La batalla de Kursk y la Operación Zitadelle

Batalla de Kursk

Durante la primavera del año 1943, la situación para las tropas alemanas comenzaba a cambiar radicalmente. Tras el fracaso de Rommel y los Afrika Korps en el frente del desierto y el desastre de Stalingrado en el frente oriental, Hitler comenzaba a tomar conciencia del peso militar de los soviéticos. Lejos de amilanarse y con intenciones de alentar la mermada moral de sus tropas, toma la decisión de presentar batalla a los rusos en los alrededores de la ciudad de Kursk (a unos 530 kilómetros de Moscú), en la llamada Operación Zitadelle (Operación Ciudadela), considerada como la más importante de las libradas en el frente oriental y la mayor batalla de blindados de la historia.

Cuando Adolf Hitler comunica a sus generales sus planes para lanzar una gran ofensiva sobre Kursk, la noticia llega a oídos de Stalin gracias a un espía ruso infiltrado en el alto mando alemán. Stalin da comienzo a los preparativos a principios de 1943, cuando las condiciones climáticas y el deshielo permiten el tránsito de material, también pone al mando al Mariscal Zhukov, cuya estrategia favorita (conseguir siempre la superioridad numérica) le había otorgado la fama de no perder jamás un combate. Según recientes investigaciones del historiador militar Miroslav Morózov, es posible que la superioridad rusa en este caso no fuese tan marcada, y que los rusos sólo superaron a los alemanes en unos 100.000 efectivos.

Alrededor de Kursk, los rusos asentaron más 64 divisiones parapetadas en ocho líneas defensivas, además de las dotaciones de blindados y aviones de combate. Durante la madrugada del día 3 de Julio de 1943, los soviéticos capturan a una patrulla de zapadores alemanes que trataban de abrirse camino entre las minas, y tras ser interrogados admiten que al día siguiente (el 4 de julio) lanzarán una ofensiva a las 05:00 horas de la madrugada.

Los soviéticos se preparan colocando su artillería en primera línea, y una hora antes de la hora de ataque de los alemanes, los rusos toman la iniciativa abriendo fuego. Aunque los alemanes son pillados por sorpresa, tardan poco en recuperarse de ello y una hora más tarde el combate comienza a igualarse, un combate que enfrentó a lo mejor de cada ejército. Según los soviéticos, durante ese primer día los alemanes perdieron más de 580 tanques en el campo de batalla y sólo pudieron avanzar 11 kilómetros. Durante los siguientes días, cada metro de avance alemán (tanto por tierra como por aire) será pagado a un precio muy caro.

El punto álgido de la batalla de Kursk llega durante el 12 de Julio de 1943, en la localidad de Prójorovka, donde 600 blindados alemanes se enfrentaron a 900 tanques soviéticos. La orden que recibieron los blindados rusos fue clara y concisa, debían embestir directamente contra las líneas alemanas, y evitar con ello que los Panzar alemanes pudiesen avanzar un solo paso. Los tanques alemanes tuvieron que retroceder finalmente ante la falta de refuerzos y la superioridad numérica del enemigo. Al finalizar el día, 700 tanques quedaron sobre el campo de batalla, miles de hombres y cerca de 400 aviones estrellados o destruidos.

Pese a que los rusos habían perdido el doble de efectivos, 160.000 bajas soviéticas  frente a 70.000 alemanas, lograron conservar Kursk y a partir de este punto sería Stalin quien mantuvo la iniciativa en los siguientes combates. Los generales de Hitler comprendieron que la guerra estaba terminando para ellos, debilitados como estaban en todos los frentes, por lo que Kursk se puede considerar como un punto de inflexión en la Segunda Guerra Mundial, dando paso al principio del fin para los nazis.

Publicado en: Conflictos belicos, Edad Contemporanea

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