos fue conmemorada con un Arco de Triunfo erigido en el año 404.

El emperador Honorio deseaba reunificar de nuevo ambos imperios, aunque ello significase luchar contra su hermano Arcadio, así que buscó la ayuda de su antiguo enemigo Alarico contando con la aprobación de Estilicón, testigo personal del ímpetu belicoso del rey visigodo. Pero mientras se hacían los preparativos para esta campaña se produjo un hecho que lo cambiaría todo, la inesperada muerte de Arcadio. Honorio ordena a Estilicón y Alarico que detengan la campaña militar, pero debe pagar a los visigodos los 1.814 kg de oro acordados por el trabajo, algo que Estilicón estima muy conveniente para evitar problemas con Alarico.

El emperador romano comete dos errores muy graves, en primer lugar ejecuta a Estilicón a las puertas de una iglesia en agosto del 408 y después decide no pagar a Alarico, creyendo que ambos estaban confabulados contra él. Esto desencadenó un hecho sin precedentes, que 30.000 soldados que habían servido bajo el mando de Estilicón se pasaran a las filas de los visigodos. Alarico comienza una tercera marcha hacia Roma pero esta vez y gracias a Honorio ya no habrá un brillante general para detenerle y en pocas semanas logra alcanzar las murallas de la ciudad.

En esta ocasión Alarico exige a los romanos 5.000 libras de oro, 30.000 de plata, 3.000 de pimienta y 4.000 piezas de seda que le son pagadas inmediatamente. Luego pone rumbo a Rávena, donde se encontraba entonces la capital administrativa de Roma y el propio Honorio, con quien negocia el pago de nuevas tierras pero vuelve a recibir el desprecio del emperador, quien prolonga innecesariamente las negociaciones y entonces decide regresar a Roma, esta vez para arrasarla.

El 24 de Agosto del año 410 los visigodos entran en Roma por la puerta Salaria (al nordeste) con órdenes de saquear todo excepto las iglesias cristianas, amén de respetar los monumentos más importantes dada su fe cristiana y su gusto por el arte. Durante seis días y seis noches duró el saqueo, acompañado de asesinatos, incendios y torturas, tras los cuales Alarico decidió continuar su marcha hacia el sur. Entre los objetos de valor que se llevó de Roma se encontraba nada menos que la mesa del rey Salomón.

Alarico planeaba llegar hasta Brindisi con intención de viajar luego hasta Sicilia, donde podrían fletar una armada suficientemente poderosa y viajar a las tierras del norte de África, de donde provenían la mayor parte de las cosechas de grano de Roma. Bajo su mando marchaban soldados de diversos orígenes, esclavos y rehenes capturados en diferentes lugares, y entre ellos se encontraba Gala Placidia, la hija de Teodosio y hermana de Arcadio y Honorio, con la que pensaba obtener ventajas a la hora de negociar en un futuro. Atravesando y arrasando ciudades como Campania, Apulia o Calabria, los visigodos finalmente llegan a Cosenza, la última ciudad que vieron los ojos de Alarico.

Primero una terrible tempestad hundió la mayor parte de la flota que le esperaba en Sicilia, y luego Alarico falleció en medio de fiebres y convulsiones en Cosenza, posiblemente víctima de la malaria, poniendo así punto y final a sus planes de llegar a África. Los visigodos entierran su cuerpo en algún lugar bajo el cauce del río Busento, río que miles de esclavos tuvieron que desviar para cavar la tumba y volver a encauzar después de enterrarle, y cuyo supuesto lugar marca el llamado Puente de Alarico. Tras la obra y para conservar el secreto del emplazamiento se ejecutó a los esclavos que la habían cavado. Los visigodos eligieron a Ataúlfo, cuñado de Alarico, como rey sucesor y emprendieron retirada de la Península Itálica, mientras las tropas de Roma se reagrupaban.

Publicado en: Edad Antigua, Historia de Roma

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