La Guerra de los Mercenarios

Amilcar Barca

Las consecuencias de la Primera Guerra Púnica para la ciudad de origen fenicio de Cartago supusieron mucho más que una derrota militar frente al poder de la incipiente Roma, trajo consigo el declive de la otrora potencia comercial y uno de los episodios bélicos más terribles de la historia, la llamada Guerra de los Mercenarios.

En el año 241 a. C. Cartago había perdido sus posesiones en Sicilia y Cerdeña, además que perder influencia en los principales puertos del Mediterráneo y estar obligados a rendir tributo a Roma. Estas consecuencias se sumaron al hecho de que Cartago había empleado a mercenarios para sostener los 23 años que duró la Primera Guerra Púnica, y 40.000 de estos mercenarios emprendieron el regreso a la ciudad para cobrar sus pagos atrasados de tantos años de servicio, con el genial estratega y comandante militar Amílcar Barca (Barca es un sobrenombre que significa Rayo o Fulgor) a la cabeza.

La ruinosa situación de las arcas del Estado no dejaba mucho margen de maniobra a los senadores cartagineses, quienes asumieron con cierta resignación todas las pérdidas, pero rechazaron el efectuar el justo pago a los mercenarios a riesgo de que se produjese una sublevación, y fue justo eso lo que sucedió. Los mercenarios pusieron bajo asedio la ciudad y los senadores decidieron pedir ayuda su mejor estratega, Amílcar, quien debía responder ante ellos pero que también consideraba injusto el impago a sus aliados en combate durante más de dos décadas.

Amílcar pasó varios días tratando de resolver el problema, considerando por una parte que era culpa de la negligencia de los senadores y por otra que aquello podía suponer el fin de la historia Cartago, barrida por los mismos ejércitos que en otros tiempos le granjearon una posición dominante en el Mediterráneo.

Tristemente el desencadenante de la tragedia llegó pronto, cuando los mercenarios tomaron a 700 ciudadanos cartagineses y tras desmembrarlos a sangre fría los arrojaron a una zanja para a continuación enterrarlos vivos. Amílcar contempló la horrible escena y sin pensarlo más decidió tomar partido por Cartago y terminar con los mercenarios aunque eso le llevase la vida.

El ejército de Cartago aun contaba con algunos efectivos y entre ellos y los civiles (incluyendo jóvenes y ancianos) Amílcar logró reunir a unos 10.000 hombres y los preparó como pudo para el combate. Se trataba de una fuerza muy inferior a los experimentados 40.000 que les asediaban, pero eran muy conscientes de que se lo que se jugaban. Amílcar dispuso a sus hombres en un frente sin retaguardia y a base de sucesivas embestidas logró hacer retroceder a los mercenarios hasta un valle cercano donde se refugiaron esperando emprender nuevas negociaciones.

Pero Amílcar ya no contemplaba la posibilidad de negociar, y bloqueó todos los accesos al valle de los mercenarios con la esperanza de derrotarles por desgaste y hambre. Durante varios meses los mercenarios aguantaron su particular asedio, pero a medida que pasaba el tiempo la falta de alimentos les llevó primero a comerse los caballos y finalmente a sus prisioneros y esclavos. Nada menos que tres años resistieron los mercenarios pero los supervivientes finalmente se vieron obligados a salir y cuando lo hicieron Amílcar los ejecutó sin piedad por el asesinato de los indefensos civiles.

La Guerra de los Mercenarios fue el estrepitoso final de la Primera Guerra Púnica, y dejó a Cartago muy necesitada de nuevos territorios, tropas e ingresos, lo que hizo que Amílcar se lanzase a la conquista de la cercana Península Ibérica, desde la que partiría tiempo después su hijo Aníbal Barca con el objetivo de conquistar a su gran enemiga, Roma.

Publicado en: Conflictos belicos, Edad Antigua

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