Saladino, el caballero musulmán

Saladino

Para algunos Saladino era el paradigma del caballero árabe medieval, mientras que otros lo consideran un gobernante hábil y con pocos escrúpulos, sea como fuere, se le recuerda como el hombre que logró conquistar Jerusalén y unió bajo su mando al mundo islámico, gestando con sus acciones la Tercera Cruzada.

Su verdadero nombre era Al-Näsir Saläh ad-Dïn Yüsuf ibn Ayyüb, pero en occidente se le conoció simplemente como Saladino. Nacido en el año 1138 en la ciudad de Tikrit, pertenecía a una familia de origen kurdo, que tras la guerra civil iniciada con el asesinato de Zengi, pasaría a sumarse a la causa del vencedor, Nur al-Din. Gracias a su participación, el padre de Saladino es nombrado gobernante en Damasco.

Cuando los cruzados presionaban por el control del califato fatimí de Egipto, tanto el joven Saladino como su tío Shirkuh (que comandaba el ejército musulmán) fueron enviados para su defensa. Su labor tuvo éxito y en el año 1169, Shirkuh queda como gobernador del califato egipcio, quien dejaría su puesto en herencia a Saladino cuando falleció en 1171. Desde ese momento, Saladino dio muestras de una excelente capacidad para el gobierno, pese a que mantenía diferencias con Nur al-Din en cuanto a la legitimidad del mando.

Unos tres años más tarde Nur al-Din fallece, dejando como heredero al poder a su hijo As-Salih Ismail al-Malik, pero debido a la corta edad de éste, Saladino aprovechó la inexperiencia del heredero para tomar el sur de Siria y la ciudad de Damasco, alegando defender los intereses de As-Salih Ismail al-Malik. Poco a poco se fue haciendo con los dominios de As-Salih, quien pronto se vería obligado a exiliarse a la ciudad de Alepo.

Pero esta escalada de Saladino por el poder le granjeó grandes enemigos, que no le consideraban como el legítimo heredero, y entre los que se contaban la famosa Secta de los Asesinos, quienes en varias ocasiones trataron de acabar con su vida. En un intento por obtener legitimidad, o quizá como maniobra política, Saladino se embarca en una campaña contra los cruzados en Tierra Santa, aunque su plan de invadir los territorio ocupados por los cruzados terminaría en fracaso durante la batalla de Montgisard en 1177.

Un o de sus éxitos militares fue la victoria en el Vado de Jacob, donde logró impedir que los cruzados tomasen posiciones a orillas del Jordán, éxito que le granjeó la admiración de muchos. Su siguiente paso adelante sería el fallecimiento de As-Salih, quien dejó este mundo sin un heredero, por lo que Saladino fue nombrado sultán de Egipto y de Siria, esto le valió para afianzarse en una posición que ya ocupaba en la práctica desde hacía años, aun sin el reconocimiento oficial. Para asegurarse este poder, comenzó una guerra contra los dirigentes de Mesopotamia, la dinastía Zengida, a quienes terminó por vencer acrecentando aun más sus dominios.

Desde este momento vuelve a centrar su atención en las Cruzadas, iniciando una nueva ofensiva en el año 1187 que culminaría en una aplastante victoria sobre los cristianos en las colinas de los Cuernos de Hattin, donde todo aquel que no se convirtiese al islam sería degollado en el acto. Ningún caballero, ni Templario ni Hospitalario, aceptó esta premisa. Una vez que conquista Samaria y Galilea, marcha hacia la ciudad santa de Jerusalén, que también caería bajo su dominio.

Pese a que los Caballeros Hospitalarios consiguieron recuperar las ciudades de Jafa y Acre, los cristianos no pudieron recuperar la ciudad de Jerusalén. En el año 1193 fallece en la ciudad de Damasco, dejando como herencia a su hijo Al-Afdal, al mundo islámico unificado bajo una misma bandera.

Publicado en: Edad Media Baja, Personajes históricos

Tags: , , ,

Imprimir Imprimir




Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Top