El Sitio de Numancia

Sitio de Numancia

A medida que el implacable ejército del Imperio Romano avanzaba en su afán por terminar de conquistar la Península Ibérica, se encuentra con la férrea resistencia de las tribus celtíberas en la ya desaparecida ciudad de Numancia (Soria). El asedio a esta ciudad, que cayó víctima del hambre y la enfermedad, supuso uno de los episodios más vergonzosos y despiadados que ha protagonizado Roma. Escipión, quien estuvo al mando de la campaña fue reprobado después por el Senado, quienes aseguraron que Roma no ganaba así las batallas.

La campaña militar romana que pretendía terminar con la última resistencia por parte de los vacceos comienza en el 153 a.C., y para ello se reúnen cerca de 60.000 hombres con el objetivo de rendir la ciudad de Numancia, así como evitar que ésta pudiese recibir refuerzos durante el ataque. La ciudad estaba situada en la zona donde confluyen los ríos Duero y Tera, a unos 9 km de la actual Soria, y daba cobijo a un0s 8.000 habitantes. Pese a que apenas la mitad de ellos estaban entrenados para la guerra, Escipión decide sitiarla en lugar de asaltarla porque gran parte de las tropas romanas estaban compuestas por celtíberos, y no tenía plena confianza en su reacción una vez dentro de Numancia.

Lo primero que hacen los romanos es levantar una empalizada y un foso, obra que provocó lo primeros ataques de los numantinos aunque éstos no llegaron muy lejos, y poco después comenzó la construcción de una muralla defendida por torres de vigilancia. Cada vez más, los numantinos veían como sus posibilidades de escapar se iban reduciendo a pesar de sus numerosos intentos, sólo Retógenes Caraunios pudo atravesar las casi inexpugnable defensas romanas para pedir ayuda, pero el miedo a la represión de Roma hizo que ninguna ciudad quisiera acudir en ayuda de Numancia. Sólo Lutia acudió en auxilio de Numancia prestando 400 voluntarios, que fueron apresados por los romanos y que sufrieron la amputación de la mano derecha como castigo.

Debido a que los numantinos no contaban con arqueros suficientes, su única posibilidad de supervivencia era presentar batalla en campo abierto, posibilidad que Escipión negaba una vez tras otra. Cuando el agua y los alimentos comenzaron a escasear, el hambre se convierte en el problema principal de los numantinos, quienes ante la prerrogativa de Escipión de rendirse sin condiciones, se ven obligados a recurrir al canibalismo o al suicidio para preservar su dignidad.

Cuando han transcurrido ya 10 meses de asedio, los últimos supervivientes de Numancia abren las puertas de la ciudad y finalmente se rinden ante Escipión, para participar en el desfile conmemorativo en Roma, y ser después vendidos como esclavos. Por su parte, Numancia fue pasto de las llamas, pero no fue ni mucho menos el último episodio de la conquista de Hispania, que se prolongó casi un siglo más, hasta el 19 a. C.

Publicado en: Conflictos belicos, Edad Antigua, Historia de España, Historia de Roma

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